Maruja Marcos espera a la sombra que da la iglesia de Arcillo. La tarde está para poca broma con el calor. Cuando los periodistas llegan al punto de encuentro, la alcaldesa pedánea de este pueblo de Sayago revela que hace un par de minutos les había escrito por Whatsapp para confirmarles que ya estaba en la plaza. «Pero mira, no te ha llegado nada», constata la mujer. Nada nuevo en esta localidad desconectada a pesar de su relativa cercanía con Zamora capital. En veinte minutos en coche, uno se puede plantar sin problemas en este anejo de Pereruela. Lo que no va a encontrar aquí es cobertura móvil o de datos. Si acaso, un servicio intermitente que va y viene. Insuficiente en los tiempos que corren.
Lo cuenta Maruja, que aclara además que la desconexión ha ido a peor en el último año. «Hemos perdido muchísima cobertura», lamenta la representante de la localidad, mientras varios vecinos más van llegando a la zona para confirmar el relato. «Trabajar con el móvil o con internet aquí es imposible», insiste la alcaldesa pedánea, que tiene cerca ejemplos de gente perjudicada. «Mi hijo, que está estudiando, viene al pueblo y dice: aquí no me quedo. Somos poca gente y vamos a terminar despoblados del todo», advierte la vecina.

Maruja estima que, en Arcillo, viven de continuo unas treinta personas. En realidad, censadas son diecisiete. «Pero en verano llegamos a unas cincuenta», aclara la sayaguesa. Con la desconexión, parece difícil que los números crezcan. «Llevo todo el año hablando con el subdelegado del Gobierno, Ángel Blanco, y está estudiando qué alternativas son viables para tener más cobertura», indica la pedánea, que espera la visita del responsable institucional en la segunda quincena de agosto para ver in situ el problema. Se ha comprometido. «Espero que sea verdad», apunta la mujer.
Mientras tanto, la gente convive con el día a día de no poder llamar o de buscar un rincón de la casa donde llegue alguna mini conexión para responder un Whatsapp. Preferiblemente, con Orange. El resto lo pone casi imposible. En Arcillo lamentan que en otros pueblos de la contorna ya tienen fibra desde hace tiempo. No hablamos de grandes municipios, sino de localidades de estructura similar como Sogo o Malillos. Allí también hay algunos conflictos por culpa de la cobertura, pero al menos hay alternativas para internet. «Como somos poca gente, no les interesamos», opina Maruja.
La pedánea habla de situaciones concretas que convierten este lastre en un verdadero inconveniente: «Un día tuve un problema en la carretera y llamé a mi marido, pero era imposible localizarlo porque no tenía cobertura ninguna», pone como ejemplo la vecina, que también recuerda a personas subidas a escaleras para poder hacer llamadas. Abajo, «en cinco minutos, la red ha ido y ha vuelto varias veces», remacha Maruja. Mientras ella habla, al fondo, un par de muchachos rubios desafían al calor en la bicicleta. Una estampa típica de verano en la Zamora de los pueblos.
El teletrabajo
Otra escena que se ha convertido habitual de un tiempo a esta parte es la de los teletrabajadores pasando temporadas en las comarcas gracias a las posibilidades que ofrece la faena remota. «Inviable» en Arcillo. Lo cuentan Raúl Pérez y Carlos Malalana. «Hay gente que viene de fuera y le toca marchar a Zamora a teletrabajar. Mi prima ha venido ahora de Madrid y todos los días iba a la ciudad, a la biblioteca pública, para poder hacerlo», asevera el primero de estos dos vecinos del pueblo sayagués, que subrayan que aquí ni te puedes conectar a los sistemas, ni puedes hablar por teléfono y ni mucho menos puedes conectarte a una videoconferencia.
«Llegamos a la luna y no tenemos cobertura en el pueblo», añade Carlos. Los dos inciden en que, si aquí hubiera cobertura móvil e internet, la gente «se tiraría más tiempo de vacaciones». Incluso, habría más personas que, como ellos, se plantearían la posibilidad de residir en Arcillo buena parte del año e ir y venir a Zamora a trabajar. La desconexión resulta disuasoria. Los vecinos hablan de las alternativas planteadas: de la fibra, de las antenas, de las obras más o menos costosas que se han llegado a diseñar. El asunto es que, de momento, no hay nada.
Además, el problema principal es utilitario, pero conviene no olvidar que la ausencia de internet también golpea al ocio. Olvídese aquí de suscribirse a plataformas de películas o de deporte. «Ya me han llamado todas las compañías y no se puede», remarca Raúl. A su lado, Carlos ríe al recordar que, hace años, cuando iba a pescar a la zona del embalse, el móvil ya se le conectaba a la cobertura portuguesa. «Deben tener receptores más potentes», desliza el vecino. Los que dan servicio a Arcillo, desde luego, van menos que justitos.
