La gente se resguarda en Nuez de Aliste a la hora de la siesta. Es lo mejor si uno quiere evitar achicharrarse en este último viernes de mayo. Apenas pasan dos o tres vecinos que tienen algún quehacer en esta localidad situada al pie de Portugal. El pueblo, un anejo de Trabazos, ha perdido un 25% de su población en lo que va de siglo XXI. Eran 374 cuando empezó la centuria y son 285 ahora. Aún se sostiene el lugar, pero no evita el tambaleo. Y tiene problemas que hace unos decenios – y mucho menos – parecían impensables.
Lo cuenta Alberto Fernández, el presidente de la asociación cultural Fuente Grande y uno de los vecinos que padecen la realidad del pueblo «desde que pasó Semana Santa»: no hay bar. El joven que tenía el negocio lo cerró. Ya se sabía, pero nadie lo cogió. No es que el establecimiento fuese una ruina, según el responsable del colectivo, pero a quien lo regentaba le salió otra oportunidad que le cuadraba más. El caso es que Nuez lleva semanas sin punto de reunión, algo anómalo en un pueblo que todavía tiene carrete.
«Llevaremos ya mes y medio así y, de momento, no hemos sabido nada concreto», lamenta Fernández con la información de la que dispone en esa tarde del viernes. El presidente de la asociación es consciente de que hay algunos movimientos para abrir durante el verano por lo menos, «pero no hay nada fijo todavía». En lo meses del estío, por aquí hay mínimo 500 personas y más juventud, así que la perspectiva es que alguien lo aproveche. Pero también el invierno resulta importante.
«Es el sitio donde se junta la gente, el lugar de encuentro. Realmente, ahora pasamos más tiempo sin vernos», lamenta Alberto Fernández. La gente que puede se va a Trabazos, a poco más de un paso, pero ni todo el mundo tiene la posibilidad ni es la opción ideal. No es comparable, por ejemplo, con las salidas habituales de misa para plantarse en veinte segundos andando en lo que era el bar La Moral, en la plaza homónima.
Allí o en otros puntos del pueblo donde ha habido negocio hostelero, porque ya haberse quedado con uno solo se trataba de una rareza para Nuez, que hace como un par de años perdió también la tienda. Otro golpe. Quedan la panadería y la carnicería, que venden algún producto de primera necesidad, pero la compra como tal ahora hay que hacerla fuera o esperar al ambulante. Lo que lamenta gente como el presidente de la asociación Fuente Grande es que estos movimientos suelen ser unidireccionales: los servicios se pierden y cuesta mucho recuperarlos.

Pero con lo del bar hay idea de reaccionar. De hecho, si nadie quiere cogerlo como negocio, Fernández asegura que intentarán abrir el local del pueblo «aunque sea los fines de semana». El espacio se ubica en la misma plaza que el bar, así que las rutinas de la gente cambiarían poco. Desde el Ayuntamiento de Trabazos, también apuntan a la posibilidad de habilitar ese recinto si la iniciativa privada no acabase de fructificar.
«Aquí sí da para un bar», insiste Alberto Fernández, que repite esa idea tan habitual en los lugares que se ven en la situación que ahora tiene Nuez: «Sin un sitio donde reunirse, los pueblos se mueren». A la espera de una solución, la vecindad tendrá que mantener «la moral» a la que invita el nombre de la plaza. Quizá, pronto, este reportaje solo sea el recuerdo de un paréntesis que la localidad alistana supo cerrar.
