La tarde del viernes es de vísperas en Arcenillas, pero la gente aguarda con calma. De hecho, en el rato del café, un grupo de jóvenes gasta el tiempo en la terraza del bar en un estado de aparente despreocupación, sin que nadie más asome por las calles. Solo unos minutos después aparecen dos mujeres rumbo al Ayuntamiento. Para ellas, el día es de preparativos. Sus nombres son Jenifer Fernández y Elena García, alcaldesa y concejala, y lo que tienen entre manos se llama «Ni fu ni fa». Bueno, para ser más precisos, lo que sujetan son los cartones del bingo musical de esta romería interpueblos difícil de catalogar.
¿Cómo etiquetaría usted un evento donde se juntan una charanga, un coro de voces LGTBIQ+, una pulpeira, una discomóvil, algo de folklore, una DJ marroquí y Pumuky Circo Chisme? Elena García responde con una palabra: «diverso». «La intención de esto es que conviva gente que en otros sitios nunca se juntaría», apunta la concejala. La diversión también se puede compartir desde las diferencias.
Con esa idea nació la romería en 2024 y con esa esencia camina en su tercera edición. El propio Ayuntamiento organiza un evento que tuvo detractores – o más bien comentarios con mala idea – en sus inicios, pero que ahora se ha asentado como una fiesta más de un pueblo pujante y con juventud e infancia por encima de la media. «Ni fu ni fa» se celebra otra vez este sábado, desde las 12.30 con la apertura del mercado hasta el cierre de madrugada.
«A este pueblo, la gente había mencionado la posibilidad de traer una pulpeira. Y nosotras queríamos traer al coro LGTBQ+ de Madrid. Hacer eso último de repente era como un poco brusco, así que mezclamos las cosas», aclara Elena García. Y aprovecharon e hicieron un mercado. Y aprovecharon y llamaron a Rotato. Y ahora aprovechan y tienen más música. Y un stand para tatuarse. «Fuimos aumentando, aumentando…», admite la concejala, que se centra en el tema del coro para explicar que, esa actuación en solitario, era complicada de vender en un pueblo así. Con el aderezo del resto del programa ha entrado de lleno.
«El primer año estábamos un poco asustadas, pero el resultado ha sido estupendo. Eran las señoras mayores las que nos pedían que volviera el coro», asegura Elena García, que concede que «hay cosas diferentes» a las de otras fiestas de los pueblos, «sin ser ni mejores ni peores», pero que insiste en la buena aceptación. «También es una vía para que la gente conozca Arcenillas», estima la concejala, que recalca que todo va ajustado para montar la romería con un gasto contenido. No hay que perder de vista el presupuesto que exigen las fiestas de agosto.
Por eso, propuestas como el bingo musical, de carácter popular, se imponen en una cita que apuesta por lo participativo, «por englobar un montón de cosas» y por integrar «las distintas formas de vivir» en un mismo espacio del centro de un pueblo chiquitín en el alfoz de Zamora. «Lo que hace falta es mostrarse y que haya visibilidad de absolutamente todo», defiende la concejala, que aboga por «entender otras realidades» que están ahí, a la vuelta de la esquina.

El alojamiento
Ahí, la presencia del coro de Madrid destaca, claro, y a todo eso de la diversidad contribuye el hecho de que sus 30 componentes vayan a dormir en una residencia del centro de Zamora que pertenece a las Misioneras Cruzadas de la Iglesia. Con naturalidad. Tiene todo el sentido dentro del evento.
Al bajar para la foto, las dos mujeres muestran algunos de los cartones del bingo musical, una actividad inclusiva de por sí. Cualquiera, tenga los gustos que tenga, puede venirse arriba con Camela.
