El verano se aproxima y la gente empieza a volver a los pueblos. Lo que pasa es que hay pocos que se atrevan a asomar a las cuatro de la tarde de un martes de junio. En Otero de Sanabria, por ejemplo, solo se ve a una pareja que baja del autobús sin muchas ganas de hablar en ese mal rato que uno tiene que sufrir cuando el aire acondicionado se esfuma y una bocanada caliente golpea el rostro. Aparte del señor y la señora, la vida que se ve por el entorno del pueblo es la de un par de ciervos que enfilan la calzada que comunica este lugar con Triufé.
Ya dentro del pueblo, en uno de los barrios cercanos precisamente a esa carretera donde se observan los ungulados, aparece el local de las antiguas escuelas, transformado desde hace algunos años en un moderno centro cívico que se usó, pero que lleva un decenio cerrado. Hasta el 22 de junio. Será entonces cuando la idea que tuvo una mujer llamada Paz Membibre cristalice para darle otra vida al local, a la localidad y al resto del municipio. Otero de Sanabria es un anejo de Palacios, y comparte ayuntamiento también con Vime y Remesal.
Aclarado esto, basta decir que Otero tiene ahora 31 vecinos censados. La presencia de la estación del AVE en el término o la cercanía con Puebla no han supuesto un gran florecer demográfico para esta localidad que también acoge el santuario de los Remedios, la patrona de Sanabria. De aquí procede la familia de la ya citada Paz Membibre, que pensó en cómo aprovechar un edificio en desuso para darle un pequeño impulso a su patria chica. La hija de la tierra tiró de sus conocimientos personales y de su propio tiempo para plantear una alternativa. Y, a veces, las cosas salen bien.
Tanto que, el próximo 22 de junio, el centro cívico de la localidad acogerá el día uno de un proyecto integral de envejecimiento activo y bienestar dirigido a mayores de 55 años y a personas con discapacidad o dependencia de todas las edades. Siempre que sean de Otero de Sanabria, Palacios, Remesal y Vime. El proyecto lo planteó Paz junto a otras personas de la zona ligadas al sector sociosanitario; el Ayuntamiento lo estudió y se decidió a financiarlo; y la Fundación Personas, con presencia ya en El Puente, se lanzó a gestionarlo.

Por eso, en este lugar rodeado de parcelas vacías y casas con persianas cerradas o balcones típicos en riesgo de ruina, va a empezar a florecer algo nuevo. Por lo menos, hasta diciembre. Luego, se verá. Lo cuenta la propia mujer que tuvo la idea, una sanabresa afincada en Madrid que trabajó más de veinte años con proyectos para la tercera edad y personas con discapacidad. «Estaba acostumbrada a diseñar las propuestas partiendo de cero. Ahora ya no me dedico a esto, pero me ha tirado la tierra de mis padres y mis abuelos», indica Paz.
La ideóloga de la propuesta, que es tesorera de la hermandad y de la asociación de Los Remedios, sentía pena al ver el edificio reformado de las antiguas escuelas «vacío y un poco muerto» después de la inversión de dinero público realizada en él, así que pensó, abrió el debate a otras personas del entorno con titulaciones vinculadas a los cuidados y a los servicios sociales, y elaboró una propuesta para el Ayuntamiento. El municipio aceptó y el asunto va para delante.
«Esto nace sobre tres ejes vertebradores: intentar fomentar la permanencia de las personas mayores en su ámbito; fomentar el envejecimiento activo; y consolidar el asentamiento de población y la creación de empleo», enumera Paz Membibre, que subraya que la zona tiene un mercado laboral muy ligado a los sectores turístico y ganadero. Pero poco más. Gracias al proyecto, la Fundación Personas reforzará su plantilla en la comarca. Un granito de arena.
Paz Membibre insiste en que la idea era, desde el principio, dotar de un espíritu profesional al proyecto, por lo que era imprescindible que las actividades las impartieran personas con la titulación exigible. Así será para abordar la «actividad física adaptada, la estimulación cognitiva, las actividades ocupacionales y sociales, o la salud y el asesoramiento para la autonomía personal». Los talleres comenzarán el lunes que viene y se desarrollarán de lunes a viernes de 10.00 a 14.00, al menos durante lo que queda de año.
«Ojalá comprobemos que es necesario hacerlo todos los meses», apunta Paz, que admite que el segundo semestre es más favorable por la presencia de una mayor población flotante en el municipio. Sea como fuere, lo que pase en los primeros pasos del proyecto servirá como «termómetro» para medir qué se ha de hacer en el futuro. También en cuanto a la financiación, pues el Ayuntamiento asume el coste inicialmente, pero los impulsores reconocen que el siguiente movimiento tendría que ser la búsqueda del respaldo de la Junta.

El «boom», a partir de la segunda quincena de julio
Pero eso queda en el futuro. Ahora, toca arrancar con lo que hay. «Lo hemos movido bastante por redes sociales y por grupos de Whatsapp, así que esperamos bastante gente», asevera Paz, que confía en contar con unas quince o veinte personas de primeras para después empezar a gestionar «el boom» desde la segunda quincena de julio hasta los Remedios. Es decir, hasta el primer domingo de octubre.
La actividad se centralizará en Otero, cuyos habitantes ahora, en lo que es el término, tienen el AVE y poco más. Apenas un pequeño negocio. Para ir al bar o a la panadería hay que buscarse la vida. Desde el lunes, para socializar, moverse y estimular la mente, solo habrá que caminar hasta el centro cívico, un edificio que parecía condenado y que ahora aparece como el inmueble de moda en las conversaciones por estos lares. «Yo animo a la gente, sobre todo a los jóvenes, a que se muevan por sus pueblos», reivindica Paz. Con ideas y propuestas pueden ir tapándose las carencias poco a poco.
