En la representación de San Cristóbal que se puede ver en la iglesia-museo de San Sebastián de los Caballeros de Toro aparece una inscripción: «Teresa Díez me hizo». O, como realmente está escrito, «Teresa Díez me fecit». Son estas palabras, prácticamente, el único conocimiento que se tiene de la existencia de una mujer que, se estima, puede ser la autora de uno de los grupos pictóricos más importantes de la pintura castellana del siglo XIV. ¿Había mujeres artistas en tiempos pasados? Por supuesto. ¿Hay constancia de ello? Esto es más complicado, y la figura de Teresa Díez es el ejemplo perfecto para ilustrarlo.
Según explicaba en un artículo sobre el tema Fernando Gutiérrez, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Valladolid, la duda real radica en si Teresa Díez fue la autora, como algunos defienden, o la comitente (quien encargó) los cuadros. Y es que el «me fecit», en latín, «me hizo», abre muchos interrogantes. «En principio, debemos entender que indica la ejecución material de la obra a la que se asocia (en este caso, las pinturas murales del coro del convento de Santa Clara de Toro). Si aceptamos esta interpretación, Teresa Díez sería una pintora y, como tal, la autora de uno de los conjuntos más importantes de la pintura castellana de estilo gótico lineal del siglo XIV», apunta Gutiérrez. Pero no todo es tan claro.

Y es que esa expresión latina, «me fecit», se usaba también para indicar la persona que había encargado la obra, no el autor material. Y, sí es la persona que encargó el mural de San Cristóbal, también habrá que dirimir si estuvo detrás, como comitente o autora, del resto de frescos, expuestos como un todo pero que en realidad son obras independientes. Pinturas que, por cierto, fueron descubiertas en el convento de las Clarisas de Toro hace algo más de medio siglo, que se arrancaron de su lugar y que se trasladaron. De la documentación del convento, apunta también en su artículo el citado Fernando Gutiérrez, no se obtuvo ningún documento en el que apareciera el nombre de Teresa Díez.
«Lo cierto es que nos planteamos esta cuestión por el mero hecho de que precede al me fecit el nombre de una mujer; si fuese el de un hombre, jamás dudaríamos de que se trata del autor del conjunto. En primer lugar, porque en este periodo es más extraña la presencia de una mujer artista que la de un hombre (no imposible, pero sí extraña). Por lo tanto, las firmas de hombres se asumen y las de mujeres se cuestionan en tanto no haya evidencias adicionales. Y en segundo lugar, porque al hablar de unas pinturas murales que están en un espacio de estricta clausura conventual, el único rol que hubiese podido desempeñar ahí un hombre hubiese sido el de autor», relata el catedrático en su texto «Teresa Díez: ¿una pintora en la Castilla del siglo XIV?». A falta de pruebas, insiste, «debe considerarse a Díez como la pintora».

Y, más allá, cabe preguntarse quién fue esta mujer, de la que no hay más resto que esta firma sobre un escudo de armas que ni siquiera ha podido ser identificado. De ella no se ha encontrado ninguna otra noticia documental. Tomando como punto de partida la firma o inscripción localizada en las pinturas murales procedentes del monasterio de Santa Clara, ha sido tenida por pintora activa en la provincia de Zamora en la primera mitad del siglo XIV. Quizá monja del mismo convento. Es posible que futuras investigaciones arrojen más luz sobre el asunto pero, de momento, las que se pueden ver en Toro son unas de las primeras obras de arte firmadas por una mujer en España.
«Sea como fuera», concluye Fernando Gutiérrez, «el conjunto de pinturas murales del coro del convento de Santa Clara de Toro es uno de los testimonios más importantes de la pintura castellana y española del siglo XIV y uno de los testimonios más importantes de la espiritualidad femenina en clausura del Occidente medieval. Y es indudable que Teresa Díez, quienquiera que fuera, jugó un papel activo en su conformación».
