Casi en cada feria ganadera, la frase se repite como queja y como advertencia: no hay relevo generacional. Las explotaciones se cierran cuando el titular llega al retiro mientras sus hijos o sus vecinos buscan el futuro en un trabajo con menos incertidumbre y mejores horarios. Por eso, el presidente de la Asociación Española de Criadores de Ganado Selecto de Raza Bovina Alistana-Sanabresa (Aecas), Óscar Puente, sorprende cuando asegura que, entre sus socios, la tendencia es la contraria: «El relevo está asegurado; en el 90% de las ganaderías hay gente joven», afirma el profesional tabarés, que ve cómo estas vacas autóctonas, antaño denostadas, cogen carrerilla hacia el futuro.
Puente lo cuenta con algo de amargura por la lluvia que cae sobre Porto de Sanabria en el 26 de agosto de la feria; el día que Aecas y el Ayuntamiento escogen siempre para lucir a los ejemplares de la raza y para reivindicar la importancia de la tradición y la calidad del producto. «El año pasado tuvimos el incendio y esta vez el agua», recuerda el presidente del colectivo, que llega hasta ahí en el lamento. Lo demás marcha. Incluso, aunque organizar el evento sea muy costoso por múltiples razones relacionadas con el desplazamiento de los animales: «Nos tendrán que apoyar un poco más, pero lucharemos todo lo posible para que esto no se pierda», asegura el responsable de la asociación.
A eso contribuirá lo que Puente decía antes: «Ahora mismo se están haciendo las cosas bien. Y, además, el consumo español está cambiando», sostiene el ganadero tabarés, que cree que razas como la alistana-sanabresa han salido beneficiadas de ese movimiento. «Ahora se apuesta por este tipo de animales cuyas carnes dan un resultado espectacular. Estamos viendo mucha salida en restauración», explica el responsable de Aecas, que también destaca que los profesionales acumulan «un par de años bastante buenos por el precio que ha tenido el vacuno».
Eso ayuda a que «la gente joven se está metiendo» en el sector. «Ahora mismo, la media estará en 30 años de los 56 ganaderos que somos», advierte Puente en referencia a la asociación. Ese empuje de los nuevos ayuda, además, a que el número de cabezas de la raza aumente. Cuando uno se asoma a la jubilación es más difícil que meta más animales; cuando le quedan decenios para empujar, lo razonable es pensar en más ambición. De ahí que el número de ejemplares muestre «una tendencia alcista». Lo presumible es que las 2.400 madres de este año sean más de 2.600 el que viene si aguanta el ritmo de crecimiento.

A todo esto, Puente añade el respaldo institucional necesario para dar valor a este tipo de razas autóctonas de la provincia en el camino para garantizar la viabilidad económica. Aecas también se encarga de recordar esto, al igual que se ocupa de la custodia del libro genealógico, ayuda a los profesionales con el papeleo y se sumerge en una burocracia que muchas veces abruma al ganadero. Aún así, mejor los trámites administrativos cansinos que el fuego destructor del año pasado. Al negocio del propio presidente de la asociación le golpearon las llamas por varios flancos: en Abejera, donde tiene parte de los animales, y en Porto, el hogar del verano: «Nos dejó sin nada de pastos, pero este año ha ido mejor», remacha.
«Sobre todo, en alta restauración»
Mientras Puente continúa con la tarea en una feria que exige su presencia, otro de los ganaderos, Wenceslao Crespo, recuerda el sentido del evento: «Esto es tradición, se llena siempre y nos sirve, por lo menos, para recordarle a la gente que la carne no viene de la bandeja del Mercadona», desliza el profesional, que incide en «la suerte» del colectivo por contar «cada vez con más jóvenes que quieren iniciarse una vez los mayores se van retirando».
Crespo, asentado con la ganadería entre Venialbo y Sanzoles, y con pastos también en la Sierra de la Culebra, destaca que la raza «no da kilos de carne» como otras. Es decir, no puede competir a volumen con otro tipo de vacuno. Ahora, «el hueco está en restauración, sobre todo en la alta restauración», sin perder de vista la fuerza de trabajo de sus ejemplares, aunque esa parte no goza de la vigencia de antaño. Mal menor para la alistana-sanabresa, que se vio morir y que ahora proyecta el futuro con años por delante y muchas visitas a Porto cada 26 de agosto. Aunque llueva.
