El verano se agota, pero las ferias siguen. Y con más sentido para los productores de pimientos del Valle del Tera, inmersos ahora en el corazón de la campaña. Por eso, en un fin de semana de septiembre que todavía viene con calores, Elena Peral está a una hora de casa y casi oculta tras una montaña de producto de un color rojo que indica «su punto de maduración óptimo». Esta mujer viene del pueblo de Micereces y explica de forma didáctica lo que trae: «Los pimientos de nuestra zona son, por lo general, bastante grandes y dulces», aclara la vendedora, que señala algún ejemplar entre verdoso y rojizo para subrayar que «mucha gente los quiere tirando a entreverados». De esos despacha bastantes aquí y donde se ponga. Hay mercado para lo suyo.
«También influyen el sabor, la carne gruesa que tienen y el diámetro que presentan en comparación a otras variedades», apunta Peral, que señala que la zona del valle ayuda porque dispone de suelos «aluviales, bastante profundos y que le dan esa cierta dulzura». «A eso hay que sumar la presencia de minerales y también cómo se cultiva el pimiento. Eso cuenta mucho en el sabor», remarca esta mujer de 22 años que sabe de lo que habla por las dos vías de aprendizaje que ha tenido: la primera, con sus padres, productores de toda la vida; la segunda, con su formación como ingeniera agrónoma. Lo vivencial y lo técnico conviven en la cabeza de una mujer que quiere quedarse donde vive.

Lo cuenta ella misma en un sábado de ventas en San Vitero: «Mi historia es muy simple. Mis abuelos ya cultivaban pimientos hace 40 años, mis padres siguieron y ahora nosotras nos hemos aventurado a continuar», repasa Peral, que hace referencia a otra familiar implicada en este proyecto que exige mucho en los meses de verano. «Luego, mis padres lo complementan con otro trabajo aparte, pero quien quiera dedicarse solo al cultivo del pimiento puede hacerlo bastante bien, siempre y cuando disponga de conservas u otras alternativas para funcionar todo el año», asevera la profesional de Micereces, que considera que esta es una actividad «bastante potente a nivel económico».
Eso, Peral lo ha ido descubriendo con el tiempo, aunque su vinculación con el negocio «viene desde pequeñita». Ahora, también toca la parte de la venta en los mercados donde considera que tiene que acudir y en la propia localidad en la que reside. «La gente viene directamente», sostiene la productora de pimientos, que tiene la intención de continuar viviendo en Micereces. Es más, percibe que la riqueza de este cultivo abre una puerta para frenar la espantada que padecen las localidades de su contorna.
Alternativa contra la despoblación
«Hay mucha despoblación en estas zonas y yo invito a que las personas, y sobre todo la gente joven, se inicien en este tipo de cultivos. Hoy en día es una alternativa muy buena para poder asentarse con una producción», recalca Peral. Mientras habla, varias personas se acercan a preguntar por el precio de los pimientos. Y lo que a primera hora era una montaña va mermando a medida que las ventas se concretan.
Lo de producir y vender forma parte de lo aprendido en casa. Ahora, lo que Peral trae de la Universidad podría serle útil «para tratar de mejorar el cultivo y aumentar las producciones». Todo, teniendo en cuenta que «influyen mucho las condiciones meteorológicas, cómo sea el cultivo o las plagas y enfermedades que aparezcan en su desarrollo». «Depende mucho del año y de cómo venga», constata la profesional de Micereces de Tera, que recuerda que la feria principal que les queda por delante, la de Benavente, será a finales de mes. Ahí habrá que hacer otro esfuerzo. «Es el pico máximo», ríe la mujer, antes de volver a atender a los clientes que quieren llenar la bolsa con los rojos y los entreverados.
