Después del fuego, las consecuencias. Las inmediatas y las que están por venir. El incendio de Fermoselle quedó estabilizado a última hora del lunes tras calcinar, según las primeras estimaciones, más de 11.000 hectáreas. Dentro de ese terreno afectado y en sus alrededores se encuentran las viñas de algunas de las bodegas integradas en la Denominación de Origen Arribes, donde se produce uno de los vinos más particulares del territorio, con variedades especiales y con una popularidad creciente. Ahora, los responsables de las bodegas temen que las llamas y el humo vayan a condicionar de manera decisiva la añada 2026.
Lo cuenta, desde Formariz, José Manuel Benéitez, uno de los responsables de El Hato y El Garabato, la bodega que hace solo unos meses consiguió colar uno de sus vinos blancos entre los cien con mejor calidad-precio en la clasificación de James Suckling: «Después del incendio, el impacto más gordo que prevemos es el que sufren las zonas que se ven afectadas por los grandes incendios: cuando se elabora, el vino huele y sabe a humo», explica este enólogo, que también es ingeniero de Montes.

Eso, como puede intuir cualquiera, «es un problema organoléptico a la hora de poner un vino en el mercado». Hasta el punto, según Benéitez, de que «no se sabe si el producto que se va a elaborar se va a embotellar o se va a poder utilizar». Y no solo hablamos de las vides que se han quemado, sino de todas las que se han visto sumergidas en el amplio perímetro golpeado por el humo que cubrió la zona en los días más complicados del incendio.
En ese sentido, conviene apuntar que las viñas, en muchas ocasiones, ejercen como cortafuegos en los incendios. «Se habrán quemado los primeros líneos, pero normalmente el resto de la viña lo soporta», señala Benéitez, que mira, por tanto, al tema del humo como «el impacto más inmediato» en una vendimia 2026 a la que no le queda mucho para comenzar. Al menos, en el caso de El Hato y El Garabato.
En esta bodega de Formariz, la previsión era arrancar con ese trabajo durante la segunda quincena de agosto. Es decir, en torno a «veinte días» después del incendio que ha castigado a la zona. El fuego no debería modificar esos plazos, habida cuenta de que «la fecha de maduración de la uva es la misma» independientemente del suceso. A partir de ahí, la vendimia se desarrollará con normalidad y los procesos posteriores también se ejecutarán «como cualquier año».
Será una vez se complete el ciclo cuando esta y otras bodegas comprobarán hasta qué punto el humo ha condicionado sus vinos. «Cruzaremos los dedos para que las elaboraciones vayan de la mejor forma. Ojalá dentro de mes y medio te pueda decir que no hemos tenido ese problema con nuestras uvas, pero lo previsible es que suceda», concede el enólogo.
El caso de Fornillos
En ese sentido, Benéitez no es el único profesional que contempla la posibilidad de que el vino de este año sea otra víctima del incendio. En La Setera de Fornillos de Fermoselle, su responsable, Patxi Martínez, también teme que eso suceda, aunque en su caso lo comprobará más tarde. Su vendimia no arrancará hasta entrado el mes de septiembre.
