La jueza de lo Penal ha condenado a dos años y medio de cárcel a Pedro Gago, el pastor de Roales del Pan dueño de los perros que mataron a Arancha Corcero el 23 de octubre del año 2023 en un camino entre Roales y La Hiniesta. La sentencia considera al dueño de los perros como autor criminalmente responsable de la muerte de la joven enfermera de 27 años y sobre él pesa ya la pena de autor de un delito de homicidio por imprudencia grave. Con todo, existe el atenuante, defendido durante el juicio por el abogado de la defensa, de dilaciones indebidas durante el proceso, lo que rebaja la pena a dos años y medio. La acusación pedía cuatro años de cárcel y consigue que se aplique la pena propuesta, rebajada por las dilaciones en el proceso. La pena impuesta se adapta a lo solicitado por la Fiscalía. El pastor estuvo ya en la cárcel durante unas semanas en invierno de 2024, tiempo que habrá que restar a la condena.
La sentencia considera probado que el pastor tenía a los perros en un estado de aislamiento, sin contacto con otras personas ajenas a él, sueltos por fuera del cercado donde se encontraban las ovejas, sin seguro y sin comida de sobra. Según relata La Opinión de Zamora, la sentencia asegura que la causa de la muerte fue un shock traumático-hemorrágico consecuencia directa de las múltiples heridas por la mordedura de los perros que atacaron a la joven, que esa tarde paseaba por la zona.
La sentencia tiene en cuenta los testimonios emitidos en la vista oral, celebrada la semana pasada. Especialmente los de los guardias civiles que llegaron en primer lugar a la zona de los hechos, que relataron que se encontraron a varios perros, en cualquier caso más de cinco, sueltos, sin custodia de su titular y en actitud muy agresiva, tirándose al coche y dificultando la labor. Alrededor del cuerpo de Arancha se tuvo que establecer un cordón de seguridad para que los cánidos se alejaran de la zona.
Se valora igualmente el informe pericial que ha servido para constatar que los perros «no estaban socializados» y que eran agresivos. «Había advertencias de otros vecinos que dejaban claro que esos perros eran peligrosos», aseguró la perito en el juicio, donde añadió que los animales «presentaban conductas de miedo» que «derivan en agresividad» si una persona se mete en su territorio. «Esos perros no deberían estar sueltos. Mostraban actitud de miedo que deriva en agresividad», insistió la perito, dando a entender que la falta de socialización de los perros (el propio acusado aseguró en su día que solo habían tratado con él a lo largo de su vida) pudo acrecentar su carácter agresivo, algo que la sentencia considera ahora probado.
La jueza llama la atención de la expresión escuchada por un agente de seguridad que pronunció el hermano del acusado, que le dijo al pastor que ya le había dicho que esto podía pasar. El hermano fue el primero en llegar al lugar, a las siete y diez de la tarde, muchos minutos después del ataque. A las 19.25 apareció Pedro Gago, que aseguró que no tenía por qué hacerlo cuando los agentes le pidieron que recogiera a los perros. A la reiteración sí obedeció, metiendo en la caravana, que se encontraba en estado de semiabandono, a dos de ellos. Al resto los ató. Los perros fueron puestos a recaudo en un local del Ayuntamiento de La Hiniesta. Para alimentarlos el pastor tuvo que ir a comprar pienso, lo que profundiza en la idea de que no estaban bien nutridos.
En la zona aparecieron diversas prendas de ropa de las que portaba Arancha en aquella tarde, relata la sentencia según refiere La Opinión, manchadas todas de sangre, lo que evidencia según la sentencia que los perros posiblemente la arrastraron por la zona hasta dejarla al fin en la cuneta en la que se la encontró su madre, que fue la primera persona en llegar al lugar de los hechos y que tuvo que defenderse de los perros, violentos, mientras resguardaba el cuerpo ya sin vida de su hija. Después llegó el padre y, tras él, los agentes de la Guardia Civil.
