La gente de Zamora ha jugado el partido de este viernes (Nova Creu Alta, 21.00 horas) cientos de veces desde que el árbitro pitó el final del choque de ida en el Ruta de la Plata. En las cabezas de los aficionados, incluso en las de los no tan hinchas, se han dibujado escenarios de todo tipo: desde los más plausibles a los más enrevesados. ¿Y si marcamos pronto? ¿Y si se adelantan ellos? ¿Y si aguantamos hasta el descanso? ¿Y si…? Pero el encuentro de verdad solo se disputará una vez. Será este 19 de junio. Y muchos lo recordarán siempre. Sobre todo, si el condicional se transforma en afirmativo y sí, los rojiblancos ascienden por primera vez a Segunda División.
De momento, cuando esta previa queda escrita, Zamora es una de las cinco provincias que nunca ha tenido un equipo en el fútbol profesional, pero los rojiblancos están a solo un empate de adelgazar la lista para que solo queden en ella Ávila, Segovia, Teruel y Cuenca. Enfrente, tendrán al Sabadell, un equipo recién ascendido a Primera Federación, pero con una trayectoria indiscutiblemente mayor en las categorías altas del fútbol nacional: el Centre d’Esports ha disfrutado de 14 campañas en la máxima élite y de 44 en el segundo peldaño.
El argumento de la historia está del lado local, como también el ambiente de una Nova Creu Alta que amenaza con 11.600 gargantas. Las otras 400 localidades del estadio estarán ocupadas por otros tantos aficionados del Zamora CF, que apunta en su nómina de ventajas una no menor: el resultado. Fue por uno, pero los rojiblancos ganaron en el Ruta de la Plata. El Sabadell tendrá que vencer este viernes si quiere subir. Si lo hace por la mínima, la eliminatoria se irá a la prórroga, aunque ahí los rojiblancos tendrían que marcar. En caso de equilibrio tras los 120 minutos no habría penaltis, sino que primaría la mejor clasificación de los catalanes en la liga regular; la misma norma que benefició a los hombres de Óscar Cano en la semifinal contra el Villarreal B.
Pero esa es solo una hipótesis más que tratará de disipar un Zamora CF muy sólido como visitante desde que los jugadores trabajan a las órdenes del entrenador actual. De los quince resultados que han obtenido los rojiblancos a domicilio desde que Cano es el jefe, diez valdrían para festejar un ascenso anhelado como nunca por una ciudad volcada. Ya no es solo que el equivalente al 13% de la población de la capital estuviera el sábado pasado en el Ruta; es la sensación de que toda la vecindad se ha puesto en fila para respaldar al equipo de fútbol en el camino hacia la felicidad social por la vía del deporte.
La realidad es que, si otras veces hubo dudas sobre la implicación de la gente, esta vez se han resuelto todas. Ya no es solo la afluencia al campo. O los recibimientos a los jugadores. O las entradas sorteadas por exceso de peticiones para un desplazamiento eterno en un día laborable. Son las tiendas con las banderas. Los niños con las camisetas. Las conversaciones en los bares. La calentura en las redes. Las lecturas en los periódicos. Las visitas a los podcast de las radios. O las suscripciones a La Reseña.
Zamora quiere Segunda División y cree en ella. Las dos cosas. Si esta vez se da, el año que viene visitarán la ciudad las aficiones del Oviedo. Y del Sporting de Gijón. Y del Cádiz. Y del Málaga. Y del Real Valladolid. Y del Burgos. Quizá, la Ponferradina. Se habla del espaldarazo económico, pero también emocional. La ciudad quiere que las cosas le salgan bien. Da la sensación de que, poco a poco, se abandona el pesimismo. En el fútbol y en lo demás. De la pena a la reivindicación de lo propio. Y el deporte ayuda como casi nada a agitar la bandera.
En Sabadell, estarán los jugadores y los 400 hinchas; en Zamora, la pantalla que se ha acabado instalando por la modorrería bien entendida de quien cree que esto lo tiene que ver la gente unida. Para recordarlo mejor. En el campo, pasará lo que corresponda. Es deporte. Fuera, la gente ha jugado el partido con toda la ilusión que le cabía.
