Casi cualquier interior es un oasis comparado con la aspereza de la calle en la mañana posterior a la noche más cálida en Zamora. También el del salón de actos de la Alhóndiga, en pleno montaje de una nueva exposición. Los trabajadores perfilan los detalles para la inauguración vespertina mientras la autora, una mujer llamada Sandra Hernández, controla el panorama y atiende a alguno de los medios que la reclaman. Su trabajo está hecho. En realidad, lo que verá el público es el resultado de años de pasión, perfeccionamiento de la técnica y traslación de su afición al ámbito profesional. Ni mucho menos algo que se pueda plantear de un día para otro.
La propia protagonista lo cuenta mientras pasea la mirada por los paneles de Tinta y Origen, el nombre que le ha dado a la muestra inaugurada este lunes en la citada dependencia municipal. Allí seguirá hasta el 17 de julio para que el público contemple la obra de una mujer que piensa, dibuja y tatúa. «Lo que pretendo es que la gente pueda ver la relación que hay entre el tatuaje y el dibujo. A veces, parece que el tatuaje tiene menos valor o que es menos importante, pero yo lo veo como una obra de arte», subraya Hernández.

La primera parte del nombre es, en realidad, una reivindicación de su oficio; la segunda hace referencia a la pertinencia de mantener las raíces. «Quiero que se entienda que detrás de cada tatuaje hay mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucha dedicación. Como la que puede haber para pintar un cuadro», argumenta la zamorana, que comenzó con el dibujo siendo una niña y que ahora expresa en la piel de las personas lo que antes plasmaba en el papel. Varios de los paneles ubicados en la Alhóndiga muestran ya el resultado final en los cuerpos de la gente.
La muestra se estructura por temáticas: de lo mitológico a las referencias locales pasando por una zona dedicada a las mascotas. Quizá, la parte más conmovedora. «Mucha gente viene a tatuarse a sus animales cuando han fallecido. En eso hay mucho sentimiento», apunta Hernández, que en los procesos de su día a día necesita entender lo que demanda el cliente, vincularse. «Intento preguntarles, saber qué necesitan y qué quieren transmitir con el tatuaje. Después de la conversación, ya me meto en el diseño, le envío la propuesta a la persona, lo perfilamos y ya…». Y ya va a la piel.

Hernández admite que, en esa fase previa, se toma más tiempo que para ejecutar el tatuaje en sí. Y eso que, en el caso de los animales, con propuestas microrrealistas de los rostros de las mascotas, se puede tomar tres horas y media de trabajo de precisión para llevar el diseño al cuerpo del cliente. «Tiene que quedar perfecto y que transmita», defiende la profesional, que escucha las historias para inspirarse y que se sumerge en las emociones. «Hay personas que se tatúan por estética, pero otras te cuentan su vida literalmente. A mí me encantan esos ratitos, disfruto muchísimo», aclara la autora de la exposición.
Ya en el último lateral del recorrido, la piel desaparece y solo quedan los dibujos. «Hacer esto es mi manera de relajarme, de desconectar», admite Hernández. Curioso que alguien que se dedica a crear y a tatuar busque aire en una actividad tan similar a la que ejerce profesionalmente. «Esto es dibujo puro, con carboncillos y lapiceros», subraya la protagonista, que busca personajes desconocidos en fotografías, sobre todo gente mayor, y capta las miradas y los rasgos. «Me evado de todo con esto», constata.

Cuesta disociar a esta mujer de la creación que la acompaña desde mucho antes de la fundación de Sublime Tattoo, el negocio en el que lo vuelca todo desde hace más de un año. Allí ha descubierto los sinsabores del emprendimiento, pero también el placer de hacer avanzar con sus propias manos un proyecto personal. «Ahora estoy muy feliz, muy tranquila. No ha sido fácil, pero me siento contenta», resume Hernández que, más allá de esta exposición, también acude a eventos a tatuar y a darse a conocer.
«No quiero que esto se quede solo en Zamora, sino moverme y que la gente me ubique», insiste Hernández, que aprovecha cada resquicio para reivindicar el tatuaje. «Cada vez se tiene más en cuenta. Mi técnica es de línea fina y microrrealismo y la gente lo valora. Supongo que con el tiempo irá a más», remacha la creadora. Vaya como vaya para los demás, a ella el arte y el dibujo, en la piel y en el papel, la acompañarán siempre. Es un vínculo irrompible.
