Juan González Mansilla nació en Nuez de Aliste en el siglo XVII. Más o menos, por 1624, hace 400 años. Su vida cayó del lado de Portugal, donde se asentó junto a su esposa, María de Salcedo. Allí, en 1679, la pareja fue detenida por la Inquisición. Su crimen, practicar la fe judía a escondidas; su condena, tres años de cárcel y la obligación de portar el hábito penitencial. Dos de sus hijos y su nuera acabaron por el mismo motivo en las prisiones de Coimbra, y otro de sus vástagos fue capturado en plena huida y ejecutado en Santiago de Compostela. Tiempo después, hasta sus nietos acabaron encarcelados por conservar la religión heredada de los abuelos de Nuez.
Esta es una de las historias que ha reconstruido un hombre llamado José María Domínguez durante su investigación sobre el pasado criptojudío en Nuez de Aliste, uno de esos pueblos de Zamora pegados a la frontera con Portugal. Este hombre, miembro de la Asociación Cultural Fuente Grande, ha buceado en los fondos del Archivo Nacional de la Torre do Tombo, un recurso habilitado por el Gobierno portugués, y se ha topado con numerosas referencias de procesos inquisitoriales vinculados a personas nacidas en su pueblo.
Como explica el propio Domínguez, en aquellos tiempos, «la implacable maquinaria del Santo Oficio, con su red de delaciones, torturas y confiscaciones, persiguió sistemáticamente la resistencia espiritual», de quienes profesaban la fe judía. Ahora, «en una paradoja de la historia, el celo burocrático de los tribunales de Coimbra se ha convertido en la principal evidencia histórica para devolver nombre y destinos a quienes hicieron de Nuez su hogar y su refugio, documentando las redes de parentesco y comercio que sostuvieron la identidad sefardí de la Raya».

Pero vayamos un poco a los conceptos. ¿Qué es exactamente un criptojudío? Básicamente, hablamos de una persona que practica el judaísmo en secreto mientras, de cara a la sociedad, está vinculado a otra fe. En el caso de los siglos XVI o XVII en Nuez de Aliste, al cristianismo católico, claro. Lo que ha extraído Domínguez de su búsqueda es que, en la localidad zamorana, no había solo casos aislados de vecinos que ocultaban esas creencias, sino auténticas comunidades de criptojudíos. Tanto que, a su juicio, Nuez es «la localidad más importante de Zamora» en cuanto a la historia de estos grupos se refiere.
Domínguez presentó todos estos datos en el XIV Congreso Sefardí de Zamora, que tuvo lugar la semana pasada. En base a esa documentación, Nuez se ha adherido, además, a la red hispanolusa Ner Tamid, que aspira precisamente a divulgar toda esta historia. «Nuestra villa era un nodo estratégico de refugio, tránsito y resistencia de la Nación Hebrea en la frontera hispanolusa», abunda Domínguez.
El autor de la investigación, natural de Nuez, aunque residente en la Comunidad de Madrid, empezó a interesarse por el tema durante el buceo, común entre los descendientes de muchas localidades, por el árbol genealógico de la localidad y su historia. «Ahí vi las primeras historias de las que ir tirando», aclara Domínguez, que comprobó la existencia de parientes en una localidad portuguesa cercana, llamada Carção (Vimioso), con un conocido pasado criptojudío.
Fue ahí donde comenzó a descubrir historias de gente nacida en Nuez, o con padres naturales del pueblo alistano, que había sido perseguida y condenada por la Inquisición portuguesa. «Vi que, al menos durante dos siglos, hubo comunidades de criptojudíos en nuestra localidad», destaca Domínguez, que considera que la posición estratégica del lugar, en el entorno fronterizo, favoreció la presencia de estas familias en la zona. De hecho, también está documentado el asentamiento de criptojudíos en el cercano núcleo de Trabazos.
Las historias que quedan
Las facilidades para acceder al Archivo Nacional de la Torre do Tombo y la persistencia hicieron el resto. Ahora, Domínguez mantiene abierta la investigación para seguir recopilando «las historias que quedan por recoger». Su teoría es que las prácticas del judaísmo – y algunas de las tradiciones heredadas – sobrevivieron mucho más allá del siglo XVII en algunas familias. Incluso, hasta las puertas de la pasada centuria. En base a eso, una de las ideas de este descendiente de Nuez es buscar si queda algún vestigio en alguna casa o construcción de la localidad. «He hecho algún tanteo y creo que sí», afirma.
Además, Domínguez aspira a extender la investigación al resto de la comarca. «Me parece importante que un pueblo que se ha considerado siempre profundamente católico descubra que no todo es como parece», añade el alistano, que aclara que, entre los nacidos en Nuez, había plateros y otros comerciantes de buen nivel, lo que podría explicar la pujanza económica del pueblo en aquellos tiempos. «Invitamos a vecinos e investigadores a participar en esta búsqueda activa para que la memoria de la Raya vuelva a estar completa», zanja el autor de los estudios.
