Hay comercios con historia y comercios que cuentan una historia. Historias de emigración, de emprendimiento, de sacrificio, de ilusión, de tener que marchar para ganarse la vida y de volver al hogar cuando se tiene un poco con lo que tirar. De esto habla El Encanto de La Habana, la tienda que en pleno casco antiguo regenta Mariví Lastra y que hunde sus raíces en Sayago y en Cuba, en el trayecto que tantos zamoranos realizaron y que ha acabado por convertirse en un espacio en el que se busca la creatividad, donde se defiende la artesanía y donde se da valor a los productos únicos. De todo eso hay aquí.
La historia comienza en los años veinte, cuando una pareja de fermosellanos se fue a Cuba en busca de una vida mejor. Ella era Lucía Castaño, una mujer apasionada de la costura que de allí se trajo el arrojo suficiente para inspirar a sus hijas, con las que después abrió un negocio en Zamora. Pero eso llega luego. La pareja tiene en Cuba a dos niñas, Carmen, la mayor, y Angelita, la menor, la madre de Mariví.

En aquellos años, en La Habana, florecía un negocio, que crecía paralelo al trabajo «de sol a sol» que realizaba el matrimonio emigrado, que regentó una tienda de ultramarinos en la capital cubana mientras duró su estancia allí. El negocio del que hablamos es «El Encanto», uno de esos míticos que hablan de la influencia empresarial española en la isla caribeña. Lo fundaron dos emprendedores asturianos, empezó como una pequeña sedería y fue creciendo hasta que se convirtió en una tienda de seis plantas en una de las mejores esquinas de La Habana. Escaleras mecánicas, tienda ordenada por departamentos de mujer y hombre, dependientas maquilladas y vestidas igual… ¿Les suena, verdad? Normal, «El Encanto» es el padre de El Corte Inglés, pues los dueños de uno y los impulsores del otro (también de Galerías Preciados) eran parte de la misma familia.
Volvamos ahora a la familia. Los cuatro vuelven a Zamora a finales de los cuarenta y se encuentran un país pobre que acaba de salir de una guerra. Pero Lucía no se resigna y manda a una de sus hijas, Angelita, «a la que mejor se le daba la costura», a formarse a Madrid. Van las dos, madre e hija, y pasan allí una temporada mientras la benjamina de la casa aprende. Lo hace y vuelve a Zamora. Madre e hijas abren entonces una academia de costura en la ciudad, que recordarán, seguramente, los más antiguos del lugar. Se llamaba «Las cubanas modistas», que es como en Zamora se las conocía a las tres. Allí enseñaban a gente a coser y cosían lo que se les encargaba.

Con estos mimbres no es raro que Mariví se dedique a lo que se dedica. Además de profesora de Filosofía en varios institutos de Valladolid, Salamanca y Zamora, esta emprendedora zamorana ha dedicado su vida al pequeño comercio. Ha regentado varios desde que tenía 23 años hasta ahora, ya en la antesala de los 60. «El Encanto» es el último, abierto en 2022, el mismo fin de semana que se celebró el primer Fromago, después de que la dueña leyera mucho sobre «El Encanto» original, el cubano, el que consiguió que «leyendas» como Christian Dior vendiera sus productos allí y no solo en París. Mariví buceó en la historia y vio que el negocio, cerrado después de que una explosión acabara con el edificio de La Habana, era dueño de una marca que nadie había reclamado. Lo hizo ella y el logo de la pequeña tienda zamorana es el mismo que el de los grandes almacenes cubanos. «Lo vi libre y dije: tiene que ser mío». Suyo es.
Desde 2022 Mariví trabaja en este rincón del casco antiguo, donde pretende que su tienda sea algo más que un local al que uno va, compra y se va. El Encanto es un espacio hecho totalmente a la medida de su dueña, donde las telas se mezclan con pañuelos dibujados y fabricados por Mariví, con cuadros pintados sobre tela con versos de Miguel Hernández o Agustín García Calvo, muebles decorados con telas surgidos de cajas viejas de supermercados, lámparas hechas a mano y elementos restaurados. Allí acuden, sobre todo en invierno, mujeres que quieren aprender a coser y por allí han pasado músicos o poetas locales que han contribuido a que la cultura haya encontrado un refugio en la misma linde del parque de San Martín.

El negocio de Mariví es propio y es a la vez herencia de su madre y de su abuela, personas a las que confiesa que admira y que la introdujeron en el mundo «de la imaginación, el atrevimiento, la costura y la creatividad». En su casa los vestidos siempre se han hecho a mano y así se sigue haciendo aquí, un sitio al que la gente entra, elige la tela y dice qué es lo quiere hacer con ella, desde una mochila a un mantel pasando por, claro, un vestido. A los elementos más singulares o creativos se les aglutina bajo una marca, Lucía Castaño (el nombre de la abuela que emigró), marca que ha estado presente en ferias sectoriales nacionales y de Castilla y León.
El Encanto es Cuba y es Zamora. Es Cuba en el nombre y en la mochila que la familia se trajo de su aventura emigrante. En la entrada, enmarcada entre tantas fotos antiguas de la familia de la dueña, aparece la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla. A su lado, la Virgen de la Soledad, señora de Zamora. Dentro, muchos de los muebles en los que se almacenan telas y productos hechos a mano son historia del comercio local, pues hay varias estanterías y elementos de almacenaje que fueron comprados a los almacenes García Casado, lo que era El Corte Inglés de Zamora, para acabar de cuadrar el círculo. Historia y memoria se dan la mano en un negocio que mira hacia el futuro desde la originalidad y sin perder de vista, pues lo lleva en el nombre, el pasado.
Este reportaje es un contenido patrocinado por la Concejalía de Promoción Económica del Ayuntamiento de Zamora

