El calendario y el tiempo llevan el movimiento a esta aldea transfronteriza del oeste. Aunque sea martes de diario, los turistas asoman atraídos por un día resplandeciente de junio que no quema como el ardiente final de mayo. La gente pasea por Rio de Onor y Rihonor de Castilla, en una de las rayas de Sanabria con Portugal, mientras contempla el verde, el río, los puentes, las piedras y la frontera sin barreras que permite acceder a pie de un país a otro sin cambiar de calle o de paso. En este lugar, conviven españoles y lusos sin distinción, con la misma belleza en el entorno y con penas parecidas. Aunque del lado portugués son más y tienen alguna pequeña ventaja. O así lo ven sus vecinos.
En el lado español, en Rihonor, donde son doce de continuo, vive Jimena Acuña. Hace diez años que se mudó a este pueblecito en plena frontera con una familia que aporta dos muchachos a una causa demográfica bien necesitada. Aquí hace la vida esta mujer, a un paso de lo que antaño fue la tienda. Unas letras pintadas que rezan «Casa Milin» mantienen el recuerdo de un establecimiento que lleva mucho tiempo sin funcionar. Ahora, todo lo que llega es ambulante. Y de Portugal. Y cada vez menos.

Lo cuenta Jimena, que explica que ahora apenas va el frutero, que llega desde un pueblo pegado a Bragança. «Ya no sé decirte si el de los congelados viene algún día», duda la vecina. Lo que tiene claro esta mujer es que el panadero hace ya más de un mes que no acude. Y no hay más. Nadie se traslada desde España. Y tampoco se puede culpar a quien tiene el negocio. Las carreteras que conducen a Rihonor son sinuosas. Y nada está cerca. Además, el camino a Puebla, de quince kilómetros, sigue siendo una tortura a pesar de los parcheos.
En principio, eso tendría que cambiar en poco tiempo con la construcción de una nueva carretera entre la cabecera de Sanabria y Bragança, separadas ahora por 42 kilómetros y 51 minutos de viaje. Pero no hay garantías sólidas que permitan pensar que esa vía se va a ejecutar de forma inminente. Un rato antes de la estampa de los turistas en Rio de Onor en un martes de diario, la presidenta de la Cámara Municipal brigantina, Isabel Ferreira, había deslizado en un acto público que esa calzada «no parece tener el apoyo que merece» en el lado luso, donde la financiación ahora parece más alejada.

En España, sí da la sensación de que la Junta pretende ejecutar la calzada desde Puebla hasta la frontera como parte del Plan de la Raya, pero queda mucho por ver en ese proyecto. Además, cuando Portugal y Castilla y León hagan su parte, quedaría el puente internacional que implicaría, en este lado, al Gobierno nacional. Muchos condicionantes todavía para que los vecinos piensen en la carretera como una realidad. Para gente como Jimena, a Puebla van los hijos a clase y es donde están el médico y otros servicios; a Bragança toca ir a la compra y al ocio. La conexión sería un alivio importante.
Otras conexiones, las de las telecomunicaciones, tienen otro panorama. «La señal que llega de España es muy mala», apunta Jimena, que tira de la portuguesa y que contrata el servicio de internet a través de los datos con una compañía portuguesa llamada MEO. «Ninguna compañía española da el servicio. Llaman para ofrecerlo, yo les insisto en que no tienen nada, vienen los técnicos, lo comprueban y seguimos como estábamos», resume la vecina de Rihonor.

Según Jimena, a ese escenario se suman los problemas con la línea de televisión en un pueblo «muy curioso, muy bonito», que tiene mucho turismo, pero poca población fija. En el lado portugués, en invierno, «serán 35 o 40». Suficiente para que resista un bar, por ejemplo. Pero poco más. Y eso afecta a las atenciones, que van adelgazando en la misma proporción que el censo.
A medida que pasen las semanas, la aldea transfronteriza seguirá recibiendo visitantes. Un número creciente de turistas se detendrá a contemplar el verde, el río, los puentes, las piedras y la frontera sin barreras, mientras los vecinos esperan la carretera, el internet que les corresponde o que el panadero vuelva a llegar hasta este rincón en su ruta.
