Michele Buster es norteamericana, pero acumula ya más de treinta años trabajando con quesos españoles, italianos y portugueses «de alto nivel». Esos productos «de calidad y autóctonos» llegan de su mano a los mercados estadounidenses. Merced a ese trabajo, esta mujer lleva mucho tiempo viendo de cerca la realidad de las pequeñas ganaderías con las que hace tratos y percibiendo la decadencia de algunas formas de vida asociadas a las empresas familiares del sector. Esa pérdida de los usos tradicionales le generó una inquietud, y esa inquietud la condujo a la creación de un proyecto llamado SalvaPastores: «Se trata de cambiar la imagen de cómo la gente percibe a los productores de leche. El objetivo es que tengan un futuro y una vida duradera», apunta la protagonista.
Buster habla desde un marco obligatorio para quienes, como ella, se dedican a comerciar con quesos españoles: la feria Fromago de Zamora. En el escenario montado en el mirador del Troncoso, esta mujer comparte una charla sobre pastoreo con María Turiño, afincada en Triufé desde hace más de veinte años y miembro de la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo, y con dos hombres dedicados al oficio: Pedro Giner, de la zona de Murcia, y Juan Ocaña, de la parte de Málaga. Todo, moderado por el director de la revista Alimentaria, Fernando Martínez, y en el contexto del Año Internacional del Pastoreo, según la FAO.
Las dos mujeres citadas ponen sobre la mesa, en la charla, los proyectos con los que trabajan en el camino hacia la puesta en valor del oficio. En el caso de SalvaPastores, la idea es «crear cultura y conciencia a través de las voces y los vídeos de pastores y ganaderos que reivindican el papel esencial de la leche y de quienes la producen». «Mediante el diálogo con productores, instituciones y consumidores de diferentes países, compartimos experiencias, propuestas y puntos de vista concretos que vinculan la producción láctea con la conservación del paisaje, la economía circular, el desarrollo del medio rural y un bienestar animal real y verificable», defiende Buster.
En el caso de Turiño, la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo defiende esta actividad como aquella que «configura el paisaje, ayuda a controlar los incendios forestales, regula los ciclos del agua y la calidad del suelo, ayuda a potenciar la biodiversidad y contribuye a conservar el patrimonio cultural y la identidad territorial». En el marco de ese proyecto, además, la mujer afincada en Zamora y el resto de miembros del colectivo han creado un mapa con los proyectos de ganadería extensiva acreditados en España.
En la provincia, hay dos mujeres que forman parte de esos ejemplos de buenas prácticas en el oficio dentro del país: se trata de Almudena Rodríguez, que trabaja con la raza castellana en Granja Biotza (Argañín, Sayago) y de Irene Rodríguez Teixeira, que maneja 90 vacas de raza limusina y mestiza en sus pastos del municipio de Espadañedo, en La Carballeda. «Creo que proyectos como estos son una necesidad para todos los que vivimos en el medio rural. Hablamos de una herramienta con poca huella climática que permite sacar rentabilidad y tener integrada a la gente en el medio rural», explica Turiño, que también tiene algunas cabras, abejas y caballos en la comarca de Sanabria.
En el análisis compartido con Buster, ambas inciden en la necesidad de fomentar un relevo para las ganaderías extensivas: «Si el campo se queda vacío, alguien va a comprar esos terrenos y lo que va a crecer es cemento», augura la norteamericana, mientras la vecina de Triufé remarca la importancia de actuar también desde la parte de los consumidores. Es decir, saber qué producto se adquiere y de dónde procede, y apostar por aquellos que vienen de ganaderías que mantienen el oficio de la forma tradicional.
Desde la óptica de los propios interesados, responsables de ganaderías que se mantienen en extensivo, «el pastoreo es una necesidad para los propios consumidores». Lo dice un hombre llamado Juan Ocaña, de la zona de Málaga, que reivindica «lo sostenible de verdad» en un tiempo en el que «esa palabra está prostituida a tope». El mapa de la plataforma en la que está implicada Turiño aspira a destacar esos proyectos que realmente van por la línea de siempre y defiende la «certificación» de esas ganaderías. También una legislación que las premie y que les dé un carácter exclusivo.
«Si todo sigue así, este es un mundo que cada día se agota un poco más», estima Pedro Giner, ganadero que funciona con la cabra murciano-granadina en el entorno de Lorca. «El relevo puede venir, pero no puede ser de seis a dos, las tardes libres y el sábado y el domingo en casa», advierte el profesional, que demanda que se quede el que se convenza de querer seguir con ese «modo de vida». Según las cifras, no son muchos. Michele Buster aporta un dato en ese sentido: «La media de edad de los pastores a nivel mundial está entre los 55 y los 58 años».
La escuela de pastores
Para la propia norteamericana, «como sociedad, es un fracaso perder un pastor». «Cuando eso pasa, se acaba una producción que se generaba en el país y que luego vamos a tener que ir a buscar fuera», añade Giner. Por abrir una puerta a la esperanza, Turiño habla también de la puesta en marcha de una escuela de pastores a la que llegan solicitudes de gente que aspira a incorporarse al oficio. Incluso, se plantea la posibilidad de crear «un tablón de anuncios» para unir al profesional que necesita un trabajador y al aspirante que se ofrece a serlo.
«Esto también es algo cultural», apostilla Buster al cierre. «Hay que lanzar una campaña publicitaria de verdad para mostrar al mundo quiénes son los pastores y los ganaderos», zanja. En Zamora los hay. Al menos, de momento. Y en Fromago están sus productos.
