Cuatro menos cuarto de la tarde del jueves 6 de agosto, entorno de Ribadelago Nuevo, en el corazón de Sanabria. El restaurante El Majo, situado en el centro de esta localidad pegada a algunas de las playas del Lago que el pueblo lleva en el nombre, despacha menús del día a buen ritmo por 16 euros. Hay parejas, familias, acentos distintos, bañadores, gente que aparca las tablas de paddle surf y prisa por acabar para volver al agua. Pim, pam. Hace un rato, el panadero que da servicio a la zona llegó a repartir las barras con la hora de comer ya encima. Cuesta cubrir la ruta a tiempo con tanta distancia, tanto cliente y tanto coche. En 2024, la Junta estimó que, en el día de mayor afluencia, el entorno del parque natural que tiene en el Lago su epicentro acogió a 10.465 visitantes y 3.434 vehículos. Ese pico está próximo. Llegará en esta semana del 15.

Cuesta precisar cuánta gente pasa durante el verano por un lugar como este. Lo que se sabe con certeza es lo que dice el padrón oficial. En Ribadelago Nuevo viven, según el censo, 63 personas. En todo el municipio de Galende, al que pertenece la localidad, en torno a mil. Lo que viene a partir de aquí es una estimación, pero una oficial. La hace el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática a través de la Encuesta de Equipamientos e Infraestructuras Locales, y dice que este ayuntamiento multiplica casi por seis su población en su pico máximo estacional. Es decir, ahora. El dato recientemente actualizado corresponde a 2023 y señala que Galende alcanza en semanas como esta las 5.718 personas. Si se acepta que Ribadelago está en la media del municipio, su capital humano pasajero se elevaría hasta los 375 individuos.
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Ratio de población estacional sobre población residente, por municipio
Galende es uno de esos municipios que se multiplican de verdad en estas fechas gracias a una tormenta perfecta de retornados, descendientes y turistas. En general, Sanabria se convierte en una comarca llena hasta los topes. Si se suma la población máxima estacional de cada uno de sus municipios, el pico da una población superior a las 30.000 personas, cuando de ordinario los censados apenas superan por poco los 5.500. De ser la octava de doce comarcas zamoranas en población a situarse como la tercera en esta clasificación.
Población estacional por comarca
De hecho, la estampa de Ribadelago, su restaurante y las playas se reproduce con otras caras en la sucesión de coches que pueblan Vigo o San Martín; en las gentes que se amontonan en los bares de la travesía de Galende, en las colas de los comercios de El Puente, en las terrazas de Palacios o en uno de los amontonamientos que está por venir: el del mercado medieval en Puebla.
Pero los días de la Zamora al máximo no se notan solo en esta comarca noroccidental. Todos los municipios se salen de las cifras comunes en estas fechas. También los no turísticos. Para volver cada agosto al lugar donde uno nació o donde pasó los veranos de la infancia, no hace falta que haya monumentos visitables o parajes naturales de postal. Lo sentimental se impone sin más y el éxodo estuvo muy repartido en este territorio. Por dar un dato, en 2025 vivían en España 244.650 personas nacidas en la provincia: 118.681 de ellas estaban empadronadas fuera de Zamora. Muchos de los hombres y mujeres que hay tras esa estadística, y también sus hijos o sus nietos, dicen presente en torno al 15 de agosto.
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Entre las cifras oficiales, hay dos casos que llaman la atención y parecen llevados a la hipérbole: el de Manzanal de Arriba y el de Villalube, que vista la realidad por encima de la estadística presentan datos que conviene tomar con cautela. Del resto, hay trece casos en los que la población máxima multiplica por más de seis a la habitual. Por ejemplo, en Molezuelas de la Carballeda, el desembarco de los emigrados y sus descendientes, muchos afincados en Francia, lleva el censo de los 46 de siempre a los 306 del verano. Allá por Aliste, en el municipio de Mahide, los 300 de lo cotidiano son 2.705 en el pico máximo. Siempre según las cifras del Ministerio, procedentes de "un inventario de carácter censal que analiza cuantitativa y cualitativamente los servicios de competencia municipal".

En realidad, las cifras, más o menos exactas, esbozan la realidad pasajera de una provincia que, en verano, tiene 79 municipios con mil vecinos o más y que ve cómo nueve ayuntamientos de referencia comarcal superan el censo normal de Morales del Vino y sus 3.000 hombres y mujeres. Luego, cuando agosto va hacia abajo y asoma septiembre, muchos regresan a las ciudades de las que vinieron. Por el Pilar se va otro golpe y algunos aguantan hasta los Santos. De ahí en adelante, el padrón oficial empieza a parecer muy generoso para la realidad que se contempla en los pueblos.
En enero, en las semanas posteriores al Día de Reyes, la Zamora mínima deja escenas de negocios que facturan poco y resisten por dar servicio, de ambulantes que salen por atender a la clientela de siempre y de calles sin rastro de tablas de paddle surf, bañadores o verbenas. Con el rastro de los que sujetan las localidades cuando se apaga el bullicio, en realidad. Es el ciclo de la vida en la provincia. Así va hasta que la Semana Santa oficializa el inicio de la remontada y todo sube hasta coronar en el momento que se viene: el fin de semana de (casi) todas las fiestas.
