Pasadas las doce de la mañana, todavía una montaña de periódicos espera en la mesa de una esquina del quiosco de Felipe a que sus clientes habituales pasen, como cada día, a por ellos. Ahora son Jessica Rodríguez (41) y Racso Figuera (52) quienes, desde el pasado 24 de junio, atienden con una sonrisa a la numerosa clientela que no falla desde que el negocio abrió sus puertas en 1999. En la Rúa de los Francos, 8, una de las calles más famosas y céntricas de Zamora, funciona con otros dueños un establecimiento emblemático.
Aquí hay quienes cuentan que acuden desde niños y para quienes pasar por el negocio a por el pan, el periódico o alguno de sus productos forma parte de su rutina. Mientras la pareja que ahora gestiona el quiosco habla sobre los retos a los que se han enfrentado a la hora de iniciar esta nueva etapa, varios clientes se asoman: algunos solo para saludar, otros para recoger las magdalenas del desayuno del día siguiente. Este lugar funciona con fuerza y con la intención de mantener la esencia del comercio, pero también con nuevos servicios desde que Jessica y Racso están al frente, como el de paquetería. La idea, explican sus nuevos responsables, es conservar aquello que durante décadas ha hecho especial al establecimiento y, al mismo tiempo, adaptarlo a las necesidades actuales.

Detrás de este nuevo capítulo hay también una historia de migración y de empezar de nuevo. Racso y Jessica llegaron a España desde Venezuela hace aproximadamente dos años y medio, después de varios años planteándose la posibilidad de abandonar su país. La situación económica y la crisis que atravesaba Venezuela fueron algunos de los motivos que los llevaron a tomar la decisión. No fue un cambio improvisado. Durante mucho tiempo estuvieron valorando la posibilidad de marcharse y, finalmente, Racso dedicó alrededor de un año a preparar el viaje y organizar todos los detalles necesarios para comenzar una nueva vida lejos de casa.
Ahí, España se convirtió en su primera alternativa. «Nuestra mejor opción en todos los sentidos», explican ambos sobre la decisión de venir al país. El proceso, según cuentan, no fue especialmente complicado para ellos. La llegada supuso comenzar de cero, pero también encontrar una oportunidad para construir un proyecto propio. Dos años y medio después, esa oportunidad ha tomado la forma de un pequeño quiosco en pleno centro de Zamora.
El relevo como tal comenzó hace un año, según explica Racso, que aclara que el proceso de traspaso fue posible gracias a la Oficina de Relevo Generacional. Este servicio pone en contacto a propietarios de negocios que buscan darle continuidad a la actividad que ellos abandonan con personas interesadas en hacerse cargo de ellos. La pareja también muestra su agradecimiento a Tradecyl y a la Cámara de Comercio, entidades que les ayudaron a ponerse en contacto con los antiguos propietarios, conocer las características del negocio, realizar el estudio de viabilidad y afrontar los diferentes pasos del proceso.

Pero el relevo, como decimos no se produjo de un día para otro. Racso y Jessica estuvieron aproximadamente un año hablando con Rosa y Felipe Gutiérrez, hermanos y antiguos responsables del establecimiento, antes de hacerse definitivamente con el negocio. Entre ambas partes, cuentan, hubo muy buen feeling. Rosa y Felipe les facilitaron los contactos con los proveedores y les acompañaron durante buena parte de la transición. La relación ha sido tan buena que los antiguos propietarios continúan acudiendo al quiosco como clientes. Para Rosa, esa es una de las partes que más tranquilidad le aporta en esta nueva etapa: saber que el negocio sigue abierto y que está en manos de dos personas que afrontan el proyecto con ilusión.
Conviene recordar que, aunque el actual local abrió en 1999, la historia de la familia de Rosa y Felipe con el negocio se remonta mucho más atrás. Su padre comenzó con un pequeño quiosco hace alrededor de 55 años, y Rosa recuerda que ella misma, con apenas diez, ya iba al establecimiento. «Nos hemos criado aquí», explica. “Felipe también estuvo vinculado al negocio durante años antes de trasladarse al actual local” afirma Rosa. Su hermano llegó a gestionar durante aproximadamente una década otro establecimiento de la familia.
El quiosco terminó convirtiéndose así en mucho más que un lugar de trabajo. Por eso, dejarlo atrás no está siendo sencillo. Rosa reconoce que todavía se siente «rara» y que pensaba que le iba a costar menos acostumbrarse. Y eso que, durante los últimos años, había reducido progresivamente su presencia en el negocio. La enfermedad de Felipe y, posteriormente, una operación a la que ella tuvo que someterse aceleraron una decisión que ya llevaba tiempo rondando en su cabeza. «Pensé que me iba a costar menos trabajo», reconoce. Ahora intenta disfrutar de su tiempo libre y de una nueva rutina. Lo que más echa de menos no es tanto el trabajo como el contacto diario con la gente. Durante décadas, vio pasar por el quiosco a vecinos y clientes habituales que acudían los fines de semana desde distintos puntos de la ciudad. Ahora sabe que eso pasó. Por esa razón, aunque continúa dispuesta a ayudar a Racso y Jessica si la necesitan, prefiere que sean ellos quienes se lo pidan. «Ya no es el mío», explica, consciente de que ahora comienza una historia diferente.
A la espera de septiembre
Las licencias relacionadas con la lotería retrasaron la apertura definitiva durante varios meses, pero finalmente, el pasado 24 de junio, Racso y Jessica pudieron levantar la persiana como nuevos responsables. Desde entonces, aseguran que la acogida por parte de los vecinos ha sido muy positiva. Los meses de julio y agosto son más tranquilos debido a las vacaciones, aunque también han notado la presencia de turistas. La mirada está puesta ahora en septiembre y en la vuelta a la rutina, cuando esperan recuperar a buena parte de los clientes habituales. También confían en aprovechar acontecimientos que llenan las calles de Zamora, como el Mercado Medieval o Fromago, para incrementar la actividad del local. El objetivo es que el kiosco continúe siendo reconocible para quienes llevan años entrando, pero también que encuentre su propio camino.
Rosa reconoce que los primeros meses de cualquier negocio nunca son sencillos y que el verano tampoco es el mejor momento para medir la marcha del establecimiento. Muchos clientes habituales se encuentran de vacaciones o pasan parte del verano fuera de la ciudad. Racso y Jessica afirman que emprender no es fácil en general. Llegar a un país nuevo, comenzar una vida desde cero y asumir un negocio con una clientela consolidada supone un reto importante. Sin embargo, los dos consideran que el esfuerzo merece la pena. Para ellos, España ha supuesto la posibilidad de construir un proyecto que durante años parecía difícil de alcanzar. Su experiencia también les ha llevado a querer lanzar un mensaje a quienes estén pensando en emprender: «No tengan miedo. Si realmente quieren emprender, luchen por ese sueño. Aquí sí se puede. Nosotros somos una muestra viva de ello». Mientras tanto, el quiosco de Felipe vuelve a tener periódicos sobre la mesa, clientes que entran a saludar y una nueva pareja detrás del mostrador.
