Un relato de angustia al anochecer en Muga de Sayago: «Chavales, está muy cerca, ahí al lado»

El avance del fuego obligó a la defensa al límite de varias localidades en la tarde del miércoles: entre ellas, este lugar donde muchos vecinos se quedaron a colaborar

por Manuel Herrera
Los voluntarios corren contra las llamas en Muga de Sayago. Foto Emilio Fraile.

Anochece en Muga de Sayago. Han pasado siete horas desde que se declaró el incendio. Fue en Fermoselle, pero la luz naranja del horizonte revela que el frente ya está aquí, al pie del pueblo. En fuegos tan voraces como este cuesta hacer análisis o suposiciones más allá de lo que ven los ojos. Y lo que ven aquí es el peligro a la puerta a través del humo que se anticipa y se cuela en cada esquina. Hace unos minutos, las autoridades decretaron el desalojo de este núcleo y, en la travesía de la localidad, la Guardia Civil ya corta los dos carriles de la carretera pasado el cruce de Tudera en dirección a Fariza. Imposible seguir hacia delante.

Como decíamos, Muga está oficialmente evacuado, pero mucha gente ha decidido quedarse. Este pueblo sayagués conserva ganadería y algo de juventud. De lo segundo, más en el verano. Y la vecindad decide colaborar en la defensa del pueblo. En el interior de la localidad, Antonio Castro, conocido por el apellido, sube por las empinadas escaleras de la iglesia parroquial para hacer sonar las campanas y advertir a los que no se hayan enterado del desalojo de la Guardia Civil. El hombre asegura que no sabe tocar a fuego, pero lanza los tañidos al aire para alertar. El que oiga ya preguntará qué pasa.

Un voluntario lucha contra las llamas en Muga de Sayago. Foto Emilio Fraile.
Un voluntario lucha contra las llamas en Muga de Sayago. Foto Emilio Fraile.

En una de las casas cercanas, una familia pide información sobre lo que se ve desde arriba, desde el campanario. Y lo que se ve es el fuego que viene con las últimas luces del día. Esa misma gente se sumerge pronto en sus problemas personales al constatar que un ser querido ha perdido las alpacas – los fardos de paja – que tenía en el entorno de una nave en Zafara. Se palpa el disgusto y el nerviosismo. Esa inquietud es difícil de manejar para todos. Unos centenares de metros más allá, rumbo a la salida de la localidad por las entrañas de Muga, dos señoras con mascarilla vuelven sobre sus pasos y advierten: «Está ahí ya, a la vuelta».

Efectivamente, la nube naranja se percibe ahora como una llama real. Allí, a la entrada de los primeros caminos, en el último asfalto, hay una cuadrilla de una docena de vecinos con palas, ramas, mangueras y todo el arsenal casero que han podido acumular para defender las casas si es necesario. «Cómo viene zumbando», musita una de las mujeres. Para entonces, ya hay información confusa acerca de lo que está pasando en la contorna. Resulta difícil precisar dónde ha llegado el fuego. Por aquí se acerca un frente, pero las lenguas también se ven en la lejanía. ¿Se ha quemado alguna nave? ¿Dónde están los vecinos con los tractores? Los comentarios fluyen, pero la información es frágil.

Los vecinos, en la defensa de la localidad. Foto Emilio Fraile.

La maquinaria agrícola y algún coche pasan por el camino en dirección a las llamas. Parece que por aquí amaina un poco con la jornada ya oscurecida. No se puede decir lo mismo de la zona más pegada al camino de la residencia, en la parte baja de la localidad. Allí, a las puertas del centro de mayores desalojado, se ve naranja en todas las direcciones, y también a un grupo de jóvenes que caminan decididos hacia el límite entre el cemento y la tierra. Lo hacen de la misma guisa que los vecinos de arriba: con batefuegos más o menos improvisados y con la intención de proteger la parte habitada.

Un hombre camina entre el humo y las chispas en Muga de Sayago. Foto Emilio Fraile.
Un hombre camina entre el humo y las chispas en Muga de Sayago. Foto Emilio Fraile.

«Chavales, está muy cerca, ahí al lado», constata una chica. A su vera, otra mujer que llega poco después otea el horizonte y lanza un comentario que es un temor: «Joder, se quema la nave de mi padre». Poco a poco, la zona se va llenando de gente. Hay varias decenas de personas. También alguna patrulla de la Guardia Civil que pide una calma imposible. De fondo, aparecen más vecinos metidos en las inmediaciones del fuego junto a los bomberos destinados a este punto en este instante. «Aquí en las encina no te puedes meter», recalca una joven que dice tener experiencia en la extinción. Hay compás de espera. Nadie quita la mirada.

Un grupo de jóvenes va hacia la zona de la residencia. Foto Emilio Fraile.

Pronto, el fuego se empieza a ver muy cerca. «Hay que defender esto a toda costa», masculla un hombre que sabe que, en el centro de mayores, hay unos depósitos que convendría que el fuego no tocara bajo ningún concepto. Para frenar las llamas, otro de los vecinos de la zona va arando las parcelas cercanas. De momento, aquí, el avance se contiene. En esas, llegan a la zona los bomberos junto a algunos de Muga que se bajan de sus todoterrenos. Hay tensión. Los trabajadores quieren hacer cortafuegos; algún paisano grita que hay naves en riesgo, que atiendan eso primero.

Al final, se hace lo que dicen los bomberos: una quema controlada en las inmediaciones del camino de la residencia. Los vecinos cumplen con las órdenes de los profesionales durante la operación, aunque alguno sigue desesperado con lo que ve a lo lejos y busca el respaldo o el consuelo de un agente de la Guardia Civil. El miembro del instituto armado le dice que le entiende, pero que son los servicios de extinción los que saben y que él bastante tiene con estar de pie en un turno durísimo que empezó a las seis de la mañana. Su interlocutor se va en busca de razones a otra parte.

El presidente de la Diputación, Javier Faúndez, en las inmediaciones de la residencia. Foto Emilio Fraile.

En ese momento, ya pasan unos minutos de las once de la noche. Sigue sin estar claro si se han quemado naves, si han resistido todas las vacas y si el pueblo tiene garantizada su integridad. Faltan muchas horas de madrugada por delante y luego un jueves que se presenta a la vuelta del amanecer como un melón por abrir. Esto que ha leído es solo una foto fija de un periodo concreto en un lugar determinado dentro de la lucha contra el fuego en Sayago. Por la emisora del coche de la Guardia Civil se escuchan problemas en Villar del Buey, varios ganaderos siguen en la pelea a unos centenares de metros de la residencia y también aparece el presidente de la Diputación, que viene de pasarlo «muy mal» con sus efectivos en Palazuelo. Es otra vez el sinvivir de unos incendios que no se dejan poner la correa.

Un hombre, en la noche del 29 de julio, en Muga. Foto Emilio Fraile.

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