Los estudiosos de la toponimia no se ponen de acuerdo con Zafara. Unos dicen que el nombre de este pueblo de Sayago procede del árabe Tzafar, que significa límite o frontera. Otros, en cambio, creen que viene de Sáhara, desierto. La duda viene expresada en un panel ubicado en el centro de la localidad, al pie de una zona deportiva que invita a jugar al frontón y al fútbol, pues la pared donde ha de rebotar la bola impulsada con la mano o con la raqueta tiene dibujada también la silueta de una portería. Nadie practica ninguno de los dos deportes a eso de las dos de la tarde de este jueves. La ola de calor pasó, pero la gente que asoma en la calle anda enredada en faenas como arreglar el techo de la casa o atender sus terrenos.
Además, el verano ya es presente, pero todavía queda gente por llegar a los pueblos. Y en Zafara, de continuo, viven treinta y tantos, según Fernando Cañas, uno de ellos. De todos esos, unos veinte son los que han firmado recientemente un escrito dirigido al Ayuntamiento de Fariza, el que le corresponde a este anejo. El documento incluye varias quejas y se resume fácilmente: la gente quiere más atención a sus problemas. No esperen aquí situaciones dramáticas, pero sí asuntos del día a día que van quedando sin resolver, según los autores de la protesta.

En resumen, los vecinos de Zafara explican que el médico que acude al consultorio, normalmente «algunos martes», carece de conexión a internet en el centro. Eso implica que no puede acceder a los historiales de los pacientes, consultar los resultados de las analíticas o realizar otras gestiones básicas. En esas mismas dependencias, la camilla está rota, lo que evidentemente perjudica a quien se tiene que sentar o tumbar en ella.
Más allá de lo sanitario, los vecinos señalan que el alumbrado público de la localidad presenta «un estado deficiente», con farolas apagadas de noche y otras que iluminan poco, «lo que afecta a la seguridad». A eso, las gentes de Zafara añaden lo que entienden como una limpieza mejorable de sus calles, con zonas donde aparecen hierbas entre las grietas dando una cierta sensación de abandono en pleno casco de la localidad.
Ante esta serie de cuestiones, el Ayuntamiento de Fariza emitió una respuesta que ahora aparece colgada en el tablón de anuncios situado en un local público cerca de la iglesia. En ese documento de réplica, los responsables municipales miran a la Junta en lo que tiene que ver con la parte del médico y de su infraestructura; admiten anomalías en el tema del alumbrado público a pesar de la «adopción de las medidas necesarias» para solventar el problema; y conceden que la existencia de siete localidades dependientes del Ayuntamiento complica la limpieza puntual de las calles, y más en un arranque del mes de junio en el que se priorizó Fariza por la romería de los Viriatos. Aún así, los dirigentes se comprometieron a acudir.

Con todo, los vecinos no están del todo convencidos. Lo explica el ya citado Fernando Cañas, que añade a los problemas la existencia de una fuente rota en la plaza desde hace ya dos años y que asegura que las calles de Zafara carecen de letreros más allá de los que han instalado los propios vecinos. Además, recalca que el tema de la iluminación ya viene «del invierno pasado», por lo que las noches «casi en penumbra» son una costumbre.
En lo tocante a los temas que se escapan del control municipal, el vecino considera que el Ayuntamiento, como administración cercana, tiene que defender los intereses de Zafara ante las instituciones superiores, habida cuenta, además, de que la realidad demográfica es la que es. Aquí, aunque viven de continuo los ya mencionados treinta y tantos, hay 44 censados. Cuando comenzó el siglo XXI eran 84. Cuesta hacer fuerza. Y los afectados piden apoyo.

