Jacinto Torío Rodríguez nació el primero de febrero de 1909 en Villanueva del Campo, en la esquina noreste de la provincia de Zamora. Unos 25 años después se había convertido en uno de los referentes del movimiento anarquista en España y del periodismo libertario. ¿Cómo llegó hasta ahí? La vida de este hombre, que adaptó su apellido a Toryho durante su juventud, es el objeto del nuevo libro de José Miguel Fernández Barreira (Ermua, 1973). Se trata de reconstruir los pasos de un tipo que fue el protagonista de varias vidas.
La primera, en la Tierra de Campos de principios del siglo XX. «Por los pocos escritos que tenemos sobre su infancia, procedentes de algunos artículos de prensa, todo apunta a que pertenecía a una familia de rentistas del campo. De hecho, cuando él era pequeño, la Justicia fue a embargarle la cosecha a su padre y ahí sintió la rabia por primera vez, aunque intuimos que la situación de la familia fue yendo a mejor», señala Fernández Barreira. De hecho, Toryho pudo estudiar. Primero, en el colegio de los Padres Agustinos de Valencia de Don Juan; después, en el seminario de Valderas.
Sí, en el seminario. A pesar de su trayectoria posterior, por ahí empezó a coger las riendas de su vida adulta un hombre que se acabó fugando del centro religioso tras aducir que le habían pasado «cosas terribles». Sea como fuere, la calidad de sus textos escritos, ya por entonces publicados en prensa local como El Heraldo de Zamora, le permitieron conseguir acceso – probablemente a través de una beca – a la escuela de periodismo de El Debate, en Madrid.
En aquellas, al amanecer de los años treinta del siglo pasado, Toryho escribía muy influenciado por «la mala suerte del campesino», según relata Fernández Barreira, que destaca el «contenido social» de los artículos del zamorano. De hecho, el ya periodista se vinculó pronto al agrarismo, un movimiento que defendía la liberación de la gente del campo. En ese contexto le pilló la entrada de la II República, un régimen que defendió en su nacimiento.

Con todo, al poco tiempo, Toryho se vio decepcionado por la deriva del agrarismo. Lejos quedaba el sueño del zamorano de ver a los campesinos sentados en el Parlamento. Fue entonces cuando el tono «antipolítico» del anarquismo empezó a atraer a un hombre que se cambió el apellido y que comenzó a integrarse en el movimiento libertario en su esfera personal y en el oficio. A partir de 1932, empezó a colaborar con Solidaridad Obrera, un periódico del que fue corresponsal en Madrid.
Desde esa posición, Toryho cubrió para la prensa de la época acontecimientos como los Sucesos de Casas Viejas. «Él entendía el periodismo como un arma de movilización social», explica Fernández Barreira, que apunta que el zamorano llegó a ser igualmente cronista parlamentario o reportero avezado. Como prueba de esto último, aparece una serie con una decena de reportajes escritos desde el manicomio de Cienpozuelos, donde se coló para saber cómo se trataba a los enfermos en función de la procedencia de sus familias.
Con todo, Toryho fue adquiriendo un nombre dentro del mundillo anarquista. En Madrid creó Juventudes Libertarias y de allí se marchó a Barcelona para seguir trabajando en el periódico desde su cabecera central. También en esa época de su vida es uno de los responsables de la popularización, dentro del movimiento anarquista español, del himno «A las barricadas». «La tonalidad era de una canción polaca, y la letra en castellano la adaptó Valeriano Orobón, según varias fuentes, a instancias del zamorano.
De hecho, en su función posterior como portavoz de las Oficinas de Promoción y Propaganda durante la Guerra Civil, se ocupó de promover la grabación del que luego se convertiría en el gran himno de la CNT. Antes de eso, Toryho jugó también un papel relevante en la Revolución de 1934, lo que le condujo de vuelta a Madrid. Para entonces, ya compartía su vida con la también periodista y traductora Rosa Zimmerman.

A pesar de esa mudanza, Toryho no tardó en retornar a Cataluña en 1935. Lo hizo para continuar con su trayectoria paralela en el periodismo y en la lucha social desde la óptica de la disciplina orgánica dentro del anarquismo. Esa posición convirtió al zamorano en una figura con detractores dentro de la propia organización, empezando por José Peirats, su «némesis», según Fernández Barreira, dentro del colectivo. Su pensamiento, unido a cierta arrogancia en el comportamiento, contribuyó a que la figura de Toryho generase controversia en según qué círculos.
Aún así, el zamorano llegó a ser nombrado director de Solidaridad Obrera, un periódico que, durante la Guerra, a partir de julio de 1936, fue uno de los más vendidos del país en la zona republicana. Ya en la contienda, ocupó el citado puesto de portavoz de las Oficinas de Promoción y Propaganda y comenzó a hablar a diario por radio en nombre de la CNT. A lo largo del conflicto, Toryho fue convenciéndose de que el anarquismo luchaba, no solo contra el alzamiento de las derechas, sino «por la independencia de España», habida cuenta de que el bando nacional empujaba con el apoyo de la Italia fascista y la Alemania nazi, mientras que los comunistas se defendían con el respaldo de la URSS.
El exilio
Toryho publicó un libro con esta tesis, uno más de los varios que engrosan la trayectoria de un hombre que, a finales del 38 o principios del 39, poco antes de la caída de Barcelona, se marchó a París para salir desde allí a Cuba, a Estados Unidos y, finalmente, a Argentina. Ya en el país sudamericano se hizo un nombre como un periodista «bastante destacado», según Fernández Barreira. De hecho, colaboró con los grandes medios del país y se hizo un hueco en el diario La Razón.
En Argentina, Toryho encontró un hogar, aunque pudo retornar a España, como tantos otros, en el final de su vida, muerto ya el dictador. «La sensación es que tenía una situación económica bastante buena», analiza Fernández Barreira. «La primera vez que estuvo, regresó a Villanueva del Campo. Fue una vuelta al pueblo muy sentimental», asegura el escritor. Toryho falleció en 1989, a los 80 años de edad.
Para quien desee profundizar en la historia, el libro de Barreira se titula Jacinto Toryho: ¡Habla la revolución! y está editado por la asociación catalana El Lokal, que presenta la obra con el autor, durante los próximos días, en varias ciudades barcelonesas. El prólogo lleva la firma del zamorano Carlos Coca.
