Villardondiego aparece al pie de Toro, en el este de la provincia. Es un municipio pequeño, sin anejos y con apenas 111 habitantes, pero encabeza una lista: ningún otro ayuntamiento zamorano registra tantos coches por habitante. Son 170 si se reduce la cuenta a los turismos. Es decir, 59 más que vecinos censados. Su caso se erige como el más evidente, pero no se trata de la única localidad en la que los vehículos de esta índole superan al número de personas.
De hecho, en esa misma situación se encuentran Valcabado (450 turismos y 415 vecinos), Villabrázaro (290 y 257), Friera de Valverde (133 y 121), Cotanes del Monte (91 y 80), Villar de Fallaves (61 y 50), Prado (61 y 53), Vidayanes (81 y 74), Cuelgamures (84 y 78), Granja de Moreruela (234 y 230) y Cañizo (200 y 197). Todo, según los datos que publica la Dirección General de Tráfico (DGT).
Si se cambia el criterio y se compara el número de turismos con el de conductores dados de alta en cada municipio, la realidad dice que solo hay diez municipios en la provincia con menos personas con carné que coches. En esa situación casi anómala dentro del contexto están Moral de Sayago, Puebla de Sanabria, Villalpando, Morales del Vino, Galende, Villanueva de las Peras, Pobladura de Valderaduey, Toro, Benavente y Zamora.
La presencia de los tres últimos de la lista deja patente una realidad: los grandes núcleos de la provincia tienen menos turismos por conductor o por habitante que el resto. De hecho, los 245 municipios al margen de estos tres acumulan el 48% de la población, pero tienen el 57% de los coches. La dependencia del vehículo privado en las comarcas es una realidad patente que se cuela en las cifras y también en los propios informes gubernamentales.
En ese sentido, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible publicó en mayo un estudio en el que admitió que «la brecha de movilidad entre el campo y la ciudad es evidente en el gasto y la propiedad de vehículos». Según el Observatorio del Transporte y la Logística en España (OTLE), mientras que en las ciudades el coche privado supone el 87,4% del gasto en transporte, en las zonas rurales esta cifra se dispara hasta el 96,2%. Esta dependencia se refleja también en la tasa de motorización: el entorno rural cuenta con 698 vehículos por cada 1000 habitantes de media, una cifra que supera ampliamente los 470 vehículos registrados en los núcleos urbanos.
En la España rural esta dependencia del vehículo privado se refleja en los carnés de conducir: aunque los municipios de menos de 20 000 habitantes solo albergan al 15% de la población, concentran el 32% de los permisos de conducir del país, con los jóvenes rurales liderando las nuevas matriculaciones.
También la DGT emitió un informe en 2025 en el que concedió que los habitantes de las áreas rurales «son muy dependientes del coche privado». Además, «la baja rentabilidad se utiliza como argumento para justificar la falta de una adecuada oferta de transporte público». «Frente a esta realidad, el alquiler por uso, compartir coche, el transporte colectivo a demanda o las redes colaborativas, entre otras opciones, aparecen no sólo como alternativas eficientes y más sostenibles, sino que también colaboran a una mayor seguridad vial»: la mayoría de estas poblaciones están conectadas únicamente por carreteras secundarias, y, según los datos de 2024, 831 personas fallecieron en 20.480 siniestros registrados en estas vías el año pasado en España.
Las ideas
Ante este panorama, una de las alternativas planteadas por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico es el llamado transporte a la demanda, que ya existe en muchos puntos de Zamora, pero otra es la creación de una línea específica de ayudas dirigida a entidades locales (diputaciones provinciales, mancomunidades, comarcas o municipios) para el impulso de proyectos de movilidad compartida y «otras soluciones innovadoras adaptadas a las características territoriales, demográficas y sociales de cada zona».
Entre las posibles soluciones que podrían impulsarse en el marco de este programa, se incluyen: el desarrollo de aplicaciones digitales para fomentar que se compartan viajes entre particulares, la puesta en marcha de servicios de taxi compartido en pequeñas localidades o entre municipios colindantes, la puesta a disposición de vehículos comunitarios y puntos de recarga para uso vecinal mediante sistemas de reserva, la provisión de servicios en formato de sede móvil con capacidad de atender a varias localidades con una única unidad o la provisión de servicios con vehículos autónomos para cubrir recorridos de baja demanda. Mientras eso cristaliza, solo queda que los pueblos sigan la tendencia de Villardondiego. Cada vez más coches.
