Durante la crisis energética posterior a la pandemia, hubo mucha gente que se percató de su propia vulnerabilidad ante los vaivenes del mercado. Las alteraciones «salvajes» de los precios, generalmente en escalada, tensaron las economías familiares y empresariales, y provocaron algunas reacciones. Entre ellas, las de algunos vecinos que, a título particular o como parte de pequeños colectivos, decidieron buscar alternativas de autoconsumo. En Robleda, en plena comarca de Sanabria, nació una de esas iniciativas surgidas al abrigo de la necesidad. «No con la voluntad de ganar dinero, sino de lograr una estabilidad en los precios de la energía».
Quien aclara este punto es Diego Rodríguez, uno de los vecinos que, junto a Francisco Sánchez, se embarcó en la idea de constituir una cooperativa en la zona para «producir y compartir energía renovable». El proyecto se creó en 2022 con el nombre de Robleda Energía y hoy, tras cuatro años de tramitaciones que «han sido un calvario», está a punto de echar a andar de verdad. Los dos miembros de la iniciativa, en los cargos de responsabilidad del colectivo de manera provisional, cuentan esta historia de unión popular y de cabezazos contra los procedimientos desde la parcela en la que la cooperativa tiene ya instaladas las placas, en un camino próximo a las casas del pueblo. Cerca, en San Salvador de Palazuelo, hay más paneles sobre el tejado de una nave. Los socios se reparten entre estos dos núcleos.

Rodríguez y Sánchez cuentan que la incorporación de San Salvador se produjo en el marco de un proceso iniciado para sumar a más localidades a la idea desde la lógica de que «podía ser algo muy positivo y muy interesante» para esos núcleos. En Robleda, el pueblo del que partió la propuesta, «han quedado muy pocos vecinos fuera», y eso que se trata de un proyecto ajeno a cualquier administración. Parte directamente de los vecinos. Al final, entre el pueblo de origen y San Salvador, se consiguieron 70 socios. Pero esa incorporación de la gente fue casi lo de menos en el proceso. «La creación de la cooperativa tiene mucho trámite, nosotros éramos neófitos y tuvimos un problema que es el que realmente nos ha retrasado: la autorización de la planta por parte de Unión Fenosa Distribución», cuenta Sánchez.
El vecino y miembro de la cooperativa aún expresa su incomprensión por el hecho de que la empresa no contestara a las peticiones formales realizadas con toda la documentación en orden. «Así un año y otro año», advierte Sánchez. Desde primeros de 2023 hasta casi 2025. La planta no pudo instalarse hasta la Semana Santa del año pasado. «Ha sido una tramitación muy complicada», concede, a su lado, Rodríguez, aunque ambos ven ya la luz. En San Salvador, la conexión a la red se produjo el mes pasado. La expectativa es que, en Robleda, ese paso final no se demore. De nuevo, lo que falta depende de Unión Fenosa Distribución. Se trata del contador de generación.
A la espera de ese último movimiento, Robleda Energía está a punto de entrar plenamente en funcionamiento como «la primera comunidad energética de la provincia que es 100% de los vecinos». «Aquí todo se lo que se produzca va a ser autoconsumido por la gente», destaca Rodríguez, que recuerda que, antes de activar todo el proceso, hubo que contabilizar el número de usuarios interesados, hacer un estudio de consumo y dimensionar las plantas. A partir de ahí, se planteó una estructura de financiación en la que el 25% del coste se sufraga con la participación de los cooperativistas y el 75% restante con una financiación privada a diez años.
El objetivo de esa idea es ir «generando unos pequeños ahorros a la vez que se va amortizando el coste de la planta» y de la adquisición de la parcela, que también es de la propia cooperativa. El plan es que, durante los seis primeros años, los usuarios noten una pequeña reducción en el precio de la luz y que, a partir de entonces, desde el verano de 2032, la bajada del coste de la factura resulte mucho más evidente; hasta el punto de pagar entre un 40 y un 45% menos. Ese es el horizonte de una iniciativa en la que, para sumarse, los cooperativistas tuvieron que aportar una cantidad que era de 323 euros por el 1% de la participación.
«Más razonable que llenar la provincia de placas»
«No tengo ninguna duda de que estos autoconsumos colectivos van a tender a desarrollarse. Me parece más razonable que sembrar toda la provincia de placas», explica Rodríguez, que recalca que, «con seguridad», pasado el primer mandato en la cooperativa, Sánchez y él dejarán paso a otra gente. También abunda en la posibilidad de que otras localidades se unan. Eso exigiría plantear «una ampliación» y volver a una pelea administrativa que, para ellos, ha sido lo peor de un proceso «lento, tedioso y excesivamente complejo».
«Creemos firmemente en este proyecto y por eso los vecinos hemos mantenido nuestro compromiso durante todo este tiempo. Pero también creemos que no debería ser necesario dedicar tantos años y tantos esfuerzos para poner en marcha dos instalaciones fotovoltaicas de pequeño tamaño promovidas por los propios vecinos», zanjan los responsables de la cooperativa. Al volver al pueblo, Francisco Sánchez se detiene ante el lugar donde debe ir el contador de la planta de Robleda: «Voy todos los días a ver si lo han hecho ya», admite el cooperativista. Todos por aquí quieren activar cuanto antes la idea que surgió en un pequeño rincón de Sanabria como respuesta a una crisis energética mundial.
