El sol abrasa Moraleja del Vino ya temprano. Da calor solo mirar a quienes amenizan la espera con bailes y trajes regionales. Hace día de abanico y de sombra. No es mal refugio una iglesia. Y este pueblo ofrece la suya para el acto central del Día de la Provincia. Fuera, a unos metros, protestan unas decenas de personas de Zamora en Pie, que tratan de visibilizar su lucha contra las plantas de biogás. La reivindicación también forma parte del territorio. Pero en el templo solo hay lugar para la celebración y el homenaje.
En realidad, también para varios cientos de personas que pueblan las bancadas. Nada de misa esta vez. Sí honra a la tierra. Y a quienes destacaron en ella en el último año. Conducen el acto dos periodistas: Ángel García, de la Cadena Cope, y Leticia Galende, de La Opinión de Zamora. A su son se mueve un evento que arranca precisamente con música, con el Ramo Verde a cargo de la Banda de Zamora. Muy pertinente.

Cuando los músicos terminan empiezan los discursos. Habla Roberto Álvarez, el alcalde, que presume de una Moraleja vestida de anfitriona y en florecer demográfico. Quizá, pronto sean más de dos mil por aquí, cifras que ni sueñan las decenas de colegas de ayuntamientos que ocupan los bancos de la iglesia. Más tarde, hablarán también Luis Santana, Isabel Blanco y Javier Faúndez. Pero antes van los premios.
Son los Tierras de Zamora. Y allá va Caja Rural a por el suyo. Y el club de Copa de Galgos Zamora. Y todas las mascaradas, una detrás de otra. Empieza Sanzoles, sigue Palacios del Pan y así hasta que terminan. Hay jolgorio en ese rato antes de que se imponga el respeto en el galardón a José Ángel Rivera de las Heras. El religioso de San Frontis murió hace unos meses, pero su tierra le honra cuando puede. Lo abraza la familia.
El último premio es el que corresponde al embajador de la tierra. Esta vez, Luis Santana, que se zambulle en un discurso de enumeración de todo lo zamorano. «Llevo la tierra en mis vísceras», admite el barítono, que dice que la provincia «lo es todo» para él. Aunque cante en sitios grandes y con pompa a miles y miles de kilómetros. Siempre hay que volver a Pinilla. Y a los paseos por el Duero. Y a los rincones de las comarcas. Y a los amigos. Y a los víveres que aquí saben mejor.
Se dice «chovinista» Santana, pero sin rubor. Como tampoco lo tiene la vicepresidenta primera en funciones de la Junta, que el lunes será vicepresidenta segunda con todas las de la ley. El anuncio oficial se produjo con ella en Moraleja. Es Isabel Blanco, claro, que sube para elogiar al barítono. Pero también al presidente provincial, «el insistente e infinito» Javier Faúndez, y a los premiados. Incluso, promete aprender de galgos.
Luego, la vicepresidenta retoma el tono más institucional para subrayar la apuesta por el territorio, por el turismo, por el patrimonio o por el desarrollo a través de los planes que tiene en marcha la Junta: Tierra de Campos, La Raya, Benavente, el polígono de Monfarracinos o el Hub de la Aldehuela. «Hay que seguir creyendo en el futuro de Zamora», remacha Blanco.
El discurso de Faúndez abrocha el acto en Moraleja antes de la comida y la fiesta. Algunos se irán temprano para llevar su zamoranismo al Ruta de la Plata. Pero antes de que cada cual haga lo que quiera queda escuchar a la banda y a Santana con el Bolero de Algodre. Por muchas veces que suene no deja de emocionar a quien se siente de este lugar y a quien, como la madre del barítono, se decía compatriota de las familias a las que veía a bordo de un coche con matrícula de Zamora.





