Una noche de verano de mediados de los 80, un grupo de seis vecinos y descendientes de Codesal se sentó a reflexionar en una fiesta organizada en la contorna. Sucedió en Pedroso de la Carballeda, uno de los pueblos cercanos que montaba una jarana veraniega, al margen del santo patrón de turno, para la diversión de los que estaban todo el año y de los que habían marchado a buscarse la vida lejos. Todos juntos, en el único momento posible. «Se llamaban las fiestas del turista, duraban un día o dos en cada localidad y nosotros íbamos a todas las de los sitios cercanos», recuerda ahora uno de aquellos hombres que se puso a cavilar mientras los demás se divertían.
Aquel tipo que entonces rondaba los treinta y ahora bordea los setenta se llama Lucio Gil, y todavía tiene clara la escena. «Nos asomamos a la barra del bar y dijimos: hostia, mira de dónde es toda la gente. De Codesal. Y más allá, en la calle, otros dos grupos. De Codesal. Y ellos seis. De Codesal». Ahí, uno de los presentes, su hermano Manuel, dijo lo que el resto pensaba: «Tiene cojones que le hacemos la fiesta a todos los pueblos y nosotros no tenemos la nuestra». En esa escena en Pedroso de la Carballeda hay que buscar el principio de lo que hoy es la Asociación Cultural Las Raíces. De Codesal, naturalmente. Este año, el colectivo que nació de aquella reflexión cumple cuarenta años. Con todas sus particularidades.

El propio Lucio cuenta la historia a las puertas del bar del pueblo, donde se han preparado varias partidas. Por allí trastean también unas cuantas cuadrillas de muchachos. Muchos no viven allí durante el año. En Codesal están censados 114 vecinos; en la segunda semana de agosto, por aquí pueden rondar el medio millar, según la estimación del hombre que narra los hechos. Envuelto en ese ambiente en torno a la tasca, Lucio regresa al pasado: «De aquella noche en Pedroso salimos ya con la idea de hacer una verdadera semana cultural, no unas fiestas clásicas de pueblo», advierte. Y a ello se lanzaron sin esperar mucho.
En el mismo 1986 en el que el sexteto de Pedroso se sentó a pensar, ya hubo fiestas en Codesal. Fueron dos días, 9 y 10 de agosto. Y se organizaron alborada, campeonato de bolos, misa, partido de fútbol y baile con la Orquesta Copacabana. Ni tan mal para empezar. En 1987, la programación ya duró una semana entera. «Desde entonces solo hemos fallado en el año del COVID y eso es gracias a la implicación absoluta de todo el pueblo», advierte Lucio, consciente de que, hasta ahí, la historia puede guardar similitudes con las de otras localidades pequeñas de Zamora y provincias del estilo. Lo que ocurre es que el modelo de asociación que Codesal escogió convierte a este colectivo en patrimonio de todos los que se vinculan con este núcleo de La Carballeda.

Lo cuenta Lucio, pero cada familia por aquí sabe de qué va esto. Por estatutos, la Asociación Cultural Las Raíces renueva su directiva año a año. Y no es simplemente que no repita nadie de un verano para otro, es que no repite nadie en general. Nunca. Solo se puede formar parte de esta comisión una vez en la vida. Por eso, en 40 años, ya han pasado 200 por el cargo. «Todo el mundo queda a las órdenes de cinco personas», aclara el vecino que ejerce como portavoz, que admite que al principio les pareció una propuesta arriesgada. Pero les ha ido bien por varias razones. Las fundamentales, que nadie se apropia de lo que es del común, que los que entran al turno se esfuerzan con la consciencia de que es la única vez y que la roda acaba llegando cada poco a todas las familias.
«Así no hay forma de que nadie mangonee nada», resume Lucio, que explica que, al año siguiente de formar parte de la comisión, los cinco miembros salientes quedan exentos de cualquier tarea. Los demás, junto a la directiva nueva, echan la mano en lo que haga falta, pero siempre bajo la dirección del quinteto que decide las actividades, las contrata y las organiza. Esas mismas personas escogen a sus sucesores cuando acaba la semana cultural de agosto. Los nombres de los elegidos se colocan a la puerta del chiringuito ubicado en la era, donde se concentra una buena parte de la actividad en estos días de festejos en Codesal.

