Una investigación científica multidisciplinar realizada por profesores del Departamento de Geología y del Departamento de Ingeniería Cartográfica y del Terreno de la Universidad de Salamanca, e investigadores de la Confederación Hidrográfica del Duero y de la Universidad Politécnica de Madrid ha arrojado luz sobre el preocupante problema de la muerte y pérdida de rendimiento de cultivos hortícolas (como zanahorias y patatas) detectado en la vega del río Duero.
Los resultados del trabajo revelan que el bombeo intensivo de agua subterránea durante los meses de verano rompe el delicado equilibrio de los acuíferos locales, provocando el ascenso forzado de aguas profundas con altas concentraciones de sal.
El estudio científico, publicado en la prestigiosa revista internacional “Journal of Hydrology: Regional Studies”, supone el primer análisis detallado de un problema de salinización de aguas en el interior de la cuenca del Duero. Tradicionalmente, este tipo de procesos se asociaban casi en exclusiva a zonas costeras afectadas por la intrusión marina, pero esta investigación constata que “las cuencas continentales también corren un grave riesgo debido a la sobreexplotación de sus recursos hídricos”, según explica Pedro Huerta Hurtado, profesor del Departamento de Geología e investigador principal.
“En la Cuenca del Duero tenemos un acuífero continental separado del mar, pero que en ocasiones nos puede dar problemas similares a lo que ocurre en las zonas costeras, dado que cuando se bombean las aguas muy profundas, en contacto durante mucho tiempo con las rocas, disuelven las sales que llevan con niveles de salinidad muy altos”, subraya Huerta Hurtado.

Técnicas de investigación avanzadas
Mediante la combinación de avanzadas técnicas geofísicas (perfiles electromagnéticos en el dominio del tiempo), análisis geoquímicos y el uso de isótopos estables, los investigadores determinaron que bajo la llanura de inundación de Tordesillas coexisten dos tipos de agua. En los niveles más superficiales (hasta unos 100 metros de profundidad) se encuentra agua dulce y de recarga local reciente. Sin embargo, a mayores profundidades (por debajo de los 150-200 metros) discurren flujos subterráneos de carácter regional fuertemente salinos. Estas aguas profundas adquieren su alta salinidad de manera natural al disolver los yesos miocenos y triásicos del subsuelo de la cuenca a lo largo de miles de años.
En condiciones naturales, estas aguas salinas profundas se descargan y diluyen de forma lenta y segura al confluir con el agua dulce superficial y el cauce del río Duero. No obstante, el estudio demuestra que las captaciones de riego agrícola —que habitualmente perforan entre los 100 y 150 metros de profundidad— ejercen una fuerte succión. Este intenso bombeo estival genera un efecto «embudo» que rompe la frontera entre ambas masas de agua y hace ascender la interfaz salina. Cuando los pozos de riego empiezan a absorber esta agua profunda y salobre, los cultivos hortícolas de la zona sufren graves daños e incluso la muerte fulminante, tal y como ya se documentó en las campañas hortícolas de 2020 y 2022.
Los autores de la investigación subrayan que el objetivo no es “criminalizar el regadío”, un sector estratégico para la economía de Castilla y León, “sino dotar a los agricultores y a la administración de herramientas para garantizar su sostenibilidad a largo plazo”, precisa el investigador de la Universidad de Salamanca.
Recomendaciones técnicas
Entre las principales recomendaciones técnicas derivadas del artículo destaca la propuesta de implantar sistemas de alerta temprana mediante sensores de conductividad eléctrica instalados a diferentes profundidades en los piezómetros de control. Esto permitiría detectar de forma anticipada el ascenso del agua salina antes de que alcance las bombas de captación, ofreciendo un margen de maniobra crucial para reorganizar temporalmente los bombeos, reducir las extracciones o alternar los pozos en uso, protegiendo así tanto la calidad del acuífero como el futuro de las cosechas.
