Hace 35 años, en 1991, un joven veterinario cruzó el océano para asomarse a nuevas experiencias en Canadá. De allí regresó con algunas ideas y con un conocimiento muy reforzado acerca de una raza de perros con la que ya había tenido contacto previamente: los malamute de Alaska. El aprendizaje en Norteamérica convenció a aquel profesional de la idoneidad de habilitar un espacio en su lugar de origen para criar canes de esta clase. Y así nació Kabluna, un proyecto inicialmente pensado para el fomento y la conservación de los malamute y, ahora, transformado en algo más grande. Todo, a las afueras de Corrales del Vino.
El veterinario responde al nombre de José Iglesias y, tanto tiempo después, sigue al frente del proyecto junto a sus hermanos: Luis Ángel y Beatriz. Ella es la que cuenta la historia: «El negocio ha ido cambiando y creciendo con el tiempo», apunta la mujer. Lo que inicialmente se concibió como una residencia para los malamute, finalmente terminó convertido en un recinto de cuatro hectáreas dividido en varias zonas para dar cabida a un hotel canino. En realidad, canino, felino y lo que surja. «Tuvimos la necesidad de crear las instalaciones y de amortizarlas», explica Beatriz.

Las dependencias, en plena naturaleza, tienen capacidad para acoger actualmente a 75 perros, 20 gatos y tres conejos. Eso, más los animales de otras especies que viven allí de continuo. La dimensión del espacio da una idea del jaleo que pueden tener los responsables y los trabajadores de Kabluna en una temporada como esta, y es que los hoteles caninos y felinos son, básicamente, el lugar donde los dueños dejan a los animales durante los días y las noches que no pueden cuidarlos. Como podrá intuir el lector, las vacaciones estivales son el momento de mayor demanda del servicio.
Beatriz Iglesias hace un hueco en su ajetreado mes de julio para relatarlo: «Empezamos solo con perros grandes. Luego se fue dividiendo la zona para tener perros de todo tipo. A partir de ahí ampliamos a gatos y ahora ya hay también conejos, pájaros o incluso, en algún momento, reptiles. Al final, vemos qué es lo que necesitan nuestros clientes e intentamos dárselo», aclara la responsable del negocio. Lo que precisan quienes recurren a ellos son, normalmente, unas semanas de cuidados para el animal. «Pero también tenemos gente que tiene que viajar mucho y nos los dejan aquí una vez al mes», matiza la mujer.

Esa circunstancia se ve reforzada por el hecho de que muchos hoteles ya no permiten la presencia de perros y gatos en sus instalaciones. O al menos de determinado tipo de canes y felinos. Por eso, muchos dueños optan por dejar a sus animales en lugares como este, ubicado en un espacio verde de grandes dimensiones que permite el esparcimiento de las mascotas sin necesidad de que los dueños o los trabajadores de Kabluna saquen a ninguna a pasear. Aquí hay terreno suficiente. «Cuando entran, se les quita el collar y la correa, y van sueltos en todo momento», asegura Beatriz.
Sueltos no quiere decir a su libre albedrío y todos mezclados. «Las instalaciones tienen pasillos de seguridad para entrar y salir, y determinadas zonas de parque», subraya la responsable de Kabluna: «Es como un pequeño campamento. Los perros vienen a hacer de perros y los gatos, de gatos», señala Beatriz, que insiste en que todo cambia en verano por el incremento de la demanda. Por ejemplo, la estancia mínima pasa a ser de dos o tres noches, «porque si no es imposible». En invierno, el asunto se torna más relajado.

Pero lejos queda el frío. En estos meses de julio y agosto, los hermanos empiezan a funcionar entre las siete y las siete y media de la mañana. Ya a las ocho se incorporan dos trabajadores que tienen un contrato de temporada para reforzar la plantilla en verano. Todos ellos sacan a los perros por turnos a sus respectivas zonas durante la mañana. En las horas de calor, la actividad se centra en el riego y el refresco de todos los parques y, por la tarde, se habilita una segunda salida para cada animal. A eso de las siete y media comienza el turno de cenas y, más tarde, el descanso.
Todo eso, en cada zona, para perros pequeños, medianos, grandes, jóvenes, adultos, en parejas, en celo o en grupos de tres o de cuatro. A eso hay que sumar que Kabluna tiene un servicio de recogida a un radio aproximado de una hora, con el foco puesto principalmente en las ciudades de Zamora y Salamanca. Muchos dueños prefieren ir por su cuenta, pero existe la posibilidad de que el propio personal del hotel canino y felino haga el transporte.

Beatriz Iglesias cuenta esto antes de mostrar lo que dice. Efectivamente, el sistema de los pasillos permite controlar los lugares por los que se mueven los animales. También hay diferentes zonas en función de la tarifa. Por ejemplo, existen habitaciones individuales, en una zona llamada «el resort», donde hay incluso cámaras para que los dueños puedan ver a los perros mientras están en Kabluna. Un poco a la carta, dentro de las posibilidades.
En el paseo por las instalaciones se convive con el carácter y la idiosincrasia de cada animal. Ahí aparece un pequeño galgo juguetón. Más allá, un grupito de bulldogs franceses bastante ruidosos. Y, por una zona distinta, algunos perros más mayores totalmente calmados y en busca del fresco matinal del terreno sombrío. Ya en el otro lado de las dependencias, gatos como Rocky permanecen impasibles en sus habitaciones, no muy lejos de un conejo que lo observa todo sin inmutarse.

El emú y la faena
Beatriz Iglesias explica, ante la llamativa presencia de algunos animales en otras partes del recorrido, que Kabluna también cuenta con ejemplares de rescate que le llegan y que ellos cuidan en la medida de sus posibilidades. Por ejemplo, en un terrenito hay una cabra. Y, en otro rincón, varias gallinas y algún pavo real. Aunque, quizá, la que más llama la atención sea Sofía, una emú de 25 años que lleva 19 como residente fija en estas instalaciones de Corrales del Vino.
Desde su posición, el ave irá viendo pasar mascotas durante todas estas semanas, «el punto álgido» de la faena en el negocio. «Ya estamos al 98% y, en agosto, esto se pone al 100%», revela Beatriz, que comenta que hay un grupo de clientes que trae sus malamutes para que estén en la parcela donde también se ubican los que sigue criando José, el veterinario que trajo de Canadá una idea y una forma de vida en la que ha implicado a su familia. ¿Que por qué Kabluna? Significa hombre blanco en la lengua inuit. Todo tiene un sentido.

