El otoño pide paso en Castrelos. Los últimos días de agosto vienen con más frío de la cuenta y con una lluvia que hace correr el agua cuesta abajo por la calle situada al pie de la iglesia. En este anejo de Hermisende, además, hace ya alguna semana que la población vinculada empezó a marcharse, lo que contribuye a espantar el verano. Poco a poco, el panorama que se dibuja es el de los 16 censados de siempre, los que padecen de continuo problemas como los que describe Aitor Castro, uno de los habitantes de todo el año. Este hombre se acerca hasta el local comunitario para charlar sobre lo que les golpea, pero también acerca de las soluciones que ellos mismos han puesto sobre la mesa: «Tenemos muchos cortes de cobertura y el internet es prácticamente inviable. Funciona dos días, luego se tira tres sin hacerlo y va muy lento», señala este miembro de la junta vecinal.
La situación penaliza a Castrelos. En el invierno, por el servicio del que carecen sus residentes; y, en el tiempo bueno, por la imposibilidad de teletrabajar para algunos veraneantes que pasarían más tiempo en la localidad si la conexión fuese distinta. Castro habla de varios casos en concreto de hijos de la tierra que no pueden estirar las vacaciones por culpa de las penurias en el acceso a internet: un hombre que trabaja para un banco; otro paisano que tiene un puesto en un ayuntamiento del País Vasco; y un tercer tipo que ejerce como ingeniero informático. Todos tienen el permiso para conectarse en remoto a sus puestos y todos tienen que desistir de hacerlo en esta zona de la Alta Sanabria.

Ante eso, y descartada la llegada de la fibra a esta zona, la junta vecinal se planteó qué hacer y encontró una posible solución que empezará a aplicar a partir del día 1 de septiembre: «Hemos decidido comprar una antena Starlink. La hemos contratado como colectivo y pagaremos la tarifa mensual. Al menos, para no depender de ninguna compañía telefónica», subraya Castro. Este recurso promete un servicio de internet por satélite de alta velocidad y viene de la mano de la empresa SpaceX, del magnate Elon Musk.
Esa es la alternativa que probará el pueblo de Castrelos en ausencia de una solución pública para sus problemas de conectividad. El dinero que genera la junta vecinal a través de los molinos y de otros recursos en la sierra servirá para financiar la idea. No será algo muy costoso. En principio, 65 euros mensuales que saldrán «del dinero que hay para hacer mejoras en el pueblo». Además, un trabajador contratado por la propia localidad, y que se incorporará el mismo 1 de septiembre, será el encargado de hacer la instalación.

Como Castrelos ha decidido coger la tarifa más cara, la antena – que inicialmente cuesta cerca de 400 euros – les ha llegado de forma gratuita. «Hablamos de que aquí, cuando tenemos ahora las visitas médicas, los sanitarios no se pueden conectar a internet. Tenemos una situación que es imposible», destaca Castro, que remarca que el tema de la conectividad no es el único que les da dolores de cabeza. Por ejemplo, en esta zona, «no hay transporte a la demanda ni historias que valgan».
El único recurso de transporte es un taxi que el Ayuntamiento de Hermisende ayuda a costear una vez cada quince días para ir al mercado de los lunes. «Nos sentimos abandonados»; apunta Castro. De ahí que no haya habido muchas dudas acerca de quién tenía que impulsar la llegada de una solución para el tema de las conexiones: ellos mismos.
Lo mismo prevén para otros asuntos. De ahí la contratación del citado trabajador, que se mudará con su pareja y sus hijos desde Hermisende y que dispondrá de una vivienda en la que «solo tendrá que pagar la luz». Además, contará con las dependencias de las antiguas escuelas para seguir desarrollando el proyecto con el que la familia llegó desde Zaragoza a la cabecera municipal. Sin estas condiciones, «no es tan fácil encontrar a una persona que quiera venir aquí de continuo». Si funciona lo de la antena, al menos los de fuera podrán estirar un poquito más el verano en Castrelos.
