Moraleja del Vino, veinte de septiembre de mil novecientos setenta y nueve. Diligencia: El presente libro destinado a registro de los socios de la cooperativa «Bajo Duero» consta de cien folios útiles, sellados por el Juzgado de Paz.
Este texto, escrito a mano, es el primer documento oficial registrado en el que aparecen los nombres de las 318 personas que fundaron Cobadu. Aquel proyecto cooperativista, que ahora factura más de 500 millones de euros al año, nació entonces, echó a andar en los primeros ochenta y ahora es la empresa más grande de la provincia. El proyecto incipiente de unos agricultores que se unieron en beneficio común es ahora un gigante.
Esa nueva realidad exige mirar hacia delante para sostener el proyecto, pero reconocer el pasado es, a veces, un ejercicio de justicia. Y eso ha hecho este jueves la cooperativa, en el día de su asamblea general celebrada en unas dependencias modernas construidas frente a la fábrica de toda la vida. Allí, en el hall previo al salón de actos, se ha descubierto una placa con el texto que encabeza este reportaje y con el nombre de los 318 que empezaron con Cobadu.

Uno de ellos es hoy aún su director general, Rafael Sánchez Olea, que ha recibido un doble reconocimiento: el mismo que sus compañeros fundadores con la placa y el de dar nombre al nuevo salón de actos. Resultaba difícil imaginar todo lo que estaba por venir cuando este hombre se convirtió en el socio número 56 de Cobadu. «Antes que nada soy agricultor y ganadero», ha recordado el responsable del proyecto, también veterinario de profesión. Luego, todo lo demás.
En ese marco de reconocimientos, Sánchez Olea ha querido hacer un viaje al pasado para recordar que, en el tiempo de la fundación, los socios procedían fundamentalmente de La Guareña y de la Tierra del Vino. La división entre los de la zona más al norte y los del sur, que eran mayoría, provocó una disputa sobre la idoneidad de ubicar la fábrica en Fuentesaúco o más cerca de Zamora, y la primera opción partía como favorita.
Sin embargo, según ha relatado Sánchez Olea, hubo un hombre que influyó decisivamente en la determinación final de construir la fábrica entre Zamora y Moraleja del Vino. Su nombre, Víctor Torres, un funcionario del servicio de extensión agraria que se empeñó en convencer a los socios de la pertinencia de escoger la ubicación más próxima a la capital, pero «en una zona en medio del campo».

«No estamos cerca de ninguna población que interfiera en nuestra actividad, y hemos podido ir añadiendo parcelas hasta juntar más de 50 hectáreas», ha destacado Sánchez Olea, que ha remarcado que la actual autovía Ruta de la Plata tiene el acceso a un paso y que eso «facilita todo el tema de transporte y de logística».
«Y estamos a 50 kilómetros de Portugal», ha indicado igualmente el director general de Cobadu, que ha constatado que, sin la decisión de instalarse aquí, la cooperativa «no habría tenido el desarrollo que tiene hoy en día». «Con lo cual, después de esa fuerte discusión que hubo inicialmente, los socios de Fuentesauco fueron generosos y accedieron a que se instalara aquí, pero con una condición: que todos los socios trabajaran con los mismos precios, independientemente de la distancia». Así fue y, en parte por eso, los 318 son ahora 11.500.
