A finales de los años 70, Zamora peleaba por asomar la cabeza en la incipiente democracia. Con la dictadura en el pasado, los nuevos tiempos abrían oportunidades para que la ciudad y la provincia se beneficiaran también de la construcción de una España diferente. En ese contexto, el posible aterrizaje de uno de los centros asociados de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) era un objetivo a perseguir para dotar al territorio de una institución formativa superior. La UNED había nacido ya en el tardofranquismo (1972), pero fue en aquellos tiempos de los Gobiernos de Adolfo Suárez cuando Zamora empezó a pelear seriamente la batalla de contar con una sede.
En aquellos años, los parlamentarios nacionales por la circunscripción de Zamora – gente como Luis Rodríguez San León – comenzaron a reclamar directamente la creación del centro asociado en la provincia desde una lógica clara: la UNED extendía su influencia allá donde no existían universidades presenciales clásicas. «Se tendía a que estuviera cubierto todo el Estado», explica ahora el hombre que, años después, se convertiría en el primer subdirector del centro en Zamora y en el director con más años al frente de este proyecto académico, Juan Andrés Blanco.
Zamora cumplía esa condición de ciudad carente de una Universidad al uso. Ese recurso educativo se hallaba en Salamanca, pero aquí había espacio para la UNED. «Lo que ocurre es que la creación de los centros siempre tenía que contar con el apoyo de las instituciones locales y provinciales», subraya Blanco. Y a eso hubo que darle forma y ponerle voluntad. Se trataba de que todas las patas sostuvieran la candidatura. Y ni con eso bastaba. Hacía falta algún padrino que, desde dentro, «engrasara los contactos» para acabar de materializar el nacimiento del centro.
Y ahí emergió la figura de un catedrático llamado Jenaro Costas Rodríguez. «Era importante contar con un profesor de peso o de prestigio que estuviera vinculado con el territorio», advierte Blanco. Y este docente especializado en Latín y casado con una mujer toresana se encargó de hacer la labor. Ahí encajaron las piezas: con el apoyo interno de una persona relevante y con las instituciones dispuestas a poner de su parte y de su bolsillo para que el proyecto saliera adelante. Ahí estuvieron la Diputación, el Ayuntamiento, el Gobierno Civil y la antigua Caja Zamora.
Juan Andrés Blanco recuerda, en particular, el papel del presidente provincial de entonces, Luis Cid (Alianza Popular), pero también del alcalde socialista de la época, Andrés Luis Calvo, o del director general de Caja Zamora, Miguel de Unamuno. De sus manos salió el primer convenio para que la ciudad contase con una sede de la UNED. Una vez puestas esas bases, ya no había marcha atrás. Habían pasado algunos años desde las primeras intentonas, pero finalmente se iba a conseguir. Al inicio del verano de 1986, hace ahora 40 años, la Universidad Nacional de Educación a Distancia llegó a la ciudad.
A partir de ahí, en unos meses, todo tomó forma. Se creó un comité asesor y se establecieron las normas para escoger a los responsables del centro y a los primeros profesores tutores. El primer director fue Antonio López Santos, procedente de Sarracín. A su lado, como subdirector y secretario, se quedó Juan Andrés Blanco, de Otero de Bodas. Dos zamoranos de dos pueblos vecinos para impulsar el nuevo proyecto educativo. Los estudiantes de la provincia ya no se tenían que matricular en Palencia, sino en casa. En el primer curso fueron 398 alumnos.
La entonces rectora de la UNED, Elisa Pérez Vera, acudió a la apertura del curso académico cuya actividad arrancó en las dependencias de la Universidad Laboral. Fue allí donde funcionó el centro asociado durante los primeros años. Las noticias de la época hablan de un lugar provisional, con falta progresiva de espacio, habida cuenta de que rápidamente se alcanzaron las mil matrículas al año. Aun así, no fue hasta 1991 cuando el Colegio Universitario se convirtió en el hogar de la UNED en Zamora.

Juan Andrés Blanco, que se convirtió formalmente en director en el año 1989, insiste en el apoyo decidido de la Diputación de la época para consolidar el proyecto. No en vano, del presupuesto de 31 millones de pesetas del patronato original (186.000 euros), dos tercios procedían de la institución provincial. También la sede central ha sostenido durante años al centro, «incluso en los tiempos de mayor dificultad».
Ahora, Zamora mantiene 1.700 alumnos matriculados en estudios de grado o de máster. A esos estudiantes hay que sumar los del proyecto senior y los de las actividades de extensión académica. Incluso, el último director de la UNED en la provincia, Antonio Rodríguez, que cesó en el cargo hace apenas unas semanas, deslizó hace algún tiempo la necesidad de disponer de más espacios en el marco del crecimiento del proyecto, que también cuenta con aulas vinculadas en lugares como Benavente, Ciudad Rodrigo y Béjar.
«Yo creo que la UNED ha jugado un papel muy significativo en el medio rural y también en Zamora capital», remacha Juan Andrés Blanco, que defiende la «flexibilidad» a la hora de estudiar combinada con «el nivel de exigencia muy cuidado» por parte de la institución académica, que este viernes clausura un curso más con un acto en el Teatro Ramos Carrión que servirá también para conmemorar 40 años de trayectoria. Desde las primeras intentonas en los Gobiernos de Suárez hasta donde alcance.
