La Sanabria que no padeció directamente el incendio de 2025 también sufrió en aquel agosto. El desalojo de pueblos ubicados a un puñado de kilómetros o las imágenes del entorno del Lago envuelto en el humo sembraron la desazón en las decenas de localidades de la comarca que siguieron el fuego desde la distancia corta. Diez meses después, personas como María Turiño aún recuerdan la sensación de «miedo» que generaron las llamas en Triufé, un pequeño núcleo del municipio de Robleda-Cervantes, situado al pie de la carretera que une Otero de Sanabria con El Puente.
«Sentimos el temor de que también nos pasara a nosotros», advierte Turiño, una mujer titulada en Ingeniería Técnica Forestal y que se cuenta entre los 29 censados en el pueblo. Hasta ahí, lo normal en cualquier localidad de Sanabria ubicada fuera del radio del incendio. A partir de este momento, lo extraordinario. «Intentamos trabajar desde ese miedo, que era un miedo real y muy justificado, y decidimos transformarlo en acción. Somos totalmente conscientes de nuestra vulnerabilidad como habitantes del medio rural rodeados por una vegetación que cada vez está menos gestionada», subraya la vecina.
Y lo que hizo la gente de Triufé fue montar «un plan participado». Primero, para desmontar los bulos y la desinformación sobre los incendios; después, para «trabajar la prevención directa» desde la propia localidad. «También hemos pensado qué pasa si llega un incendio, qué personas pueden estar pendientes de los más vulnerables, dónde vamos a marcar el punto de encuentro, quién tiene que indicar a los medios de extinción en cada barrio, quién sabe si una boca de riego funciona o si un camión puede pasar por ese camino», enumera Turiño, antes de añadir. «Ahora hay personas que tienen esas cosas en la cabeza para ser útiles».

Alguno podrá decir que eso de los barrios en una localidad de menos de treinta vecinos puede resultar exagerado, pero la realidad muestra un pueblo con una importante dispersión en las viviendas y con capacidad para cuadruplicar sin problemas el censo en los meses de verano, precisamente cuando los incendios amenazan más fuerte. Matizado esto, Turiño advierte: «Está claro que el plan no es algo que pueda funcionar al 100%. Cuando vienen estos incendios que son mega monstruos hay poco margen de maniobra. Pero, en estos casos, contar con cinco minutos más para hacer lo que sea puede marcar una diferencia brutal».
Turiño habla del tiempo y también de un conocimiento adquirido gracias a la participación de los equipos profesionales de extinción, que son quienes han acudido a Triufé para trasladar a los vecinos la información clave. Gracias a ellos, el pueblo ha podido identificar «las zonas negras, las más vulnerables». Todo, a través de una serie de reuniones que comenzó con un primer encuentro en las antiguas escuelas del pueblo. Más o menos se implicó un representante de cada familia. Las siguientes se intentaron organizar en torno a puentes festivos para tratar de contar con la participación de la población vinculada.
«Lógicamente, hay gente que no está empadronada, pero que tiene propiedades, fincas e interés en que este pueblo no se queme. Por eso, también hemos hecho las reuniones con formato presencial y online», comenta Turiño, que destaca que el plan contra los incendios ha permitido «reactivar» un grupo de Whatsapp que «hace la comunicación mucho más fácil». «Se ha recuperado el trabajo comunitario y colectivo; las ganas de hacer cosas juntos», celebra la vecina, que incide en que el proyecto va más allá de la asignación de roles en casos de emergencia o de la identificación de los riesgos principales.
El objetivo es actuar desde el territorio. Por ejemplo, el pueblo ya se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento de Robleda-Cervantes para ver la forma de contar con un depósito para la prevención de incendios. La idea es que Triufé disponga de él «de aquí a cuatro años». Conviene señalar que los municipios de esta zona, con varios anejos – ocho núcleos en este caso – y «empobrecidos» llegan hasta donde llegan. En el de Robleda-Cervantes en particular también se está trabajando en la vía del proyecto Forgarero para mejorar la gestión forestal. «Tiene muy buena pinta. Todas las iniciativas que vayan hacia el mismo puerto son bienvenidas», recalca Turiño.
Pero desde Triufé apuestan por seguir incidiendo en lo que depende directamente de ellos. Y eso apela también a la responsabilidad de cada persona del pueblo, «de cada propietario» con una parcela. «Nosotros queremos ir un pasito más allá», insiste Turiño, que indica que la gente también pretende implicar al ganadero de vacuno de la localidad para que sus animales actúen en la «tarea preventiva dirigida». Incluso, se ha planteado la posibilidad de crear un rebaño comunitario de cabras, «pero por diferentes causas ese es un proyecto que ahora está en el congelador».
La idea que sí está más viva es implicar a las administraciones superiores o a los grupos de acción local para conseguir recursos que permitan trabajar con más eficacia desde el terreno. «Hay unas máquinas autopropulsadas para desbrozar que son muy pequeñas y que pueden entrar en cualquier finquita. Tenemos la idea de conseguir financiación para contar con una y rotar su uso», subraya Turiño, que aboga por «no esperar a otras ayudas que llegan tarde», cuando la campaña de incendios ya se ha metido encima.
El proyecto de la Fundación Entretantos
«En esto está toda la gente del pueblo. Sobre todo, los jóvenes», aclara la ingeniera, que incide en la participación de los que viven habitualmente en otro lado. «No es tanto de dónde vengas, sino lo que te mueve», considera Turiño, que estima que este es un proyecto «único en España». Y no lo dice de forma azarosa. Esta mujer forma parte de la Fundación Entretantos, que tras los incendios de 2022 en La Culebra constató «el cambio de escenario brutal» que se estaba produciendo y decidió que tenía que hacer algo.
«Y ese algo fue hacer un llamamiento a ganaderos, técnicos, investigadores, agentes medioambientales y otras personas vinculadas a la gestión del territorio y del paisaje». Alrededor de eso, nació un documento de reflexiones y miradas sobre las formas de trabajar la prevención y un documento vivo de buenas prácticas que se trasladaron a un mapa. Nadie había hecho hasta ahora nada como lo de Triufé. «Lo maravilloso es que sea algo tan participado», defiende Turiño, que asegura que «la voz discordante se integra» para tratar de llegar a un punto de consenso contra «el enemigo común» del fuego.
La idea no ha pasado desapercibida para alguna gente que ahora quiere aplicar la idea en sus pueblos. Por ejemplo, en San Ciprián de Hermisende, en Sotillo, en Paramio o en Ferreros. Con los dos últimos, pegados a Triufé, no se descarta hacer un plan conjunto. El territorio no entiende de fronteras administrativas. Sí de intervenciones útiles. Aún así, ahora que el verano ha dicho presente, lo mejor para estos pueblos y para todos sería no tener que aplicar ninguna hoja de ruta y que las llamas no asomaran. Lamentablemente, la experiencia reciente indica que comarcas como esta entran en una lotería funesta.
