No es lo típico, o quizá hasta ahora no lo era. Entre cientos de puestos donde probar queso, hay uno diferente que no ha dejado de tener clientes durante todo el fin de semana. No vende productos lácteos ni de la tierra: vende fuet. Mucho fuet. Más concretamente, unas seis mil unidades; o al menos esa es la cantidad que ha traído su responsable para despachar durante las jornadas de Fromago. Y lo está consiguiendo. Sus colas lo reflejan y, quien para a probar, se lleva.
Al frente de este concurrido mostrador está Tony Teñá, maestro charcutero de El Rebost d’Espinelves. A sus espaldas carga con 54 años dedicados íntegramente al oficio tradicional de la chacinería. «Ya lo hacía mi madre y yo lo voy a hacer igualmente», explica Tony con la cercanía de quien lleva toda la vida cara al público.

La presencia de este rincón gerundense en las calles de Zamora tiene un punto de hito personal. Aunque Tony acostumbra a recorrer ferias cada semana por toda Cataluña es la primera vez en sus más de cinco décadas de carrera que cruza la frontera catalana para vender en Castilla y León.
El culpable de este viaje fue un amigo del sector quesero, quien le insistió en que el ambiente y la afluencia de esta cita en Zamora merecían el traslado. Y no falló: la acogida del público zamorano ha superado con creces sus expectativas. «Pensaba que vendería menos, pero la respuesta está siendo muy buena. Casi todo el que prueba, se lo lleva», comenta Tony mientras atiende junto a María, trabajadora del puesto.
En la mesa de El Rebost d’Espinelves están las piezas tradicionales de longaniza a 15 euros y los fuets artesanos que se venden a 5 euros la unidad. La variedad abarca desde el fuet clásico hasta elaboraciones con adobos de pimiento, pimentón o tomate. Sin embargo, hay un claro ganador en el paladar zamorano y no podría ser otro que el fuet de ajo, el gran triunfador de la jornada, impulsado por el arraigo gastronómico que el sabor tiene en esta provincia. No se queda atrás tampoco el fuet de finas hierbas, la segunda especialidad con mayor salida entre los visitantes.
Con el sábado coronado como el día de mayor afluencia hasta el momento y varias cajas de stock todavía disponibles para el cierre del domingo, el balance no puede ser más positivo, cuenta el dueño. Preguntado sobre si contempla volver a recorrer los casi 800 kilómetros que separan el macizo de las Guilleries del río Duero, Tony lo tiene claro: «De aquí a dos años repito seguro». Una declaración de intenciones que demuestra que, en la capital del queso, un buen embutido siempre tendrá su hueco.
