El bar L’Escuela de Vigo de Sanabria presenta el aspecto de los agostos de siempre. Pasa un rato de la una de la tarde del tercer lunes del mes y la estampa sobre la amplia zona verde que ejerce como terraza del local muestra mesas llenas y gente en calma. Muchos recuerdan que un día como este, pero del año anterior, el fuego quebró el verano en la localidad. No hay olvido, pero sí vida después. Más difícil es buscar en la memoria los tiempos en los que un grupo de gente de la localidad se juntó para hacer teatro. Para eso hay que viajar hasta los primeros 80, cuando los vecinos se unieron con el objetivo común de representar el Tenorio. Sucedió una Nochebuena.
«La gente del pueblo se lo curró mucho porque preparó la obra, los decorados y todo en poco más de veinte días. A últimos de noviembre empezamos a montarlo y la representación fue el 24 de diciembre», cuenta José Manuel Prieto, que por entonces acababa de volver de la mili y que se implicó personalmente en aquel proyecto. «A mí lo del teatro siempre me ha gustado mucho y en Vigo la gente suele participar en estas cosas», señala este vecino que, unos 45 años después, se ha enrolado en el grupo que ha recuperado el arte dramático para la localidad. Y no de manera puntual como entonces, sino con la idea de darle una forma y una continuidad.
Prieto es uno de los miembros de Forcadura Teatro, el grupo que ha nacido en Vigo de Sanabria para «llevar unos buenos momentos y entretener a las gentes» de los pueblos de la comarca desde las tablas. Junto a él, se sientan en una mesa del bar a explicar la idea otros tres compañeros: Fernando Rodríguez, Paco Cortés y Juanjo del Vado. Este último ejerce como responsable principal de una iniciativa que nació hace algunos meses, después de que estas mismas personas decidieran tomar un camino diferente al de Madarsu, otro grupo de la zona.

«El mismo día que decidimos no seguir con ellos nos reunimos aquí, vimos que todavía teníamos espíritu de hacer cosas y que todos éramos de Vigo», explica Juanjo. Ahí empezó a gestarse esta idea de Forcadura Teatro. Precisamente Del Vado, el director del grupo, es el que pone la experiencia y el conocimiento. Él mismo aclara que, de adolescente, en Madrid, tuvo su primer contacto con las tablas de la mano de Modesto Higueras, un hombre que llegó a formar parte de La Barraca de Federico García Lorca y que fue quien le metió el gusanillo de la interpretación. Y desde entonces hasta ahora.
Juanjo del Vado siguió ligado de una forma u otra a la representación: actuó en teatro universitario, participó como figurante en películas y nunca perdió del todo el contacto con aquella pasión forjada en la adolescencia. Además, por su trabajo, también entrenó la habilidad de hablar en público. Con ese bagaje, su rol es el de responsable de un grupo que tiene posibilidades de ir hacia delante porque él, como el resto, ya vive en Vigo todo el año. Aunque este reportaje salga en agosto, la idea de los miembros de Forcadura es que su actividad se desarrolle más allá de las semanas del lleno; también en los meses del frío.
«El plan es hacer representaciones sobre todo en invierno», aclara Juanjo, que subraya igualmente que «una de las condiciones para apuntarse era que había que subir a Vigo a ensayar». Con esa premisa, los miembros de Forcadura Teatro forraron la comarca de carteles para tratar de captar gente. Consiguieron enganchar a alguna persona más del propio pueblo, a otra de Galende y a una más de Puebla. Ahora son ocho. O lo serán. Alguno de los miembros tiene mucha faena en verano y se incorporará cuando la temporada turística afloje. «De todas maneras, lo del verano ha sido circunstancial y para darnos a conocer», recalca el responsable del grupo.
El estreno con obras pequeñas
El propio Juanjo del Vado es el autor de tres de las cinco pequeñas obras que se presentaron hace unos días en el estreno de Forcadura Teatro sobre las tablas. Las otras dos son adaptaciones. Los cuatro componentes que participan en la charla cuentan que la asistencia de la gente a las escuelas de Vigo, el lugar donde antaño se representó el Tenorio, «desbordó todas las previsiones». Por eso se repetirá, «para que lo vea la gente que no pudo estar». «Nuestro planteamiento es empezar con esas cosas pequeñas y sencillas, de temas un poco satíricos o de humor. Y crecer a partir de ahí», señala el director, que abre la puerta igualmente al montaje de algún Filandar para contar historias o leer poesía en directo.
Conviene recordar que el hogar de este grupo, para ensayar y para actuar de manera cotidiana, será Vigo, pero la idea es que la comarca los vaya conociendo. «Estamos abiertos a que cualquier pueblo nos diga: oye, pues venís aquí y lo hacéis», asevera Juanjo, que insiste en que uno de los objetivos es dar un entretenimiento «a la gente que se queda aquí todo el año». En realidad, ese entretenimiento también sirve para ellos mismos, que se adaptan para ensayar y que se coordinan, comprometidos como están, para acudir a las citas y seguir perfeccionando sus actuaciones.
Nuevas incorporaciones
El grupo, en todo caso, sigue admitiendo a más gente. «Aunque no tengan ninguna experiencia. La experiencia se adquiere y todo se pule», asevera Juanjo. Tanto él como José Manuel y Fernando ponen el ejemplo de Paco, que se subió a las tablas con Madarsu solo para presentar algún acto y que ahora ya se atreve con papeles en las representaciones. Junto a esos perfiles, Forcadura también aspira a atraer a vecinos jóvenes de la comarca, que «encajarían mejor en algunos papeles», aunque irán adelante como sea. «Esto es algo que hay que vivirlo, que hay que sentirlo», añade Fernando, que percibe además que ha conocido a más vecinos de este pueblo en el que se afincó hace unos años gracias a su reciente interpretación teatral.
«A mí me encantaría representar el Tenorio con esta gente dentro de uno o dos años», apostilla Juanjo. Sería una forma de viajar al origen con la nueva estructura de Forcadura, el grupo que ha nacido en una comarca donde, antaño, llegó a haber diez conjuntos de estas características. Otros tiempos. En estos, Vigo cuenta ahora con el suyo. «Ya nos dicen que no lo dejemos de hacer por nada del mundo», advierte Fernando. El público más cercano y los intérpretes tienen la ilusión intacta, como aquel día de Nochebuena de primeros de los 80.
