El pasado 24 de junio, dos terremotos de 7,2 y 7.5 grados de magnitud golpearon Venezuela. Desde el principio se habló de una tragedia de grandes dimensiones y el tiempo ha dado la razón a esas informaciones iniciales. La actualización dominical contabilizaba ya más de 1.400 muertos y miles de desaparecidos. Eso, junto a unos daños materiales incalculables. Las zonas más afectadas se han sumergido en el caos.
El desastre golpeó a un país ya de por sí zarandeado por múltiples causas. Venezuela acumula padecimientos y también despedidas. Muchos ciudadanos decidieron marchar en su tiempo en busca de una existencia más próspera. Algunos encontraron su hogar en España, y unos cuantos de ellos acabaron haciendo la vida en Zamora. De esos, un grupo nutrido ha ido llegando en la última oleada migratoria hasta convertir a la provincia en un lugar con una comunidad venezolana abundante.

Entre la gente del país sudamericano que forma parte de la sociedad zamorana se cuenta una mujer llamada Flor Sánchez. Hace un tiempo, esta venezolana se hizo con las riendas de un bar de toda la vida, el Dativo, en la esquina entre la avenida de Portugal y San Pablo. Allí despacha comida de su tierra y otros productos clásicos de su ciudad de acogida. Esa es su realidad ahora, pero la mirada al país de origen resulta inevitable. Y más cuando la desgracia sobreviene.
Por eso, junto a otro grupo de venezolanos con los que comparte un grupo de Whatsapp de más de 300 personas, Flor inició hace unos días una campaña de recogida de productos para tratar de ayudar a su gente. Su bar hace de «puente» para llevar los artículos a Madrid. La gente los deja en el local, ella y varios compañeros más lo seleccionan todo y otros compatriotas ponen su furgoneta para trasladar la mercancía a la capital de España, donde se centraliza todo para mandarlo al país sudamericano.
«Hoy domingo mandamos un furgón de los más grandes a tope», celebra Flor, que admite que se le pone la piel de gallina con la ayuda prestada por venezolanos y zamoranos. Pero aún falta más. A partir del martes, en el horario de apertura del bar, seguirá la recogida. ¿De qué? «Estamos pidiendo todo lo que sean insumos médicos. Llámense gasas, guantes, jeringas, alcohol, guantes de jardinería para mover los escombros… También alimentos no perecederos, pañales para niños, compresas, toallitas húmedas o comida para animales», enumera la dueña del bar.
A eso hay que añadir pilas, baterías, linternas o cascos para ayudar en las labores de emergencia. «La cosa sigue yendo a peor», lamenta Flor, que se emociona al citar algunas historias personales cercanas sobre las pérdidas. Hay quien se lo ha dejado todo en el desastre. Por eso, cualquier «ayuda es poca». «Duele mucho estar aquí y verlo, pero tenemos que apoyar», defiende la hostelera.
Para quien decida hacerlo, el horario del bar a partir del martes es de 10.00 a 16.00 y de 19.00 a 23.00. Lo presumible es que hagan falta productos durante un tiempo, a la vista de la escasez. «Ropa no es necesaria porque ya hay demasiada, pero sí de todo lo demás que he mencionado», concluye Flor Sánchez, que sigue con su vida y con su trabajo mientras trata de aliviar un poco el padecimiento de quienes se han quedado sin nada allá en Venezuela.
