A Pedralba de la Pradería se llega curva a curva desde la frontera portuguesa o, de forma más llevadera, tras un viaje de siete kilómetros con origen en Puebla de Sanabria. Siempre por carretera. Es cierto que, tanto antaño como ahora, esta localidad del noroeste de Zamora siempre fue un territorio ferroviario, pero la línea que ahora une la cabecera comarcal con Valladolid no alcanza la estación del pueblo desde los recortes de 2013, y el AVE, muy presente a nivel infraestructura, sigue corriendo hacia Otero sin detenerse aquí. Y si acaso.
Esa realidad hace tiempo que llevó al pueblo a un escenario compartido con otras localidades que tuvieron tren y ahora ya no. O que se manejaron con una infraestructura que ahora les queda grande: los restos de las estaciones y de las antiguas viviendas de los ferroviarios se van deteriorando sin que nadie meta mano en ello. En muchos casos, el desenlace es la destrucción de los inmuebles. Aquí, hay otros planes.

Lo cuenta el alcalde del pueblo, Francisco Guerra, que hace meses que negocia con Adif para tratar de sacar provecho de las casas de los antiguos trabajadores. El administrador de las infraestructuras ferroviarias es consciente de que el patrimonio rural se le va de las manos, y los ayuntamientos ven en esa circunstancia una oportunidad para hacer un esfuerzo, rehabilitar las viviendas y dar respuesta a la creciente demanda de techo que existe en muchas localidades.
En ese marco, según Guerra, a partir del mes de julio, Adif cederá cuatro de las casas que tiene en Pedralba de la Pradería, todas cerradas desde hace tiempo. El alcalde señala que, al menos, así se han mantenido en los últimos 25 años. La previsión ahora es que se formalice una cesión larga al municipio – de al menos unos treinta años – para que la propia institución local se encargue de buscar fondos para ejecutar una reforma y pueda luego alquilar los inmuebles a precios módicos.

En principio, según las conversaciones ya avanzadas, la cesión de Adif al municipio se concretaría por una cantidad poco más que simbólica. «Se han portado bien y han visto cómo es la situación», concede el alcalde, que ya mira a la siguiente pantalla para adecentar la zona a través de los planes provinciales y, sobre todo, para conseguir fondos de la Junta que financien la rehabilitación de las antiguas casas.
En esa línea, el Ayuntamiento también ha mantenido conversaciones con la administración autonómica en aras de buscar la fórmula idónea. No sería la primera vez que un acuerdo así se concreta. Pedralba ya ha recibido fondos del programa Rehabitare y sigue buscando el camino para ofertar vivienda a un coste asumible. Guerra habla, por ejemplo, de casas a 175 euros al mes en lugares como el anejo de Calabor.
«Aquí tenemos demanda y vienen familias con niños», abunda Guerra, que estima que casos como el de la negociación con Adif abren puertas más sencillas que la de «llegar y construir» directamente vivienda nueva. En la zona hay trabajo en la empresa de construcción local, en el balneario de Calabor, en el sector de los cuidados y en Puebla, que sigue a un paso. En esa parte cercana a la cabecera, los alquileres se han disparado. Por eso, el alcalde ve incluso más urgente la ejecución de sus planes. De momento, las casas de los ferroviarios abrirían nuevos huecos y servirían para rescatar unos edificios condenados a la ruina.
