El 15 de junio de 2008, hace dieciocho años y tres días, el Zamora CF jugó por última vez un partido final por el ascenso a Segunda División. Sucedió en Vallecas, en el choque de vuelta de la ronda decisiva del play off. Los rojiblancos, que venían de eliminar al Linares, perdieron en la ida en el Ruta de la Plata (0-1), así que el Rayo era el favorito para poner rumbo al fútbol profesional aquella tarde de domingo. Y lo logró, claro, a pesar del esforzado encuentro de los Dani Giménez, Jorge Rodríguez, Gurrutxaga, Sergio Torres, Aitor Sanz, Aarón Darías o Iker Alegre, que llevaron a los locales al límite (1-1).
Aparte de la citada nómina de futbolistas que formaban la columna vertebral de ese Zamora, aquel día, dos jugadores nacidos en la provincia estuvieron sobre el césped: uno fue Hugo Aguado, que salió en el minuto 71 para tratar de agitar el duelo; el otro, un chico de entonces 20 años – casi 21 – que fue el único tipo de la tierra titular en Vallecas. Su nombre, Guillermo Burgos; su posición, lateral izquierdo. Y su bagaje en el primer equipo rojiblanco, aquella eliminatoria contra el Rayo. La ida y la vuelta. Las dos veces en el once. Ni un segundo más, ni antes ni después, con la rojiblanca.
Dieciocho años más tarde, Guillermo Burgos es un hombre a punto de cumplir los 39. Durante los últimos años, ha jugado en la Liga Provincial con el equipo de su pueblo, el Villalpando, y en esa misma localidad trabaja como empleado de banca. A las puertas de que el Zamora CF vuelva este viernes (Nova Creu Alta, 21.00 horas) a afrontar un partido con el pasaporte a Segunda en juego, aquel lateral izquierdo recuerda el enfrentamiento contra el Rayo y su extraña experiencia personal. Si todo va como debe, en unas horas, Carlos Ramos le sucederá como el último zamorano titular en una cita como esta: «Vaya sucesor. Algún día, cuando yo estaba allí, entrenaba con nosotros siendo cadete y era buenísimo», concede el exjugador.

Pero, antes de volver al presente, vayamos a la historia de Guillermo, un jugador de Villalpando que hizo la etapa juvenil en el Arces de Valladolid y que, pasado el periodo formativo, se enroló en el Rondilla, también pucelano, para jugar en la Regional de Aficionados. No parecía una carrera con proyección, pero en el verano de 2007 el Zamora CF llamó a su puerta. Todo fue bien y rápido para el defensor. «En Navidad, entré en dinámica del primer equipo y ya entrenaba los miércoles y los jueves fijo y algún viernes por la mañana», aclara el defensor.
Guillermo entrenaba a las órdenes de Tomé, pero jugaba en el filial. Y, en el último partido de la competición regional, sufrió una pequeña rotura de fibras que parecía poner fin a sus opciones de tocar la Segunda B ese año. Pero no. El Zamora pasó de ronda contra el Linares y el panorama fue conduciendo al villalpandino hacia la titularidad. Con Sergio Lomba de baja y sin muchas más alternativas atrás, el técnico leonés decidió mover a Gurrutxaga al puesto de central y darle la oportunidad en el once al chico que venía entrenando con ellos. Sin anestesia previa. Directo a la ida de la final.
«Durante la semana, me puso un rato con los titulares, pero no le di importancia hasta el sábado por la mañana. Ahí coincidí con Tomé en la lavandería y me dijo: ‘¿estás preparado? Mañana vas a jugar’. Pero yo no sabía si de titular o de suplente», aclara Guillermo, que recuerda que, por entonces, los jugadores tenían prohibidas varias actividades antes de los partidos. Entre ellas, viajar o pasar mucho rato de pie. El lateral zurdo rompió esas dos reglas y se marchó a Valladolid para ver un torneo de baloncesto de su prima.
