El amanecer del primer día de agosto fue de alivio y lamento en Mámoles. Las dos emociones caben. Por un lado, la tranquilidad del regreso y del control de las llamas que cercaron el pueblo. Por el otro, la pena por las consecuencias tras el paso del fuego. La gente se echó a la calle para hacer balance y para constatar que, efectivamente, algunos vecinos sufrieron pérdidas graves por culpa de las llamas que pusieron en jaque especialmente a esta localidad próxima a la frontera con Portugal. La postal de Arribes que uno contempla desde sus rampas evidencia que aquí la belleza viene acompañada de una orografía que no ayuda cuando los incendios sobrevienen.
En esa misma mañana del 1 de agosto, José Antonio Renilla y Loli Berrocal mueven varios burros y un caballo hacia otras dependencias en el pueblo. Él pide que se respete su deseo de no salir en fotografías. Así será. Ella es la que cuenta las consecuencias para el negocio que gestionan en Mámoles. Se trata de La Alquería, un alojamiento rural que ofrece sus servicios en internet como una posada «para enamorarse de la zona». Sus buenas reseñas les avalan. El aspecto de las instalaciones, también. El incendio, además, las ha dejado intactas. Hubo cierto riesgo, pero libraron. Su problema llegó horas después.

Como varios de los alojamientos del entorno, La Alquería empezó a recibir cancelaciones de las reservas para las próximas semanas, las más fuertes del año. El escenario que se dibuja ahora en esta zona de Arribes es similar al de Sanabria después del fuego de 2025: los clientes han visto las imágenes del fuego y perciben la comarca como un lugar arrasado por las llamas. Mientras, desde el terreno, los negocios vinculados al turismo se esfuerzan por trasladar que, aunque el incendio ha castigado parajes naturales, hay sitios que se han quedado intactos y que el territorio se puede disfrutar sorteando el rastro del desastre.
De hecho, en sus redes sociales, los responsables de La Alquería lanzaron un mensaje en el que admitieron la afectación de parte del pueblo y del entorno – «sería injusto ocultarlo – pero en el que también remarcaron que otras muchas zonas «permanecen intactas y conservan toda la belleza de Arribes del Duero y la tranquilidad que siempre ha caracterizado a Mámoles». «Nuestro alojamiento está preparado para seguir recibiendo huéspedes con total normalidad y con la misma ilusión de siempre. Visitar Mámoles sigue siendo una forma de disfrutar de un lugar único y, además, de apoyar a un pueblo que hoy necesita más que nunca el cariño y la presencia de quienes lo aprecian», remacharon los dueños del negocio.
El mensaje publicado en las redes fue en la misma línea de lo trasladado por Berrocal a las puertas de su negocio después de constatar que «la mitad de las reservas» para las próximas semanas y están canceladas. «En el mismo pueblo, toda la zona norte está intacta, no todo está destrozado, pero lo que la gente ve son las imágenes del fuego», lamenta la responsable de La Alquería, que asegura que hubo gente que anuló sus reservas antes incluso de que el fuego llegara a Mámoles. Todo, a las puertas de ese fin de semana inicial de agosto en el que este alojamiento iba a «empezar a trabajar bien».
Otros alojamientos
El panorama que describe Berrocal en Mámoles este pasado sábado es similar al que cuentan horas después los responsables de algunos alojamientos de la zona. Allá por donde corrió el incendio, corren también las cancelaciones. Sucede, sin ir más lejos, en Fermoselle, que tiene el inconveniente extra de darle el nombre al fuego. Aquí, por citar un caso, la Posada Doña Urraca lo tiene todo cancelado para los próximos quince días. También otra casa rural de la propia localidad ha visto cómo los clientes le anulaban todo lo que tenían ya comprometido para estas fechas.
Ocurre en Mámoles, en Fermoselle y en localidades de la contorna como Fornillos. Allí, la Casa de los Arribes estima 3.000 euros en pérdidas por las cancelaciones, mientras que otro de los alojamientos rurales suma ya una semana de cancelación en agosto, otra en septiembre y la pérdida de quienes estaban allí estos días, fueron desalojados y ya no volvieron. Esto, que afecta a negocios vinculados como restaurantes, tiendas, panaderías o empresas de actividades, también habrá que reconstruirlo.
