Pasa un ratito de la medianoche en Sabadell. Ya es 20 de junio. El 19 a última hora, el Zamora CF perdió por tercera vez una final por el ascenso a Segunda División. Ahora, en las entrañas de la Nova Creu Alta, aparecen varios muchachos con pizzas. Es la cena de los vencedores, que hace rato que dejaron correr el entusiasmo. El entrenador, Ferrán Costa, que aún no ha comparecido en la rueda de prensa, pide un poco de espacio para respirar. Es su día. Fuera, la hinchada arlequinada se va dispersando rumbo a los bares y a una madrugada larga.
La otra cara la da el Zamora CF. Los aficionados más bregados ponen la cara de las otras veces; los más nuevos pasan el disgusto como pueden. Varios aprovechan para saludar a los jugadores. O para despedirse. Como cada junio, sucederá lo inevitable y algunos no volverán. Los propios futbolistas van asumiendo lo ocurrido antes de poner un pie en el autobús. Queda un largo viaje de vuelta sin nada que celebrar. Pero la derrota no transmite esta vez la sensación de un final de ciclo.
Un poco antes, en la sala de prensa, el entrenador, Óscar Cano, había empezado a movilizar a la gente para la 2026-2027. Cuesta mirar ahora hacia ese horizonte. Para la plantilla y para la afición. Pero el entrenador ya fue esbozando la idea de mantener la base y reforzar la plantilla para apostar aún más fuerte. A nadie se le escapa que, en el play off, al Zamora le faltó un poco de fondo de armario para sumar opciones. Aún así estuvo cerca, pero hay agujeros que tapar.

Sin haber escuchado a Cano en público, el capitán, Carlos Ramos, habla un poco con los medios antes de iniciar el viaje de regreso a casa. Su sueño, el del niño del Zamora, se esfumó esta vez en la Nova Creu Alta. Y el diez lo lloró en el césped. Más calmado, el centrocampista admite la dureza del momento, pero se esfuerza en poner el acento en la atmósfera generada en la ciudad. La gente pidió Segunda División. Y se implicó por conseguirla. No llegó, pero se ha prendido una chispa.
Ramos lo sabe y, aunque pide perdón, también alienta. «Perseguíamos la ilusión, como bien dice la canción. Ahora he visto fotos y vídeos de la Plaza Mayor, y a los cuatrocientos y pico que se han desplazado. Esto hay que aprovecharlo. Sé que hoy duele, que se ve todo oscuro, pero es el momento de engancharse, porque algún año nos tiene que tocar», abunda el capitán, que siente lo que sus compañeros. «Ha despertado una ciudad».

De fútbol no habla mucho Ramos en el rato posterior a la derrota. «Eso lo veo todo muy oscuro y me quedo con el 4-0. Sí que tengo la sensación de que hemos estado muy cerca en la segunda parte, pero como en Castellón o en Vallecas. Esta ha sido la séptima vez y vamos a por la octava, porque alguna vez se tiene que dar. Los zamoranos merecemos una puta alegría de una vez», remacha el diez.
A las doce y media de la noche, la gente de Zamora ya empieza a dispersarse. Muchos de los seguidores esperan al autobús a unas decenas de metros del estadio. Mientras, comentan la jugada con la amargura del momento. «Por dos centímetros», apunta Felipe, el del quiosco de la Rúa, uno de los de siempre. Se refiere al remate al palo de Markel Lozano. Ahora solo cabe eso. Pero pasadas las horas quedará el proyecto en pie, con Cano al frente, con la base y con la ilusión que la gente del Zamora tendrá que seguir persiguiendo.
