José Manuel y Antonio Contra pasan las horas en Bermillo de Sayago desde que el miércoles, a eso de las siete de la tarde, la Guardia Civil pasó por su pueblo, Cozcurrita, y les instó a abandonar el pueblo. Fueron trasladados al mismo punto al que han ido unas trescientas de las cerca de mil personas que no pueden regresar a sus domicilios. Un lugar en el que, a la hora de la comida, las caras más animadas de los más jóvenes del pabellón se entremezclan con las de agotamiento de los más mayores. «Nada, es lo que toca. Y nos queda otra noche, por lo menos. Mientras sea solo una…», habla José Manuel, que pasó la noche en el coche. «Descanso más que en las literas», apunta.
Como el resto del pabellón, la pareja de hermanos aguarda ansiosa cualquier noticia que llegue desde el operativo. Las novedades oficiales escasean, así que no queda mucho más remedio para alimentar la necesidad de información que recurrir a los muchos vecinos, en cada incendio son más que en el anterior, que se quedaron en los pueblos cuando la Guardia Civil llamó a abandonarlos. Las últimas noticias no son malas, pero hay miedo a la tarde, al viento. El frente, aseguran siendo conocedores de las informaciones más recientes, está en Mámoles, en la zona más cercana al río. «A ver si lo paran ahí».

Las conversaciones van y vienen sobre los mismos temas. El calor, el temor a otra noche en vela, el miedo a que las llamas resurjan, el cansancio… Y, sobre todo, la inquietud por lo que habrá cuando se regrese al pueblo. Antonio y José Manuel han conseguido ir esta mañana a echar de comer al ganado y han aprovechado para reconocer levemente el terreno. Los mensajes que traen a los vecinos son buenos: las llamas no se han acercado de momento a las casas. Y el lamento, claro, por el fuego, que este año era esperado. «Está el monte con la hierba altísima, ni lo limpian ni dejan limpiarlo. Si arrancas una zarza tienes que pedir permiso y luego tienes que llamar por teléfono para avisar de que la vas a quemar. Al final, la dejas en el monte. Y ahora, pues claro, arde».
Los evacuados están siendo atendido por un equipo de decenas de voluntarios entre los que hay miembros de Protección Civil, de la Asociación Española Contra el Cáncer (que presta especial atención a los enfermos, que los hay, que han tenido que abandonar sus casas) y de Cruz Roja. Alba Moliner es una de las coordinadoras de Cruz Roja y relata que los evacuados que se encuentran en el pabellón de Bermillo de Sayago son, sobre todo, gente mayor que no tiene otro domicilio al que desplazarse en estas emergencias. Los que estaban en la zona de veraneo han regresado sin más a sus lugares de origen y los que tienen un piso en Zamora o algún familiar en disposición de dar cobijo, han acudido a ello. «Los mayores son personas muy resilientes. Tienen sus preocupaciones con el pueblo, el ganado, los animales… pero son capaces de asumir la situación mejor que los jóvenes», explica Moliner.

El dispositivo está de momento preparado para 300 personas, aunque hay otras muchas camas apiladas en el pabellón por si la emergencia aumenta durante la tarde del jueves. Mientras, va acabando la comida y se va haciendo el silencio en la sobremesa. Algunos aprovechan para tumbarse y cerrar un poco los ojos, otros salen a estirar las piernas, otros se quedan charlando… Un grupo de niños va pensando en preparar el bañador para ir a la piscina de Bermillo de Sayago a combatir el calor. «Ya que estamos aquí…», le dice un chaval a otro. La tarde se prevé larga y la noche, más. La esperanza es que sea la última.

