Va uno al bar y se encuentra a un puñado de paisanos echando la partida. Está uno por el pueblo y se topa con que esta noche hay una cena popular. Camina uno despistado y se da de frente con un torneíllo de juegos tradicionales a la sombra de los árboles. Son cosas que pasan. Y uno, si le interesa, participa, pasa buena tarde, echa el rato con los vecinos… Hace algo diferente, en suma. Y ello sin reparar en que detrás de todo esto suele haber un grupo de personas que dedica buena parte de su tiempo libre a que el pueblo tenga actividad, personas que desempeñan un papel fundamental en la cohesión social y en la supervivencia de la vida comunitaria.
Las comisiones de fiestas son elementos indispensables del verano en los pueblos de Zamora. Trabajo hay para el que quiera echar una mano, a pequeño que sea, en el pueblo. En Uña de Quintana, cuando llega el verano y la población se dispara muy por encima de lo que hay en invierno, más de veinte personas se implican de forma decidida en hacer que los vecinos tengan motivos para salir a la calle.
Entre ellos está Ricardo Martínez, uno de los más inquietos de un grupo que ha superado ya el plan de organizar actividades solo por las fiestas patronales y que programa eventos durante casi todo el año. Por ejemplo: en la Comisión cayeron en la cuenta de que a los vecinos de Uña les gusta el pulpo, así que han organizado pulpadas durante los meses de mayo, junio y julio, con previsión de continuar hasta octubre, cuando se han recuperado unas fiestas del pueblo que estaban ya «prácticamente perdidas».
Así, los vecinos salen de su casa a picar algo, la gente del pueblo colabora vendiendo las patatas, los chavales se hacen cargo de la barra para sacar algo de dinero para las fiestas y, con lo recaudado con las raciones de pulpo, la Comisión se garantiza que va a tener algún fondo para seguir «dando guerra» en las próximas semanas. «Aquí la gente suele venir más en agosto, pero no sé si será por la pulpada que este fin de semana», el primero de julio, «ya se nota más gente». Será, seguramente.

En Uña, la Comisión de Fiestas trabaja este año para que las fiestas patronales duren algo más. A mayores de los tres días tradicionales, y con los ajustadísimos presupuestos que se manejan, se están intentando programar alternativas para más días. Muchas de esas ideas son lowcost y otras apelan directamente a la bonhomía de unos vecinos que cada vez son más proclives a participar en las actividades del pueblo. En el programa asoman ya un campeonato de fútbol sala, un bingo musical para que lo jueguen abuelos y nietos, clases de zumba… «Hay que meter variedad porque en verano somos unas 500 personas viviendo en el pueblo», asegura Ricardo. Para poner en valor la cifra, baste señalar que los habituales en invierno se quedan bastante por debajo de la centena.
La cosa, dicen en la Comisión, es «implicar a la gente en la vida del pueblo». Los veraneantes, dice Ricardo Martínez, agradecen que se organicen actividades para «hacer comunidad con los que están aquí todo el año». Al final, el zumba, el bingo o el fútbol sala no son «más que excusas» para que los vecinos compartan las únicas semanas del año en las que el pueblo rezuma vida. «Estamos muy agradecidos a la gente porque se ha implicado mucho con la Comisión y participa en los eventos. Además, muchos nos ayudan con lo que haga falta, desde mesas y sillas para organizar las actividades, remolques o lo que haga falta», celebran los dinamizadores del pueblo. E insisten: «Lo importante es hacer unión y que la gente se junte».

Aunque es ahora cuando la actividad de la Comisión luce más, porque hay más gente y, sobre todo, «más gente joven» en las calles para participar en la programación, el trabajo se desarrolla durante todo el año. De forma más discreta, eso sí, porque se organizan actividades para los vecinos que resisten ahí durante todo el año y que, también en invierno, necesitan alguna excusa para salir de casa y pasar un rato de vecindad con el que vive a unas casas de distancia. En los últimos meses se han organizado charlas, se ha implicado a los vecinos del pueblo para celebrar Halloween, se ha decorado el pueblo por las Navidades e incluso se ha celebrado la cabalgata de Reyes. Este verano, para impulsar las actividades de estas semanas y para que los veraneantes colaboren de alguna manera en la vida social del pueblo durante los meses fríos, se ha creado una iniciativa para captar socios e intentar tener más fondos con los que trabajar.

En Uña de Quintana, como sucede en todos los pueblos, las fiestas no son solo unos días un poco más señalados en el calendario. Sin ellas, asegura Martínez, desaparecería parte de la identidad de los que viven o han nacido aquí. «Es el momento en el que el pueblo se junta» y recuerda lo que fue, cuando además se reafirma el sentido de pertenencia a un lugar en el que, por unas u otras razones, muchas personas no han podido desarrollar la vida. Más que organizadoras de eventos, las comisiones de fiestas son guardianas de una forma de convivir que renace cada verano. Así lo entienden en Uña de Quintana, y los vecinos lo celebran.