Eso fue lo último que hizo antes de sumergirse en la vorágine de aficionados, de autobuses con gente del Rayo y del ambiente de un Ruta de la Plata lleno. No le fue mal. Jugó los 90 minutos. El equipo perdió 0-1, pero él se defendió. «Lo mejor fue no tener tiempo para pensarlo», apunta Guillermo, que recuerda que Gurrutxaga y Agustín le hablaron mucho, y también que salió del campo «muy cansado» por los nervios, el calor y todo lo que rodeó a un encuentro en el que el Zamora CF terminó con nueve.
El desempeño en el Ruta permitió que Guillermo repitiera en el once en aquella famosa tarde de Vallecas. De aquello, el villalpandino sí recuerda la llegada al estadio con los caballos de la Policía como escolta, o a los aficionados locales metiendo presión. También, que sus padres le vieron bajar hacia el estadio riendo, a pesar del ambiente hostil, o que el equipo se concentró la noche antes en Madrid y que todos juntos vieron en España – Suecia de la recordada Eurocopa 2008. Luego, en el partido, el lateral sufrió más que en el Ruta. «Me hacían mucho dos contra uno, ya sabían cómo atacar», subraya ahora el zamorano.
En ese partido de vuelta, Guillermo jugó hasta el minuto 77. Por él, salió Iván García, que marcó el 1-1. «Tuvimos un cabezazo de Gurru al final para el 1-2 que nos daba el ascenso, pero no sé si habríamos salido de allí», indica ahora aquel jugador que se despidió de la temporada con dos partidos como titular en el momento clave del año y que se plantó en la pretemporada siguiente con la expectativa de darle continuidad a una carrera en Segunda B.
El siguiente año
Sin embargo, su lugar volvió al filial. Como capitán, con un sueldo, con dinámica en el primer equipo, pero sin minutos en un cuadro que volvía a dirigir Tomé. «Fui convocado un par de veces, pero nada. Y en el B empecé a jugar de central e hice una temporada buenísima», afirma Guillermo. En aquella 2008-2009, el defensor entabló una buena relación con futbolistas de la plantilla de Segunda B, como Limones o Curro Vacas. «Ellos mismos me decían que no entendían por qué no estaba jugando».
El propio Guillermo lo entendió más tarde. O, al menos, alguien le ofreció una versión plausible. «Me dicen que fue por un lío de representantes», lamenta el jugador, que vio pasar por delante de él a compañeros del filial que, en la Regional de Aficionados, eran sus suplentes. Incluso, tiempo más tarde, le dijeron que la Ponferradina se había interesado por él. Pero nadie le trasladó la oferta. Para la temporada siguiente, le dijeron que contaban con sus servicios, pero ya sin salario. Fue el final de su etapa en el Zamora CF.
La vida después
A partir de ahí, Guillermo empezó a priorizar otras cosas, jugó muchas temporadas en el Villalpando y llegó a reengancharse a Tercera con el Villaralbo, pero lo dejó por motivos profesionales. Cuando el Zamora CF estaba también en el grupo VIII, llegó a tener una opción de regresar al club rojiblanco, pero no se concretó. La oportunidad del fútbol se le escapó en el año posterior al de Vallecas. «Podría haber tenido minutos, pero yo entonces era joven y nunca pedí explicaciones», señala ahora un hombre que trabaja en su pueblo y hace la vida entre la Tierra de Campos y Valladolid.
En una de las fotos que conserva de la eliminatoria contra el Rayo, Guillermo sale con un niño en brazos en la foto previa al partido en el Ruta de la Plata. Ese chico es su primo, ahora socio del Zamora CF. Gracias a él, mantiene el vínculo con la actualidad del equipo rojiblanco. De hecho, ha visto los partidos contra el Villarreal y el Sabadell. «El otro día se desaprovechó una oportunidad. Si en la primera parte van 2-0 o 3-0, no pasa nada», sostiene el exjugador, que a pesar del resultado corto ve opciones en la Nova Creu Alta: «Ahora tienen una buena dinámica, es el momento de ascender. Está de cara y contra un rival parecido a ti», zanja el hombre que solo jugó dos partidos con el Zamora. Pero qué dos partidos.
