El calor pesado de la hora de la siesta pega sobre las paredes, el asfalto y los coches aparcados mientras un grupo de gente se arremolina a las puertas del pabellón de El Puente de Sanabria. La fachada de la instalación aparece decorada este verano con una réplica de La Rendición de Breda, instalada por el Museo del Prado en el marco del proyecto «En un lugar que renace», pero las familias no han venido a contemplar la pintura de Diego de Velázquez. Son las cuatro y media de la tarde del jueves 6 de agosto y, en el interior del espacio polideportivo de la localidad, se disputa el primero de los once partidos de fútbol sala previstos para la jornada. Eso es lo que atrae al público.
El choque inicial del día, de categoría benjamín, enfrenta a los Sanabria Roots con un equipo del pueblo anfitrión. Aún así, pese a la hora y a la corta edad de los jugadores que participan, hay ambiente en las gradas. Conviene aclarar que uno sano, además. Los familiares animan, los entrenadores sitúan a los muchachos y los conjuntos del turno siguiente van accediendo a las instalaciones. Uno de los niños que se prepara para salir a la cancha cuando el primer duelo concluya trata de asegurarse del resultado que necesitan para seguir en el torneo: «¿Pasan primero, segundo y tercero, o solo primero y segundo?». La competición forma parte de la diversión, aunque sean pequeños.

¿Pero qué es todo esto en realidad? Si no está usted familiarizado con el torneo de futbito de El Puente de Sanabria, le conviene entender primero que no es un campeonato deportivo de verano más. Para empezar, porque la edición que se disputa desde el 25 de julio, y que vivirá este 15 de agosto sus finales, es la cuadragésimo séptima que se celebra. Y para seguir, porque la gente de la comarca se implica de verdad: son 45 equipos con 14 jugadores cada uno. Es decir, más de 600 participantes junto a entrenadores, familiares y amigos que se desplazan a la capital comercial de la zona para seguir los encuentros de las seis categorías en las que se divide el campeonato.
«Al final, es un torneo que se basa en la tradición de hace muchos años», explica Pedro Arias, uno de los tres organizadores actuales. Este hombre, que tiene 48 años, participó en 32, «de manera ininterrumpida», como jugador. Ahora, como parte del Atlético Sanabria, intenta que el campeonato salga adelante y que las generaciones actuales lo disfruten. «Es algo que llevas muy metido dentro», concede el vecino de la comarca, que cita a las tres personas que pusieron en marcha esta iniciativa hace casi medio siglo: Gerardo San Juan, Manolo Ministro y Nene. Los tres han fallecido ya, pero esta parte de su legado sigue viva. Y bastante.

Para Arias, el campeonato de futbito de cada verano se ha convertido en «un nexo de unión para la comarca». Ahora, también participan algunos equipos de otras zonas; por ejemplo, de la comarca de Los Valles. Pero son Sanabria y su población vinculada los que aportan el grueso del capital humano y de la pasión. «Esto empezó solo con categoría sénior y ahora tenemos desde benjamines», insiste el organizador, que concede que, a veces, hay que hacer encaje de bolillos para dar cabida a todos los partidos. En el jueves que este periódico visita el polideportivo, la jornada se extiende hasta la una de la madrugada.
Arias recalca que la implicación de la gente es tal que «muchas familias cogen vacaciones para estar en el futbito», un torneo que comenzó en la plaza y que ya hace años que disfruta de unas dependencias mejor preparadas. Un cartel a la entrada recuerda la importancia de conservar ese lujo: «Las instalaciones son de todos». Y un letrero cercano añade otro consejo: «El baño déjalo como lo encontraste». Con el ánimo de dejarlo todo en orden y con la felicidad de la victoria, los Sanabria Roots salen de la pista a las cinco menos cuarto tras derrotar 7-2 a sus rivales. De fondo, unas niñas asoman en la grada con una pancarta de ánimo para el equipo de Ribadelago que entra ahora en liza. Antes, los entrenadores del equipo que acaba de ganar hablan un poco de la esencia del futbito.

Sus nombres son Sergio Heras y Tomás Pedrero, y su equipo se formó en Castro, aunque ahora tiene jugadores de varios lugares. «Es un torneo en el que niños que viven aquí todo el año se juntan con chavales que están en las ciudades, que veranean en otro pueblo y con los que, en otras circunstancias, no se verían», apunta el primero de ellos, que recuerda que esta es una competición con «muchísima tradición». De hecho, al igual que Pedro Arias, el entrenador de los Sanabria Roots recalca que «mucha gente mira las vacaciones para que coincidan» con esta cita deportiva. «Yo creo que va a seguir», afirma este hombre que fue jugador antes de sentarse en el banquillo.
Además, Heras aclara que, cuando comiencen a jugar las categorías de mayores, la grada se llenará aún más «con un montón de gente». Algunos de ellos, padres que un día estuvieron en la pista. Son ya tantos años que los que disputaron las primeras ediciones pueden ser incluso abuelos de los que ahora se estrenan en las categorías infantiles. Todo era mucho más de andar por casa en ese arranque, pero ahora el futbito necesita una infraestructura y a cinco personas implicadas todo el tiempo – con unos emolumentos asignados – para que la competición sea rigurosa: son los tres árbitros y las dos personas de la mesa.

«Al final esto es un trabajo constante, la gente no sabe lo que conlleva», indica Pedro Arias, que lamenta que los juicios a la organización se hagan muchas veces «por los fallos y los errores que se cometen y no por el esfuerzo y el sacrificio». En su caso, combinado además con el trabajo en la hostelería que tan exigente es en Sanabria durante las fechas del futbito.
Lo que envuelve al campeonato
Mientras se desarrolla este reportaje, los niños de la Escuela FS Sanabria y los de Ribadelago, patrocinados por Restaurante El Majo, se miden en un choque que deja escenas de madres con cámaras, amigos alentando y entrenadores muy activos en las bandas. Este sábado, los niños que llevan el nombre del establecimiento hostelero jugarán una de las finales. La sénior medirá a un equipo de Puebla con otro de la localidad de Quintana. Pero casi es lo de menos. Todo lo que envuelve al campeonato, «el que jugaron tus padres, tus abuelos y tus tíos», se sitúa por encima de un resultado. Eso sí, la competición siempre le da un punto picante que mantiene vivo el invento de Gerardo San Juan, Manolo Ministro y Nene.

