A Ángel Galarza Gago el golpe de Estado de 1936 le sorprendió en Zamora. No puede decirse que pasara mucho tiempo por aquí según las crónicas de la época, pero lo cierto es que sí tenía influencias en la ciudad. Normal, habida cuenta de que en ese momento era diputado por esta circunscripción. En esos primeros instantes tras el golpe, momentos de confusión, Galarza logró cruzar la frontera a Portugal y refugiarse en la Embajada de España en Lisboa. Desde ahí viajó a Francia y posteriormente a Barcelona. Su relación política con Zamora acabó ahí, aunque su huella en la historia es importante y justifica la elección de su nombre en una calle de la ciudad.

La vida de Galarza Gago no está muy documentada y ofrece tantas sombras como luces. Nació en Madrid el 4 de noviembre de 1892. Estudió Derecho y se afilió a la Agrupación Socialista en 1919, de la que se separó en 1921 siguiendo a los comunistas. Ya entonces trabajaba en «El Sol» y «La Voz». En 1929 fue detenido por participar en movimientos contra Primo de Rivera y fundó poco después el Partido Republicano Radical Socialista. Volvió por la cárcel y fue presentado como concejal por Zamora en las elecciones del 12 de abril de 1931, las que se celebraron antes de la declaración de la II República. Es diputado, también por Zamora, en 1936 y desde aquí inicia su exilio. En Barcelona, donde llegó después, permaneció hasta que se hizo cargo del Ministerio de Gobernación en los dos gabinetes presididos por Francisco Largo Caballero desde septiembre de 1936 a mayo de 1937. Él era el Ministro de Gobernación en el momento de la matanza de Paracuellos. Su nombre siempre ha aparecido en las crónicas ligado al asesinato de Calvo Sotelo, aunque su implicación en los hechos es una incógnita. «Pensando en su señoría encuentro justificado, incluso, el atentado personal», le dijo Galarza Gago a Calvo Sotelo, en el Congreso de los Diputados, trece días antes de su asesinato. Sus palabras fueron borradas del diario de sesiones, pero la prensa las reprodujo.

Durante la II República, Galarza Gago fue un político muy duro, duro incluso para la época. Fue Fiscal General, fue director general de Seguridad y fue el creador de la Guardia de Asalto. Fue expulsado del Partido Republicano Radical Socialista que fundó por pedir la alianza con el PSOE, en el que se integró en 1933. Su acta de diputado en 1936 por Zamora fue con los socialistas.
Como ministro de Gobernación, se apunta de él, alentó las sacas de la cárcel. Fruto de ellas fueron fusilados muchos afines al bando rebelde, entre ellos zamoranos. La figura de Ángel Galarza es fundamental en el libro «Es tan fuerte la noticia», de María Castro, donde se constata que el diputado fue el que ordenó que Luis Calamita, director del Heraldo de Zamora y presente en Madrid el día del golpe, fuese arrestado, trasladado en octubre del 36 a la cárcel Modelo y ejecutado, en noviembre de ese mismo año, en el mismo muro de ladrillo de la prisión. Quién mató a Calamita directamente es un misterio (por el crimen pagó Vicente Rueda, otro zamorano), pero la orden se recibió de manos de Galarza. Una de las causas de la inquina apunta a que ambos, Calamita y Galarza, pretendían a la misma mujer, que se decantó por el primero ante la rabia del segundo.
En Zamora, en los años 30, Galarza puso en marcha dos periódicos, La Mañana y La Tarde (el primero portavoz de la izquierda republicana y el segundo de la izquierda obrera) y fue además asesor jurídico de la Casa del Pueblo. Ocupó el cargo de subsecretario de Comunicaciones.

Se exilió en México, donde fue expulsado del PSOE en 1946 al no incorporarse a la AS Española de México creada por mandato de la Comisión Ejecutiva del PSOE del interior para unificar los distintos grupos socialistas que existían en esos momentos en México, exiliados por la represión de Franco. Ese mismo año se trasladó a Francia, estableciéndose en París, donde fue director del periódico republicano Política y donde falleció el 25 de julio de 1966. Fue readmitido honoríficamente en el PSOE a título póstumo por su XXXVII Congreso celebrado en julio de 2008, a propuesta de la Federación de Canarias que solicitó la rehabilitación de Juan Negrín y todos los expulsados en 1946.
