El viento agita los toldos y las banderas que pueblan los comercios y las fachadas institucionales. Mientras, las nubes y las previsiones amenazan lluvia. Es este un lunes que roza lo desapacible, pero las calles del centro de Toro están llenas como si fuese un sábado luminoso o un domingo grande. En todas las esquinas hay grupos de amigos organizados por colores, identificables por la indumentaria y por el nombre de su peña. «Donde sea, hazme hueco», pide un tipo que llega con bolsas y se dirige uno de los suyos. Van a dar las dos de la tarde y la gente ya cocina. O está a punto. Es el mediodía del concurso de paellas interpeñas en su novena edición; la octava vez para el certamen de limonadas con vino de Toro que organiza en paralelo Wine Mixology. Pero, sobre todo, se trata de una reunión colectiva ya irrenunciable para muchos.
Cuesta precisar cuántos grupos cocinan de forma simultánea en el eje que va de la plaza de Santa Marina hasta la Plaza Mayor de Toro. La previsión del jurado de las paellas es recibir unas sesenta propuestas, pero los hay que van y no concursan. Por desinterés en lo referente a la premiación o porque terminan fuera de hora y ya no pueden participar. La suma de cada caso da un total indefinido que se resume con las imágenes y con una certeza comprobable: a la hora del amanecer, ya había peñas que habían colocado sus mesas para coger sitio en su lugar predilecto.

Unas horas después, esos lugares son un hervidero de grupos con gentes de edades diversas. En el meollo, se ríen de su mala fortuna los chavales de la peña «Por partes», que se han quedado sin gas en pleno cocinado y que están en el camino de solucionar el asunto para poder alimentarse antes del tardeo y de los juegos interpeñas que están por venir. «Esto se trata de estar juntos en torno a la comida y el vino», recuerda uno de los chicos, Alejandro Tejeda, que será de los que aguante hasta que entre en escena Sanguijuelas del Guadiana, el grupo «emergente» que protagoniza el cartel musical del día.
Al pie del puestecito de esta peña, unos padres tratan de manejar a los niños que se alteran entre el jolgorio mientras suenan los éxitos de Quevedo y los adultos bajan las botellas de chupito que también pueblan las mesas. En eso, cada uno va a su ritmo. Igual que la previa de la paella se hace con ensalada entre los que buscan la vía saludable y con aperitivos de bolsa para quienes dan la semana de San Agustín por perdida en lo referente al cuidado personal más estricto. Un par de mujeres tiran incluso de calandracas. Y después, el arroz.
En la zona del jurado, se ven propuestas que varían entre los que mezclan el arroz con marisco, los que apuestan por algo más vegetal y quienes van con la carne como acompañamiento principal. «Hay de todo, como en la viña del Señor», ríe Emilio Leoz, uno de los expertos del jurado. En el veredicto, sus compañeros y él valorarán el aspecto, el sabor y el punto. La peña «La Jodiste» se hará acreedora del primer premio por delante de «La Bebida del Abuelo». Precisamente de bebida va el concurso de limonada y, ahí, Óscar Díez, de Wine Mixology, destaca la particularidad de las propuestas y el esfuerzo de los grupos, aunque al final el galardón va para «Los nacíos pa rematar», en las creaciones originales, y para «El ahorcado» en las clásicas.
Esos premios se anuncian ya después de los primeros chaparrones que padecen los toresanos echados a la calle. «¡Llueve, todos a casa!», grita un niño en la plaza de Santa Marina. Ni caso. Allí mismo, un tipo sigue tocando el acordeón como si nada. Y en toda la zona centro la reacción es, si acaso, proteger la paella y un poco las mesas. Con un cartón, con un plástico o con lo que haya a mano. Mientras caen las gotas, otros nenes juegan a gritos en lo que parece la imitación de un festejo taurino del pueblo (basta ver la posición de los dedos índices hacia delante por encima de las orejas). «Están obsesionaos«, dice una de las madres. Están de fiesta en Toro.





