– ¡Ana, dile a Dani que te cobre, por favor!
Lourdes García saca un ratito para hablar en medio del jaleo del viernes en su tienda. En todos los negocios de los pueblos de Zamora, el lío va in crescendo a partir de ahora hasta que la faena alcanza su punto álgido en agosto. Para eso queda un poco, pero ya se nota más movimiento. La mujer llama a su pareja para que atienda a la clienta y empieza a contar una historia un poco particular. Y es que no es común montar un establecimiento de alimentación en un pueblo que pasa por poco de los 200 habitantes. Pero esta mujer vio «una necesidad» con la pandemia y se lanzó. En Aliste. En Sarracín.
En realidad, lo que hizo Lourdes García hace cinco años fue añadir otra pata al negocio familiar que gestionan su pareja y ella tras el retiro de sus suegros. Aquí ya había trabajo con una planta de hormigón y con una ferretería, pero «el supermercado vino a raíz de la pandemia». Fue poco a poco. «Nosotros teníamos servicios mínimos porque trabajábamos con ayuntamientos, autónomos y demás. Ahí ya tenía una parte de droguería y pensé en ampliar», apunta la mujer. Y no solo para Sarracín, donde efectivamente «habrá 200 personas, no más», sino para abastecer a la contorna.
«Hay muchísimos pueblos por la zona y la verdad es que tenemos trabajo», constata Lourdes. La tienda está ubicada en la salida de Sarracín rumbo a Riofrío, justo enfrente de la ferretería. Allí van los vecinos a hacer compra grande, aunque los de la localidad donde se asienta el negocio tienen la ventaja de contar con el reparto a domicilio. Los de otros lugares acuden con el coche a abastecerse. No hay por qué irse a Alcañices. O a Zamora. O a Portugal. Esa es la idea.
Además, Lourdes trabaja ahora en la vía online para ampliar un poco las miras en una tienda que se ve beneficiada también por las compras que hacen los comedores sociales de la zona o el restaurante que sigue abierto en Sarracín. «Antes, te venía algún ambulante y cogías lo que había. Pero, si no podías, tenías que desplazarte, así que me vine arriba», resume esta vecina de Aliste que ya se ha convertido en una más de la comarca. Ella es de Arenas de San Pedro (Ávila), pero acumula 22 años en el pueblo.

El ejemplo del cole
«Ahora me viene gente de muchos sitios a hacer la compra semanal, quincenal o mensual. Al final es mucho trabajo», insiste Lourdes, que no se arrepiente. Es más, se enorgullece de «hacer cosas» e ir adelante con un negocio en estos pueblos «que van de mucho a poco». La responsable del negocio lo percibe con los cambios en el colegio. Cuando su hijo mayor, que ahora tiene 25 años, empezó en la escuela había 23 niños en las aulas del pueblo. Ahora son nueve. Y menos mal que un par de familias llegadas de Perú y de Colombia suman tres muchachos. Si no, empezaría a rondarse el límite.
Lourdes asume que eso es así antes de ir a cobrar a los clientes que van llegando a la tienda. El último le advierte que quiere tornillos, así que la tendera cambia de establecimiento y camina unos pocos metros hasta la ferretería. «Ahora estoy yo sola, pero en verano necesito gente», concede la mujer, antes de señalar que, cuando pasa el estío y vienen las vacas flacas, toca reinventarse. «Por ejemplo, para los Santos, preparo más de 200 centros florales», aclara. Todo negocio hay que empujarlo.
