Se cree que nació en Guadalajara mediado el siglo XV, en torno a 1450. Se estima que unos años antes, en la ciudad alemana de Maguncia, Johannes Gutenberg inició los primeros ensayos del invento que después le haría ser recordado por la historia: la imprenta. En torno al año de nacimiento que estimábamos de nuestro protagonista es cuando se imprimirían los primeros libros de la historia. Conocido tanto como Antón como por el nombre de Antonio, el protagonista de esta historia vivió en Zamora durante su etapa profesional. Es, de hecho, una de las personas que más fama proporcionó a la ciudad en su época, pues contaba con el mérito de ser el primer impresor español que vivió de ello. Hablamos de Antón Centenera, persona que después prestaría su nombre a una de las calles de la ciudad.
De Centenera se ignora casi todo. Se cree que era de Guadalajara, pero no se puede afirmar, como tampoco su época de nacimiento. Para ser impresor, dejó plasmado muy poco de su historia, prácticamente nada. Por indicios se sitúa su llegada al mundo en ese año de 1450, su muerte, seguramente en Zamora, fue en torno al año 1504 (con menos de cincuenta años) y no se sabe dónde aprendió el origen. «Sobre el lugar de su nacimiento, sí se piensa que recurrió a tomar el nombre de su lugar de origen, Centenera, al menos son tres los que se encuentran con este nombre, en las provincias de Jaén, Guadalajara y Soria, si bien todo parece indicar que se trata de la localidad alcarreña, pues es aquí donde terminará residiendo su hijo», según indica la Real Academia de la Historia tras sus investigaciones sobre este ilustre vecino de la ciudad. Es probable que naciera en la segunda mitad del siglo xv, entre 1450 y 1455, si se tienen en cuenta los años en los que estuvo activo como impresor. Su nombre aparece por última vez en un documento fechado el 8 de julio de 1504, fecha en la que los justicias de Zamora ordenan el pago por la impresión de un mandamiento. A partir de aquí, su nombre no vuelve a aparecer hasta 1539, pero ya como difunto en el testamento de su mujer, aunque sin saber si su fallecimiento se había producido recientemente.
«Su mujer fue Isabel de Vega y el matrimonio tuvo dos hijos, Alonso e Isabel. Parece que se instala en Zamora hacia 1481, pues ya en 1482 su nombre aparece por primera vez en un colofón, el de la Vita Christi de Íñigo Mendoza», siempre según la Real Academia de la Historia. Centenera centra su actividad en Zamora entre los años 1482 y 1492, y, a diferencia de otros impresores que trabajan en estos primeros tiempos de la imprenta, no recorrerá las ciudades españolas en busca de trabajo.

Tampoco abundan las noticias sobre su actividad impresora. Lo que se sabe es lo que se desprende de una serie de libros que llevan su nombre, junto a otros en los que no consta, pero que se puede deducir que fueron impresos por él a través del estudio de la tipografía. «Sin embargo, hay cuestiones que el estudio de sus impresiones no va a proporcionar. En primer lugar, se desconoce si tuvo los suficientes conocimientos sobre la imprenta o simplemente contó con los recursos económicos necesarios para adquirir una y ostentar su titularidad. Esta teoría podría confirmarse por el hecho de que la imprenta se mantuvo activa hasta que su dueño encontró otro negocio más rentable», según Historia Hispánica. Las investigaciones apuntan a que Centenera, durante estos años y debido a la expulsión de los judíos decretada en 1492 por los Reyes Católicos, se dedicó a comprar sus bienes raíces a bajo precio, especialmente casas que le proporcionaron un importante capital.
Se sabe cómo fue su taller a través de un documento impreso descrito por Rafael Florales. Localizado en la calle de las Doncellas, entre sus empleados figuran Juan de Paredes, Cristóbal Rodríguez Laguna, Francisco Arias y Alonso Sevilla. Se deduce de estos datos que el taller debía de tener una sola prensa, que necesitaba para su manejo por lo menos de cuatro operarios. Se tiene constancia de 22 impresos, aunque cinco de ellos se conocen por referencias indirectas. En ellos es frecuente la omisión de los datos tipográficos de lugar y fecha. En ocasiones se identifican sus libros por la sencilla fórmula de «Hecho en Zamora por Centenera».
A través de sus obras se puede llegar a saber que el taller de Centenera contó con cuatro tipografías diferentes, todas ellas góticas. Sus impresos presentan la característica de carecer de letras capitulares, dejando los espacios en blanco para ser dibujadas posteriormente, aunque sí cuenta con mayúsculas lombardas. «Entre sus producciones más notables figuran sin duda las Introducciones latinas de Antonio de Nebrija en latín y castellano, obra impresa hacia 1487 sobre la que había realizado Juan de Porras en Salamanca en 1486. Pero, sobre todo, Centenera ha alcanzado gran fama por la calidad de los grabados que utiliza en la obra de Enrique de Villena, Los doce trabajos de Hércules, impresa el segundo año de su actividad. La obra cuenta con once xilografías de factura plenamente castellana y de una calidad poco común en la época», celebran en la Real Academia de la Historia.
Su última impresión es el Pseustis et Alethia ecloga Theodolus, de 1492, año en el que cesa la actividad impresora en la ciudad de Zamora hasta 1536, fecha en la que algunos impresores itinerantes se establecieron en la ciudad. Su huella se mantiene hoy. Una de las empresas de impresión de la ciudad lleva su apellido y una calle, la que baja a la estación de tren, mantiene su nombre. El de una de las personas que, hace siglos, contribuyó al esplendor de la ciudad.
