En una ciudad con monumentos tan reseñados como la Catedral, es a veces complicado dar cabida a todo el patrimonio existente. Aunque este sea mucho y muy rico. Lo saben bien en León, ciudad en la que durante los últimos años se ha realizado una intensa labor en recuperar, por un lado, y poner en valor, por otro, la muralla de la ciudad. Un monumento «casi olvidado» que ahora forma parte obligatoria de la visita que se tenga que realizar a la ciudad y que viene a sumar un nuevo e importante atractivo turístico a tener muy en cuenta.
Victorino García Marcos es el arqueólogo municipal del Ayuntamiento de León y uno de los responsables de las actuaciones que durante los últimos años se han llevado a cabo en el entorno. Unas actuaciones que hay que entender desde la historia, remarca el experto, un apasionado de la muralla de León. Y es que una de las primeras curiosidades que hay que saber es que, cuando se habla de la muralla de León, se habla en realidad de dos construcciones distintas. Primero, la tardorromana, que es una construcción de finales del siglo III y principios del IV, que sigue el trazado de la más antigua, la de finales del siglo I, la construida por la Legión VII durante su estancia en la zona. Y después hay que hablar de la muralla medieval, la que se ve, la que más luce y la que se encarga de defender la ciudad, construida en los siglos XIII y XIV. «Son dos murallas distintas, ambas con amplio valor, y juntas constituyen uno de los conjuntos defensivos urbanos de más valor de toda la Península Ibérica», remarca García Marcos. Cada una, evidente, con sus condicionantes, como por ejemplo los «cubos» de la construcción romana (construcciones semicirculares que van jalonando el recorrido y que se hacen visibles en muchos lugares, como la avenida de los Cubos que lleva su nombre).

El valor patrimonial es evidente, pero faltaba una cuestión fundamental: poner en valor el monumento. Por eso hay que destacar las actuaciones que se han hecho a lo largo de los últimos años y que han conseguido que ahora la zona luzca como luce. «León ha estado de alguna manera de espaldas a su muralla, algo que sucede en muchas ciudades. Sin embargo, la muralla ha marcado prácticamente todo el desarrollo urbanístico de la ciudad desde finales del siglo I hasta prácticamente la actualidad». Consecuencia de esta cuestión la muralla ha sufrido históricamente destrucciones e incluso «depredaciones» por parte de amigos de lo ajeno que ahora se han limitado o prácticamente eliminado, una buena noticia para la ciudad. «Los habitantes de León y los que nos visitan nos dimos cuenta hace años de la importancia patrimonial de la muralla y de su relevancia turística, y por ello han aumentado de forma importante las inversiones realizadas en la zona durante los últimos años, que se han traducido en una buena rehabilitación, en una buena restauración y en un trabajo destacable de puesta en valor y difusión» de la importancia del monumento. Un ejemplo claro hay que buscarlo cerca de la llamada Puerta del Castillo, donde un solar antaño cerrado y prácticamente abandonado se ha convertido ahora en un espacio urbano agradable, de paso entre distintas zonas, donde la muralla luce en todo su esplendor y donde se ha habilitado un buen área de esparcimiento. Algo a celebrar, destaca el arqueólogo.
Pero las actuaciones han ido más allá y, aunque han tenido como centro la muralla, algunas no han tenido ni que intervenir en el lienzo del monumento para ponerlo en valor. El mayor ejemplo hay que buscarlo hace cinco años. Después de «toda la vida» circulando con sus vehículos por la calle de Carreras y por la avenida de Los Cubos, el tráfico se prohibió en la zona. «Los coches pasaban casi al ras de la muralla», recuerda ahora García Marcos, que además de experto en la materia es vecino de la zona. «El estado en el que se encontraba la muralla iba camino de convertirse en penoso y la zona era además un peligro para los peatones», que no tenían espacio para caminar cuando pasaban los coches. «El primer objetivo era liberar la zona de tráfico para después trabajar en la muralla y hacerla más atractiva», remarcan las mismas fuentes. Se consiguió y, algo raro en estas cuestiones de peatonalización, sin oposición vecinal. «Todos entendimos que esto era lo correcto», celebra el arqueólogo.

Cerrada la zona al tráfico, ha sido tomada por los peatones. El paseo por el exterior de la muralla entre la Puerta del Castillo y la Catedral es ahora tranquilo, agradable. Se ha puesto en valor el recinto y se ha dado a la ciudad una bonita zona peatonal que aprovechan los vecinos y los turistas. «Se ha conseguido algo que parecía impensable con solo dar espacio a los peatones», celebran desde el Ayuntamiento. Después comenzaron los trabajos, que arrancaron por la demolición del pavimento para sustituirlo por otro más acorde a los peatones. En el caso de la calle Carreras se ideó un sistema que permite presenciar las «huellas» de los cubos y se ha recreado el área que ocupaban otros. Se peatonalizaron, indica el Ayuntamiento, casi cinco mil metros cuadrados, se cambió la iluminación urbana y se dio un recorrido homogéneo a toda la muralla donde el monumento lo permite. Las actuaciones continúan hoy, pues se siguen expropiando edificaciones adosadas para observar el paño en todo su esplendor. «La nueva configuración de la calle y su tratamiento más acorde con el entorno de un BIC, como es la muralla de León, ha contribuido a proteger el monumento», resumen desde el Ayuntamiento.
El objetivo de las actuaciones es doble. Por un lado, León se vuelve hacia su historia, hacia el legado de las Legiones Romanas que dan nombre a la ciudad. Por otro, en un entorno turístico con cada vez más opciones, la ciudad busca ampliar sus atractivos y «quitarse el corsé» para ofrecer alternativas a unos visitantes que cada vez más reclaman zonas tranquilas y un patrimonio puesto en valor. El camino, no hay duda, «es el correcto», corroboran los expertos.

Este contenido es un reportaje patrocinado por el Ayuntamiento de León

