Quedan unos minutos para que se quiebre la paz en la Plaza del Lechacito de Fromago, y los cocineros y el resto de los trabajadores ya se preparan para el jaleo. Se espera un mediodía duro y una avalancha vespertina. Sobre todo, con la referencia del jueves, cuando la expectativa era funcionar al trantrán y la realidad dijo que tocaba empujar al ritmo de los días fuertes. Esta zona de San Martín se convirtió, ya en la primera edición de la feria, en el epicentro gastronómico del evento. Desde entonces, a probar se va a los stands, pero a comer de verdad muchos acuden aquí. Por la carne y por todo lo demás.
Para contarlo, conviene hablar un rato con Juan Ignacio Fernández, el responsable de la empresa Picapulpo. Lo que despacha ya se puede intuir por el nombre pero, aparte de las tablas con el octópodo troceado, este hombre también trae lacón y alguna oferta más para la feria. El negocio como tal es gallego y su dueño igual, pero hace treinta años que se afincó en Zamora. Ahora vive en Villaralbo y, desde allí, va de evento en evento con el pulpo y con sus manos para cocinarlo. No podía faltar en Fromago, pues la experiencia de 2024 ya le advertía de un volumen de ventas que tiene arte de crecer en 2026.

«Empezamos ayer – por el jueves – y para ser el primer día ya podemos decir que hemos mejorado en relación a hace dos años. Hay mucha gente, el tiempo acompaña y va a ser un fin de semana muy bueno, muy bueno», advierte Fernández, que reivindica su producto gallego y que asegura que tiene género para todo el que venga. De momento, en el estreno, ya vendió 70 u 80 kilos de pulpo. Y se supone que fue el día más flojo. Lo del viernes y lo del sábado puede ser por demás. Aquí y en toda la feria.
En otra de las zonas de la plaza lo cuentan también quienes le dan nombre a este lugar en Fromago: los de Asovino, los que traen «el lechacito». El diminutivo puede resultar engañoso, pues hablamos, en realidad, de pinchos de medio kilo de carne que van cocinando al ritmo que pueden los asadores llegados de Traspinedo, una localidad vallisoletana donde este plato es religión. Los tipos saben lo que hacen. Y el producto de Zamora no les falla.

A un lado de las brasas, una de las trabajadoras de Asovino, Asun Valdés, ve venir «la avalancha» del fin de semana. «El jueves fue muy fuerte y todavía queda lo mejor», constata esta mujer, que aclara que, en toda la feria, la previsión es despachar unos 1.500 kilos de carne. Es decir, como 3.000 pinchos. Igual, la estimación se queda hasta corta. «Ya ayer nos preguntaban los asadores si hoy era fiesta aquí, por la gente que había», ríe la representante del colectivo, que pone en valor la calidad del lechazo como clave del éxito en Fromago y fuera de él.
Desde luego, en la feria no hay duda: desde la una de la tarde hasta que acaba el turno de comidas y desde las siete de la tarde aproximadamente hasta la medianoche. Pincho tras pincho. Y para acompañarlo, por cierto, barras de la panadería Gavilanes de Bermillo de Sayago. Lo local, aunque no sea queso, tiene un papel indispensable en Fromago.

Croquetas sin gluten y sin lactosa
También la comida accesible para todos, como la que vende en su foodtruck un joven llamado Jorge Díez. Sus croquetas vienen sin gluten y sin lactosa. Para que no haya fallo. Su presencia en la plaza responde, de hecho, a la pertinencia de contar con alternativas de esta índole para todos los públicos. El dueño viene de Salamanca, trabaja también el torrezno de Soria y, como todos, notó en la caja el lleno que se percibió en las calles durante el estreno de Fromago: «Está yendo bastante mejor de lo que pensábamos», concede Díez, que pronto tiene que sumergirse en la faena. Es la una y cuarto del viernes y, casi sin hacer ruido, la gente ya ha ido llenando las mesas. Y sigue quedando lo mejor.

