La calma de una tarde de diario cubre el ambiente en el Teatro Principal de Zamora. Son las siete de la tarde de un miércoles, y quedan unas 50 horas para la siguiente obra. Será un estreno. Por eso, aunque exista una atmósfera de quietud en el foyer del liceo, no hay vacío. Dentro, en la sala, hay tres personas que han acudido a las instalaciones para disfrutar de una residencia artística previa a la puesta de largo. Allí, sobre el escenario, una mujer llamada Éléonore Bisson mira al fondo, hacia el control técnico, donde debaten Marie y Víctor. Es el momento de las pruebas, de los últimos detalles. Antes de poner en escena el trabajo de muchos meses, toca mantener la frialdad para ajustar lo que no ha quedado redondo y para asentar lo que ya está preparado.
Éléonore conversa un poco en francés con Marie y sale de la sala para contar. Dentro, se ha colado el calor de la calle. También viene bien abandonar la estancia para respirar. Cuando está lista, la mujer que se encuentra detrás de casi todo en este proyecto cuenta primero lo básico: la obra que se va a representar este viernes 26 de junio por primera vez se titula De piedra y hueso, y es una adaptación de la novela homónima escrita por Bérengère Cournut. La dirección corre a cargo de Éléonore y de Marie, y la propia Éléonore es la única intérprete.

La mujer, parisina de nacimiento pero afincada desde hace años en Zamora, pone también la compañía, Por las Ramas Teatro, y admite que, con tanto trabajo estos días, no le caben los nervios. «Igual si me parara dos horas… Pero no puedo», sonríe Éléonore, que empieza por destacar la importancia que tiene para todo el grupo poder ensayar estos días en el Principal. Es la guinda para rematar la obra que cuenta el viaje de Uqsuralik, un trayecto por la visión inuit del mundo.
«Durante casi dos meses, hemos estado ensayando en un espacio en el que no podíamos probar la luz ni contar con otros medios técnicos, en nuestro local de Balborraz. Es aquí donde podemos ver cómo va a encajar la obra en el escenario, hacer el diseño de luces y probar la escenografía», explica la directora e intérprete, que incide sobre todo en el tema de la iluminación y del sonido, que en esta obra se convierten en «lenguajes propios» para guiar al espectador a través de miradas, voces en off y recursos que buscan reproducir la atmósfera del Ártico.
Éléonore señala que los primeros días ya le han servido para «encontrarse» con los personajes de la obra. La puesta en escena funciona. Eso, en el local de Balborraz solo se intuía en bruto. Ahora, el espectáculo va cogiendo el color que las directoras querían darle al cosmos de Uqsuralik, que hace «un viaje experiencial por un mundo muy alejado al de aquí», desde un suceso clave en la adolescencia que la obliga a caminar sin su familia en el tránsito hacia la edad adulta. «Le ocurren cosas que le podrían suceder a cualquier mujer, esa es la parte universal, pero todo acontece en un entorno físico y cultural completamente diferente», advierte la responsable de la obra.

Y es que el viaje de la protagonista tiene los elementos comunes a un tránsito de estas características, pero aderezado con todo lo que rodea a la cultura inuit. «Tienen una relación distinta con la vida y con la naturaleza. También sus relaciones familiares muestran cosas muy curiosas», revela Éléonore, que cita igualmente la espiritualidad y la visión particular de la existencia que está presente en estos pueblos y, por tanto, en la propia obra.
Todo eso fue lo que inspiró a esta zamorana de adopción a la hora de llevar al teatro la novela de Cournut. «Cuando leí la obra en francés, en París, para mí fue un flechazo total», remarca Éléonore, que buscó el camino para trasladar la historia al teatro a pesar de las dudas de algunas personas con las que habló del tema. «Además, tomé decisiones un poco radicales y curiosas en la dramaturgia», reconoce la creadora, que utiliza el recurso de las voces en off para rodearse a sí misma de personajes que el espectador nunca va a ver sobre la escena.
Luego, en francés
Este viernes 26 (20.30 horas), el Teatro Principal de Zamora será el escenario de la puesta de largo de esa idea. Luego, vendrá lo siguiente. «Tenemos una enorme suerte de contar con el apoyo económico, artístico y técnico de este lugar. A partir de ahí, estoy moviendo las cosas para actuar en España y ya el siguiente paso sería representarla en francés», repasa Éléonore, que aspira a protagonizar la obra en su lengua materna y en la «casi materna».
Lograrlo supondría un paso más en un camino personal que comenzó con la formación en París, los primeros trabajos en el cine y el teatro en Francia, la mudanza a Italia para algunos montajes y el traslado final a España para sumergirse en el teatro para bebés, integrarse en una compañía y acabar por formar la propia. «A veces me maldigo a mí misma, pero me gusta hacer de todo y quiero montar mis propios proyectos con mis lenguajes», aclara la creadora.
Cuando se despide, a Éléonore le queda todavía un ratito del miércoles, el jueves con el ensayo general y las horas del viernes hasta el estreno. Con todo lo que hay por delante, sigue sin quedar espacio para los nervios.