Lucio Gil vuelve a mirar a los chavales que se mueven entren las mesas mientras insiste en que la asociación y su semana cultural han conseguido movilizar a muchos niveles a la población residente y a la vinculada. Todo el mundo quiere estar en Codesal en la segunda semana de agosto. Y los que aún no han formado parte de la comisión saben que, tarde o temprano, les tocará convertirse en sucesores de Ángel Acedo, Benedicto Lorenzo, Santiago y Edelmiro Sotelo y Emilio Gallego, los cinco que estrenaron este particular sistema.
Sus nombres, como los del resto de los miembros de las comisiones, aparecen en los cuarenta carteles repartidos por el pueblo con un orden que sigue el recorrido de los pasacalles de toda la vida. En cada diseño de esta exposición al aire libre se muestra la composición de la junta directiva, el programa de actividades del año correspondiente y varias fotos asociadas a ese verano. Los que antes se responsabilizaron de organizar las fiestas abrieron el camino para que ahora lo hagan las cinco mujeres que se ocupan de las celebraciones de 2026. La primera vez fueron cinco hombres; un guiño a la evolución de la sociedad.

Las componentes de la comisión de 2026 van y vienen en la tarde del jueves 6 de agosto por la zona del chiringuito que ellas mismas gestionan esta semana. Tienen faena grande estos días. Todo depende de ellas, aunque el resto del pueblo las arrope. Y no quieren fallar. Lo cuenta Alba Bobillo, una de las cinco de este año: «Queríamos hacer algo con lo que la gente se sintiera identificada», apunta esta mujer, residente en Madrid, pero ligada a Zamora y a Codesal: «Lo que se genera con estas fiestas es vínculo y apego, y nosotras pretendíamos hacer precisamente un homenaje a las raíces», abunda la representante del colectivo, en un guiño al nombre de la asociación.
Por eso, los oficios tienen peso en el programa, como también otras tradiciones que Codesal aspira a mantener al menos en la memoria. En realidad, la propia asociación y su funcionamiento forman ya parte de la identidad del pueblo. «La colaboración y la entrega de todo el mundo es alucinante», reconoce Alba, que apunta que las cinco han intentado reflejar también en la programación el hecho de que, esta vez, todo el mando era para las mujeres. «Aún así, hemos tenido que tener muchas cosas en cuenta», recalca la representante de la directiva de 2026, que alude a algo evidente: cada una vive en un lugar y tiene una vida.

El Whatsapp y el homenaje
«El grupo de Whatsapp que hemos tenido ha sido el de más actividad de toda mi vida, te lo digo de verdad», ríe Alba, que menciona también las reuniones eternas de una comisión con sedes en Zamora, Madrid, Berlín, Tenerife o Codesal. «Nos hemos esforzado muchísimo», remacha la representante de la directiva, que ha compartido añada con gente como Ingrid García, Noémie Mour o Elena Lorenzo. Esta última añade que el hecho de haber organizado las celebraciones del cuarenta aniversario ha pesado en la ilusión, siempre en positivo. «Como un homenaje a todos los que hemos crecido con esta fiesta», apunta la treintañera, que ya vino al mundo después de que los seis de la génesis miraran a todas partes en Pedroso de la Carballeda y solo vieran gente de Codesal.
Lo mismo sucede ahora en la era. Aún pega fuerte el sol de las siete de la tarde, pero la vecindad ha ido a ver una exhibición de tradiciones con lana o a disfrutar de los partidos de pádel en la pista cercana. Este sábado, allí mismo, se brindará por los cuarenta años de Las Raíces, aunque en realidad el trago irá por la memoria de la gente que impulsó el colectivo con sus manos y no está, y por el deseo de que sus descendientes sujeten el legado en el futuro. «Estos días hemos comentado entre algunos vecinos que el modelo podría agotarse por falta de relevo, pero yo les decía: mirad cómo está la era de chavales», zanja Lucio. Pronto les llegará el testigo.

