En la carretera que va de Muga de Sayago a Formariz, todo el paisaje es negro. Solo la calzada y los caminos que nacen a su vera rompen la continuidad de una estampa carbonizada. Los ganaderos de la zona confirman este viernes que, en uno de esos parajes, hace unas horas, yacían decenas de ovejas muertas, carbonizadas. El fuego llegó cuando ellas pastaban en un terreno que es de titularidad municipal, en una zona conocida como Las Minas. Ninguna se salvó de las llamas.
Las ovejas pertenecían a una ganadera de Palazuelo de Sayago llamada María Rosario Villar, que gestiona la explotación con la ayuda de su marido. Los responsables de la ganadería confirman que, efectivamente, 101 ejemplares murieron en la noche del miércoles al jueves en aquella parcela. Durante las últimas horas, los cadáveres han sido retirados y ya no quedan restos visibles en el terreno. Las pérdidas representan un tercio del total de los animales de esta explotación familiar que trabaja con oveja churra en extensivo.

Los propios dueños de los animales aseguran que no les dio tiempo a recogerlos de esa zona, habida cuenta de que tenían otras ovejas en una parcela más próxima a Palazuelo. «Las demás las rescatamos y tuvimos que meterlas en una finca arada, allí es donde se han podido defender», aseguran los responsables de la explotación, que afirman que no hubo margen para devolverlas directamente a casa.
En la zona, algunos de los ganaderos consultados son críticos con el manejo de esta ganadería familiar y aseguran que se podría haber actuado de otra manera, del mismo modo que en los ataques de lobo que esta explotación ha sufrido en los últimos tiempos. Lo constatable, en todo caso, es la pérdida de los animales en otro de los sucesos lamentables del incendio que se declaró el miércoles en Fermoselle.
Los dueños de la ganadería, «de toda la vida» en el negocio, lamentan igualmente que, si el monte estuviera más limpio, resultaría más difícil ver avanzar el fuego de ese modo. «Pero el campo está imposible», deslizan, al tiempo que recuerdan que la zona ya sufrió otro incendio hace nueve años. «Y no hemos enmendado absolutamente nada», añaden.
Ahora, la afectación no solo está en la pérdida de animales, también en la carencia de pastos que se vislumbra. En el caso de esta explotación de María Rosario Villar, la nave donde estaba el forraje «sí se pudo defender» y eso aliviará el trance. «Estuvo en la misma puerta, aquí mismo», afirman los ganaderos. Otros compañeros en Zafara, en Formariz y en otros puntos de la comarca tuvieron peor suerte con la comida de su ganado.
