Cuando se le pregunta por la última misa en el santuario del convento, Josefina Uña no duda: 28 de agosto de 1961. Esa fue la última vez que los fieles del pueblo cruzaron el umbral del templo para escuchar al cura. Lo hicieron por la puerta lateral porque «ya no se atrevían a abrir la principal». En el invierno siguiente, la parte del coro se derrumbó. «Fue en aquellos años en los que todo era muy negativo. La gente se marchó y había muchísima pobreza», explica la vecina de San Román, la localidad desde la que se atisba el viejo monumento en honor de Nuestra Señora del Valle.
En este rincón ubicado al norte de Benavente, ya cerca del límite con León, se encuentra un lugar declarado oficialmente Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en el año 2022, tras la resolución de un expediente incoado en 1983. El objetivo de esa catalogación es, sobre el papel, «prevenir la posible degradación de su valor histórico», aunque el antiguo santuario ya está ciertamente castigado.

Lo que se encuentra el visitante al llegar a lo que fuera este importante centro franciscano desde el siglo XV hasta el XIX son las ruinas del antiguo conjunto monástico y unas construcciones anexas que siguen en pie, pero que también demandan una intervención. No en vano, el conjunto está en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra desde 2008. Lo que está más adecentado es el entorno. Y eso es gracias a que mujeres como Josefina Uña se implican para mantener la zona acondicionada. Son ellas las que plantan, las que riegan, las que demandaron una fuente para los animales al pie de la construcción… Las que se preocupan.
Uña menciona también a Resti, una de las mujeres que siempre se peleó por el convento, o al cura que dio aquella última misa, Luis Rubio Morán. Ambos viven. Hay nombres y apellidos para la gente que ha querido defender no solo la piedra, sino la memoria y la identidad. Por eso, porque todavía hay gente dispuesta a dar la batalla, hace cosa de un par de años nació un colectivo llamado Conventus. Y, para hablar de eso, la voz es la de otra persona entregada a la tarea: Cristina Mateos Casado.
La representante del colectivo aclara que ella misma había pertenecido tiempo atrás a diferentes movimientos asociativos en la zona, pero apunta que quería ir un poco más allá, hacia «la visión crítica de la cultura», el abordaje del «abandono rural» y la puesta en marcha de otro tipo de actividades «con un poco más de peso». «No estamos en contra de lo que se ha hecho toda la vida, pero entendíamos que hacía falta un pensamiento diferente con la vista puesta en los ecosistemas, el territorio o el patrimonio», defiende la vecina.

Lo que unía todo ese pensamiento era precisamente la referencia del antiguo Convento de Nuestra Señora del Valle. En concreto, «lo que significa para todo el pueblo y qué dinámicas se han dado allí a lo largo de los años», remarca Mateos. De ahí el nombre de un grupo «intergeneracional» que, sí, también aspira a proteger el patrimonio arquitectónico y de piedra del monumento, pero que pone el foco en muchas más cosas alrededor.
Mateos cuenta, por ejemplo, que uno de los asuntos que decidieron abordar desde el principio fue «el desconocimiento» de parte de la historia del convento más allá de lo legado por los historiadores. La portavoz del colectivo habla de la memoria popular, de los huertos y los pozos de la contorna y de los recuerdos que aún tiene la gente mayor de cómo era el claustro. O las bodegas. «O aquella cruz que se decía que quizá era una estrella celta».
El monasterio de Cartujos
Por eso, parte de la labor que ha hecho Conventus en estos meses de trayectoria ha sido un incipiente trabajo de campo con personas de cierta edad para «recuperar oralmente» lo que recuerdan. A esa tarea se suma la primera reconstrucción en 3D del antiguo convento y la búsqueda de nuevos datos sobre el origen. En esa última línea, las pesquisas han llevado al grupo a sospechar que, antes del siglo XV, cuando está datado el convento, el lugar podría haber albergado un monasterio de Cartujos. Existe un documento próximo al año 1100 que lo sugiere.
A partir de ahí, «hay unos años de vacío en los que no sabemos qué pasó con el monasterio ni por qué se creó el convento», apunta Mateos, que defiende la pertinencia de seguir con la búsqueda. En eso continuará Conventus, que trata de autofinanciar sus actividades a través de mercadillos y de otros eventos organizados a nivel local. En estos momentos hay unas treinta personas implicadas en la causa, aunque el resto del pueblo de San Román del Valle y de su población vinculada respalda generalmente sus propuestas.
En esa línea, Conventus ya tiene planes para el verano. Y, en particular, para el eclipse. Mientras se busca el rastro de la memoria y se recuperan datos en el pasado, también se sigue construyendo el futuro del pueblo.
