A las seis de la tarde del miércoles 12 de agosto de 2026, desde la valla que separa los Paseos de la Mota de la caída hacia la piedra y la arboleda, todavía no se ve ni rastro del eclipse. La mirada busca, en cambio, la piscina que se ve al fondo. Dentro del agua se estará mejor que a la solana que golpea las baldosas próximas al Parador de Benavente. Pero la gente que lleva horas ubicada para contemplar el fenómeno que alcanzará su punto álgido un poquito antes de las ocho y media no ha venido hasta aquí para refrescarse. Su único objetivo es tener la perspectiva idónea, el ángulo correcto. Alguno han hecho miles de kilómetros para eso.
Uno de ellos se llama Wim Vinken, lleva ropa de verano, un sombrero para protegerse y un abanico por si acaso. Este aficionado belga es uno de los 40 que han ido a Benavente con la expedición del Observatorio Público de Amberes. Como apasionado de la observación del cielo, esta no es la primera vez que nuestro protagonista ve un eclipse total. Pero aún así será especial. A lo largo de su vida, el visitante ha viajado para contemplar 16 fenómenos de estas características, pero no todos completos. Este entrará en el top, como el del año que viene. En 2027, tiene previsto desplazarse a Egipto para vivir una experiencia similar.
Pero sigue siendo 12 de agosto y ahora está en Benavente. ¿Por qué aquí? Wim tiene claro que «este es el mejor lugar para ver el eclipse». Lo piensa igual que el resto de sus compañeros del observatorio de Amberes, que han organizado el viaje para pasar tres días en la localidad zamorana y luego ver un poquito más de España en dirección al norte. Este jueves están en León y, más tarde, cerrarán las vacaciones en Bilbao. «Aquí hemos hecho la compra, organizamos un tour por la ciudad y ahora vamos a ver el eclipse», explica el belga, como justificando que el grupo ha hecho gasto por la zona.

A su lado, en la zona de observación más cercana al mirador, se escuchan más acentos extranjeros. Los apasionados por esta clase de fenómenos no escatiman cuando se trata de asomarse a una cita única. «Es que la oscuridad es muy especial. No es negro del todo, pero ves sombras a tu alrededor y cómo en el último minuto aparecen el anillo de diamantes y la corona. En otro tipo de eclipses no lo puedes ver de esta manera», narra Wim, que se emociona aun siendo consciente de lo que va a suceder.
Esa pasión le hace coincidir poco con aquellos que han decidido no ver el eclipse por temor. «Si no tienes intención de viajar demasiado, esto es una vez en la vida, aunque en España tienen suerte, porque el próximo año podrán ver otro en el sur», recuerda el aficionado belga. Será el 2 de agosto de 2027, cuando él se plantará en Egipto para seguir un fenómeno similar, pero en horario matinal y con casi seis minutos de duración en los puntos más destacados.
Tras la charla, Wim se gira hacia los potentes equipos de observación y fotografía que portan sus compañeros de Amberes. Les queda una espera todavía larga, pero saben que luego recordarán el momento toda la vida. El de Benavente está a punto de entrar en su lista de lista de cielos predilectos.
